HACE 20 AÑOS.
31 DE OCTUBRE.
11:03 PM.
Elizabeth Rossie.
En un mundo oculto a los ojos de los humanos, existen los hechiceros; humanos, claro que sí, pero únicos entre todos, seres capaces de contener de en sus cuerpos algo conocido como «energía maldita», una fuerza capaz de ser controlada, moldeada y convertida en poder. Dentro de este universo existe el Reino Arcano, el lugar donde nace toda la energía maldita y el centro absoluto de la hechicería. Un territorio oculto del resto del mundo, protegido por símbolos arcanos imposibles de atravesar para cualquier humano común. El Reino Arcano es gobernado por cuatro personas, conocidos como los Cuatro Pilares de la Hechicería, los hechiceros más poderosos de toda la historia. El primero de ellos es Orion, el hermano mayor y líder entre los cuatro, reconocido por su juicio inquebrantable y su capacidad para mantener el equilibrio dentro y fuera del Reino Arcano. Le sigue Lazarus, poseedor de una sabiduría incomparable y guardián de los conocimientos más antiguos de la hechicería. Después se encuentra Darios, célebre por su fuerza devastadora y considerado uno de los combatientes más temibles de la historia. Finalmente está Enora, la única mujer entre los Pilares, cuya autoridad es absoluta y cuyo dominio sobre la energía maldita le ha permitido ganarse el respeto e incluso el temor de innumerables hechiceros.
Los hechiceros se agrupan en clanes, linajes ancestrales forjados a través del poder, la sangre y, sobre todo, del legado. Familias que han transmitido sus técnicas, conocimientos y tradiciones de generación en generación, preservando durante siglos la esencia de su propia identidad. Entre todos los clanes existentes, tres destacan por encima del resto.
Tercero, el Clan Shadow. Conocidos como los maestros de la ilusión, han perfeccionado durante generaciones un arte capaz de convertir la mentira en realidad. Sus técnicas les permiten crear espejismos tan convincentes que incluso los hechiceros más experimentados son incapaces de distinguir lo verdadero de lo falso. Silenciosos, disciplinados y letales, han construido su reputación sobre el engaño y la precisión, convirtiéndose en uno de los clanes más peligrosos de toda la hechicería. Cada miembro de este clan nace con una marca conocida como la Marca de la Protección, símbolo de su linaje, fortaleza y lealtad. Curiosamente, durante siglos, todos los nacidos dentro de la familia Shadow han sido varones… hasta hoy.
Segundo, el Clan Lotus. Son reconocidos por una particularidad única: su sangre desprende un delicado e inconfundible aroma a flor de loto, perceptible por cualquier hechicero incluso a grandes distancias. Sin embargo, aquello es solo una pequeña parte de lo que los hace extraordinarios. Los Lotus poseen la capacidad de dominar los cuatro elementos fundamentales —agua, fuego, tierra y aire— pudiendo invocarlos y manipularlos a voluntad. Además, su sangre alberga un poder curativo excepcional, capaz de reconstruir aquello que el dolor, la enfermedad o la destrucción intentan arrebatar. Por ello, son considerados uno de los linajes más valiosos de toda la hechicería.
Primero, el Clan Ackerman. Considerados la fuerza más temible entre los clanes, dominan la manipulación de energía oscura, una manifestación ancestral capaz de adoptar innumerables formas. Desde el nacimiento, cada Ackerman se encuentra ligado a una sombra propia, una extensión de sí mismo que responde únicamente a su voluntad. Juntos luchan como una sola entidad, desatando un poder destructivo capaz de arrasar con sus adversarios. Por ello, dentro del Clan Ackerman, el verdadero poder no se mide por la cantidad de energía maldita que posees, sino por cuánto control eres capaz de ejercer sobre la oscuridad que habita en tu interior.
La noche se había convertido en la más oscura que el Clan Lotus hubiera presenciado. Aquel territorio, conocido también como el Reino de Gaia —el lugar donde nace y fluye la esencia de toda vida y de los cuatro elementos— permanecía envuelto bajo el resplandor plateado de la luna, cuya luz descendía suavemente sobre el valle, atravesando los enormes árboles sagrados y reflejándose sobre los ríos cristalinos que rodeaban el reino. Sin embargo, algo no estaba bien. El aire se sentía extraño, para una noche tan silenciosa, cargado con una inquietud difícil de explicar, una sensación que se arrastraba entre el viento y hacía pensar que algo inevitable estaba a punto de suceder.
Cerca de la ventana abierta, sostenía a mi hija entre mis brazos. Apenas habían pasado seis horas desde su nacimiento y, aun así, sentía que la había llevado conmigo toda una vida. Era tan pequeña que podía sostenerla con un solo brazo; tan frágil y delicada que incluso el simple movimiento de acomodarla contra mi pecho debía hacerlo con cuidado. Su cabello, suave y dorado, reflejaba exactamente el mismo tono que el de su padre, aún era demasiado pequeña para distinguir el color de sus ojos —aunque en el fondo deseaba que heredara los míos, azul zafiro, pero si terminaba teniendo los de Lain… seguiría siendo igual de hermosa— Su piel era cálida, tan pura, tan perfecta y, realmente lo era.
Levanté la vista hacia la ventana. Allá afuera estaba mi esposo conversando con algunos miembros del Clan Lotus. Gaia era el lugar donde vivíamos ahora, el Clan que ambos decidimos llamar hogar a pesar de todo lo que existía en contra de nuestra unión. Lain Shadow, descendiente directo del Clan Shadow, ambos proveníamos de mundos completamente distintos; mientras el Clan Lotus era reconocido por mantener el equilibrio y la conexión con la vida y los cuatro elementos, los Shadow crecían bajo entrenamientos estrictos, silenciosos y mucho más letales.
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Editado: 08.08.2026