Left and Right

Capítulo 28

—¿Estás bien?

Isabella me mira de golpe, sujetando el borde del bote con rigidez. Sonríe, pero creo que en realidad finge no tener miedo a morir ahogada.

Esto no está saliendo como lo planeé.

Se suponía que sería un paseo tranquilo frente a la puesta de sol para admirar el paisaje y conversar de manera amena, pero cada vez que el bote se ladea, Isabella suelta un grito de terror agudo que me tensa los músculos. En realidad, no es un lago tan profundo, pero la sensación de que nos volcaremos en cualquier momento es palpable.

—Me mareé un poquito —Junta los dedos índice y pulgar, dejando apenas un espacio entre ambos—. Es que nunca me había subido a un bote.

—Yo tampoco —confieso y me mira sin poderlo creer. Tal vez debí mencionar antes—. Pero se supone que esto es muy seguro.

—Muy seguro —Vuele a sostener los bordes del bote con fuerza, aferrándose a ellos como si de eso dependiera su vida—. ¿Por qué siento que nos vamos a volcar cuando menos lo esperemos?

—Tranquila, tengo todo bajo control.

—Eso ni tú te lo crees.

Me echo a reír, pero no dejo de remar. Isabella no relaja su cuerpo hasta que el bote se estabiliza. Ahora que nos encontramos cerca del puente —justo en el medio de las aguas— el peligro aminora y me doy cuenta de que se ha tranquilizado.

—La belleza del pueblo en pleno ocaso es una barbaridad —Menciona, observando todo lo que nos rodea—. ¡Mira, los árboles reverdecieron gracias a las lluvias primaverales!

Isabella busca su celular dentro del bolso que cuelga de su hombro y, cuando lo encuentra, enfoca de inmediato los mejores spots. Luce como en aquellos días lluviosos en el patio del colegio, sus ojos le brillan cual estrellas en el firmamento mientras captura los alrededores.

Sonrío. Creo que nunca conoceré a alguien que ame tanto la naturaleza como ella.

—¿Qué pasa? —Por un momento parece quedarse en blanco. Parpadea, intentando descifrar por qué la estoy contemplando.

Acomoda un mechón delgado de cabello detrás de su oreja y una pequeña sonrisa se le dibuja en los labios. Su rostro adopta un gesto de confusión.

Aparto mi mirada y la centro al frente del camino.

—¿A qué te refieres?

—¿Por qué me miras así?

—No lo sé —Aclaro mi garganta para hacer tiempo y responder lo que pienso sin que la voz me falle—. Tus ojos brillan cada vez que observas el paisaje. Es muy bonito.

La sonrisa se Isabella se ensancha más. Baja el celular y lo pone sobre su regazo, su mirada sigue fija en la mía.

—Lo siento —digo solo porque temo haberla incomodado.

—No, está bien —Me toma de la muñeca con sus dedos, como intentando infundir aliento—. Es un lindo cumplido.

Suelto un bufido.

—Debes recibir mejores que ese todo el tiempo.

—¿Mejores cumplidos? —Chasquea la lengua como quien llama a un animalito del bosque—. Pero tú eres Noah Yoon, el nuevo basquetbolista estrella. Las chicas están locas por ti. Incluso una de tus tantas admiradoras te dedicó una canción en el show de talentos del festival de otoño ¿recuerdas?

—Ya era basquetbolista antes de que Kai se metiera con mi apariencia —aclaro ahogando una carcajada—. Y esa chica solo estaba presentando un número.

—¡Por favor! Tus amigos vitoreaban a tu alrededor como abejas muy molestas mientras ella te señalaba desde el escenario.

Enarco mi ceja izquierda.

—¿Estuviste observándome todo ese rato?

—¡Claro! Me senté a unos cuantos asientos de distancia. Y esa niña fue muy evidente —Isabella golpea mi brazo con su puño—. A mí nadie me ha cantado en público. Jamás.

—Y aun así eres toda una sensación entre los chicos.

—¿A qué viene ese comentario? —Enarca su ceja derecha.

Niego con la cabeza mientras sigo impulsando nuestro bote. Me pesan mucho los brazos, creo que el basquetbol no ayuda para soportar este esfuerzo.

—Bueno, no puedo negar que me hervía un poquito la sangre cuando otros chicos se te acercaban con tanta familiaridad.

—Y a mí cuando me empecé a dar cuenta de la atención que te daban esas niñas de grados menores —confiesa mirando por detrás de mí—. Creo que eso fue lo que me impulsó a hablarte en primer lugar.

—No me querías ver con alguien más.

—Algo así —Se pasa la mano por la nuca—. Suena horrible y egoísta.

—Si te hace sentir mejor… yo tampoco quería verte con alguien más.

Me mira durante unos segundos y se le escapa una risita nerviosa.

—Entonces, Estudios Literarios —Cambia tan rápido el tema de conversación, que me toma un momento procesarlo—. Suena muy…

—¿Aburrido?

—¡No, no! —Mantiene su mirada fija en mí y su semblante adopta un gesto de desaprobación. Suelta un suspiro y niega con la cabeza—. ¡Ya basta! Créeme que nada de lo que tenga que ver contigo es aburrido.

—Lo siento —Le enseño mi hilera de dientes en una sonrisa—. Continúa.

—Me parece curioso eso de elegir una carrera que te mantiene constantemente pegado a los libros.

—El trabajo de mis sueños.

Isabella se echa a reír.

—Tienes que cuidar tu vista, entonces. Leer tanto te la acabará por completo.

—Haré uso de mis métodos secretos —Me encojo hombros—. En realidad, eso es lo que menos me preocupa.

Isabella no responde nada, pero me presta total atención. De inmediato me arrepiento de haber abierto la boca. Tal vez no es el momento adecuado. Sin embargo, ella parece esperar a que termine la idea.

—Iré a estudiar la universidad al extranjero.

—¿Qué?

—Fue idea de mis padres —confieso—. Dijeron que, si realmente quiero profesionalizarme, debo ir al lugar perfecto para lograrlo. La cuna de la literatura, algo así lo llamaron.

Isabella tiene la mirada perdida en el lago mientras me escucha. Supongo que muchas cosas deben pasar por su cabeza en este momento. Asiente varias veces hasta que termino de hablar. Voltea a verme y sonríe.

—Entonces eso debes hacer.




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