Lilith Shadow.
Día – 2.
Mi cuerpo apenas podía moverse. Las piernas me dolían, las pantorrillas ardían y el cansancio parecía haberse quedado instalado en cada músculo. Sabía que no iba a ser fácil, nunca lo fue desde que llegue ayer. Con todos los dolores encima.
Me acerqué al espejo y mis ojos fueron directo a la nota que Kaien había dejado. La tomé entre los dedos.
“Buenos días, Lilith. Supongo que amaneciste bien. Es tu segundo día. Hoy debes subir nuevamente la colina con el palo grueso que está a tu lado. Ten cuidado con las trampas. Al final te espera algo importante, lo reconocerás en seguida. Suerte.”
Rodé los ojos y dejé la nota sobre la mesa.
El uniforme estaba sucio. Manchado por el entrenamiento de ayer, por la caída, por el esfuerzo. Aun así, me lo puse. No estaba hecho para verse bien, la verdad. Tomé el palo grueso que descansaba a un lado; todavía no sabía para qué servía realmente, le había dado vueltas un montón de veces, de algo me servirá. Ojalá sea algo bueno.
Salí de la cabaña.
Fui hasta el pequeño río y me incliné para lavarme la cara. El agua era tan clara que parecía intocable. Aun así, llevé las manos hacia ella. Cerré los ojos. Incliné el cuerpo y junté las palmas, pero cuando quise llevar el agua hacia mi rostro… no había nada.
Abrí los ojos, confundida.
—¿Qué…?
Volví a intentarlo. Hundí las manos, despacio. Nada. El agua no se deslizaba entre mis dedos. Extendí la palma y, de pronto, el líquido se elevó apenas, formando una pequeña burbuja inestable.
El sobresalto me hizo caer sentada sobre el pasto.
Me quedé observándola, mi respiración era irregular y podía jurar que hasta sentí un dolor de cabeza. No entendía qué acababa de pasar. Me acerqué lentamente con cautela y estiré la mano, acercando el dedo índice a la burbuja que aún estaba frente mío. Antes de tocarla, el agua se deshizo, escurriéndose de inmediato hacia el río, como si nunca hubiera estado ahí.
Parpadeé un par de veces.
Volví a intentar tocar el agua. Esta vez, mis dedos sí la atravesaron. El frío me recorrió la piel y el agua se acomodó sin resistirse.
Los cuatro elementos… Agua.
Claro. Eso era.
Una comprensión lenta se asentó en mi pecho. No era un estallido de emoción, solo una certeza silenciosa. Uno de mis poderes… estaba empezando a manifestarse. Una sonrisa leve, casi involuntaria, se dibujó en mis labios mientras me lavaba el rostro. El agua resbaló por mi piel, llevándose un poco del cansancio, aunque no del todo.
Me incorporé, tomé de nuevo el palo y emprendí el camino hacia la colina. Volví a subirla, esta vez con mayor atención, midiendo cada paso, recordando las trampas del día anterior. Por pura curiosidad, pasé por el mismo lugar donde había detectado los huecos ocultos.
No había nada. Ni hojas removidas.
El suelo estaba intacto, como si nunca hubiera escondido nada bajo él. Un escalofrío me recorrió la espalda.
Y algo era cierto. Kaien controlaba este lugar.
Seguí avanzando.
A cada metro, la colina parecía volverse más empinada, más hostil. El aire cambiaba, se volvía denso, como si mis pulmones ya no pudieran llenarse del todo. Respirar empezó a costarme. Apoyé el peso del cuerpo sobre el palo, usándolo como punto de equilibrio, como si fuera una extensión de mí misma. Ahora entendía para qué servía.
No era solo carga. Era apoyo.
Intenté mantener un ritmo lento, constante, pero el cuerpo ya no respondía igual. Las piernas me ardían, los músculos protestaban, y cada paso exigía más de lo que tenía para dar.
Entonces lo escuché. Un crujido seco, demasiado cercano.
Desvié la mirada de inmediato hacia el costado, con el pulso acelerándose. El tronco de uno de los árboles comenzó a abrirse justo frente a mí, como si la madera se partiera desde dentro. De esa grieta emergieron estacas afiladas, tensándose, preparándose.
No tuve tiempo de pensar. En un parpadeo, los palos salieron disparados en mi dirección.
El instinto tomó el control. Me lancé al suelo con toda la fuerza que me quedaba, sintiendo el golpe seco contra la tierra, el aire escapándose de mis pulmones. Las estacas pasaron por encima de mí, cortando el aire con un silbido brutal.
Si me hubiera quedado de pie…
Tragué saliva, con el corazón desbocado.
Esto no era una advertencia. Esto era letal.
Apreté los dedos contra la tierra, respirando con dificultad, mucho peor con lo que estas trampas están tratando de hacer. El pecho me ardía, no solo por el esfuerzo, sino por la certeza brutal de que esas trampas no estaban diseñadas para advertir, estaban diseñadas para acabar conmigo. Me incorporé con ayuda del palo, apoyándome en él como si fuera lo único estable en ese lugar. Las piernas me temblaban, pero aun así seguí avanzando.
Tragué saliva.
Entonces ocurrió. Varios crujidos resonaron al mismo tiempo. No vino de un solo punto, sino de todos. Giré la cabeza con rapidez, primero hacia un costado, luego al frente, después detrás de mí.
#2967 en Fantasía
#7516 en Novela romántica
hechiceros romances y maldiciones, los 4 elementos, magia aventura y fantasía
Editado: 15.03.2026