Legado De Hechiceros: Reino Arcano

CAPÍTULO 5

Alek Ackerman.

Lo que más odiaba en este maldito mundo era el calor.

Y, por desgracia, hoy tenía demasiado. Estaba sudado.

Habíamos pasado todo el día recorriendo el centro de la ciudad buscando a Lilith, y al final terminábamos sin éxito. Era como si se estuviera ocultando a propósito. Cada calle, cada plaza, cada esquina que revisábamos terminaba exactamente igual. sin pistas, sin señales y sin el aroma a flor de loto. Era frustrante. El profesor no nos mostró ni una imagen, ni una miserable descripción física. Solo “el aroma a flor de loto”. Genial. Perfecto. Como si aquí no existieran mil tiendas con incienso, flores artificiales, perfumes baratos o puestos hippies vendiendo velas aromáticas.

Podía calcular que habíamos pasado dos días completos buscándola—mañana, tarde y noche—y lo único que conseguíamos era cansancio, irritación y quemarnos bajo el sol como idiotas.

Ya me estaba cansando.

Escuché a Hazel bufar por tercera vez en cinco minutos.

—Chicos… ya se está haciendo tarde —dijo asomándose por mi costado mientras yo seguía sentado en la banca del parque. A estas horas, el lugar estaba silencioso, casi vacío; solo el murmullo del viento moviendo las hojas nos acompañaba. —¿Seguimos o qué?

Exhalé, dejando caer mi cabeza hacia atrás para mirar el cielo. El azul oscuro se mezclaba con el negro, y las estrellas brillaban con una calma que no coincidía para nada con mi humor.

Desvié la mirada hacia Zayn, que estaba tomándose el resto de una botella de agua.

—Tenemos que hacer un último intento —murmuró mientras cerraba la tapa—. Al menos intentarlo por décima vez.

Solté una risa corta, cargada de ironía y desesperación.

—Hemos estado buscándola por dos días completos. Dos —me levanté de golpe, sintiendo el cansancio en los huesos—. Y no hemos encontrado absolutamente nada. Ni una pista. Ni siquiera alguien que haya escuchado el apellido Shadow.

Hazel esbozó una sonrisa torcida.

—Alek… recuerda que es un apellido que casi nadie conoce —negó con la cabeza, divertida—. A cualquiera le parecería raro.

—Ya, Hazel. —gruñí, llevándome la mano al cabello, estresado.
El silencio volvió a caer entre nosotros, pesado e incómodo. Luego solté aire otra vez.

—Bueno… ¿qué hacemos ahora?

Hazel dio un paso al frente, como si hubiera guardado la respuesta desde hace rato.

—Saben exactamente lo que deberíamos hacer.

Zayn y yo respondimos al mismo tiempo, casi sincronizados:

—¿Qué?

Hazel alzó las cejas, cruzándose de brazos con ese tono de obviedad que odiaba.

—Separarnos.

El silencio volvió, pero esta vez acompañado de nuestras expresiones de odio la idea.

Hazel rodó los ojos.

—Si chicos, deberíamos hacer eso. — volvió a decirlo— Si nos separamos, podemos encontrarla. Quizás Zayn puede ir por este lado— señala hacia un lado del parque— Y tu Alek, puedes ir del otro. Pero, debemos hacerlo, es…La única opción que nos queda.

La miré entornando los ojos durante unos segundos. No porque dudara de ella, sino porque aceptar que tenía razón siempre me costaba más de lo necesario. Y la tenía. Separarnos era lo más lógico. La ciudad era demasiado grande, demasiado viva, y nosotros tres juntos éramos visibles. Buscar por separado aumentaba las probabilidades… aunque no me gustara admitirlo.

Al final ahí estábamos. Sentados en un parque silencioso, con el polvo pegándose a los zapatos y la sensación de estar perdiendo el tiempo clavado en el pecho.

Ni rastro de la mocosa.

La frustración me tensó los hombros. Me quedé quieto unos segundos, mirando el suelo terroso, como si ahí fuera a aparecer la respuesta que no teníamos. El aire me pesó en los pulmones antes de soltarlo despacio.

—Está bien —dije al fin—. Nos dividiremos. —Mis palabras sonaron más firmes de lo que me sentía. Levanté la vista. —Pero si alguien encuentra algo, lo que sea, volvemos aquí. A medianoche.

Hazel asintió sin dudar, convencida, como si ya hubiera aceptado el riesgo desde el principio.

—Trato hecho.

Zayn se puso de pie y se sacudió la ropa con calma, con esa actitud despreocupada que siempre adoptaba antes de una cacería, como si esto no fuera distinto a los juegos de la academia.

—Entonces que comience el juego.

Hazel sonrió apenas antes de echar a andar.

—El que la encuentre primero paga la cena de esta semana.

La observé alejarse, confiada como siempre. Zayn tomó el camino opuesto sin decir más, dejándome solo por un instante.

Me puse de pie despacio y metí las manos en los bolsillos del pantalón, más por costumbre que por necesidad. El gesto me dio algo a lo que aferrarme.
Todo esto empezaba a parecerse demasiado a un juego absurdo, como una de esas búsquedas del tesoro que nos hacían en la academia Solo que aquí el premio no era un objeto. Tenía nombre. Y ese nombre era Lilith.




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