Lilith Shadow.
—Y te volví a ganar.
Sentí el pequeño ardor en mi mejilla cuando el palo de madera impactó con precisión. No fue un golpe fuerte, pero sí lo suficiente para hacerme girar el rostro apenas hacia un lado. Eliette ni siquiera parecía esforzarse. Sostenía el palo con una naturalidad casi insultante, moviéndolo como si fuera parte de su propio cuerpo. A veces tenía la impresión de que combatía con los ojos cerrados; simplemente fluía, se movía con una seguridad imposible, al parecer puede anticipar cada uno de mis movimientos antes de que yo misma los decidiera.
Un pequeño hilo de sangre descendió por mi mejilla y cayó lentamente hasta mi mandíbula.
—Uy… eso no parece nada bueno.
Levanté el brazo y limpié la sangre con el dorso de la mano.
—No, no lo es.
—Con esta serían seis derrotas, osea, voy ganando y tú perdiendo. —esbozó
una sonrisa tranquila mientras acomodaba el palo detrás de su nuca—. Al parecer… el entrenamiento de estos días con Kaien no ha funcionado. Ni siquiera puedes lograr que tu energía maldita te ayude. Te lo dije desde el primer día; el arma principal de cada hechicero no es su poder, sino su energía maldita, mientras más energía produzca tu cuerpo, más aumenta tu poder. Tus movimientos se vuelven más rápidos, más precisos… y si sabes usarla correctamente, podrías volverte prácticamente invencible.
Apreté la mandíbula sin apartar la mirada de ella.
Era cierto. Kaien tan solo me dio dos semanas para poder salir de este bosque. Dos semanas para encontrar el camino de regreso a la academia. Ya había pasado una semana y dos días. Me quedaba menos tiempo del que creía… y yo seguía exactamente igual. Sin poder controlar nada. Sin poder hacer que esa energía dentro de mí reaccionara cuando la necesitaba.
Bajé la mirada hacia mis manos por un segundo, esperando sentir algo, cualquier cosa. Nada. Solo el temblor del cansancio acumulado.
Me odio. Me odio porque no puedo hacer que mi cuerpo reaccione a esta energía.
Eliette no tardó en notar el cambio en mi expresión. Permaneció observándome unos segundos, como si estuviera esperando algo más que una respuesta. El viento movía lentamente su cabello rojo, y el bosque a nuestro alrededor parecía demasiado tranquilo para el tipo de entrenamiento que estaba viviendo. Suspiró apenas, descruzó los brazos y tomó de nuevo el palo de madera con una soltura que me irritaba profundamente.
—Esa cara otra vez. —dijo con calma— Esa es exactamente la cara que pone alguien que ya decidió que va a perder antes de empezar.
No respondí. Mis manos seguían cerradas en puños mientras trataba de controlar la respiración. Sentía el cansancio en cada músculo, como si el entrenamiento de los últimos días hubiera dejado pequeñas grietas en todo mi cuerpo.
—Escucha bien, Lilith. —continuó, caminando lentamente alrededor de mí— La energía maldita no aparece porque tú la obligues. No funciona así. No es una orden, no es un grito interno, tan solo es algo que fluye… o no fluye. —Se detuvo frente a mí y levantó el palo apenas unos centímetros. —Y ahora mismo, lo único que fluye en ti es frustración.
Apreté los dientes.
—Entonces dime qué se supone que haga.
Eliette arqueó una ceja, como si la pregunta fuera más interesante de lo que esperaba.
—El pelear no es solo atacar, Lilith, es observar, escuchar, medir. Para que tu cuerpo sea más flexible debes entender que todo está conectado. No basta con mover los brazos o las piernas, tienes que lograr que tu cuerpo y tu mente se comuniquen en un mismo ritmo. La respiración guía la fuerza; si respiras mal, tu cuerpo se rompe. Si respiras bien, tu cuerpo fluye. —me miró de pies a cabeza—. Y la flexibilidad no está solo en los músculos, está en tu mente. Si tus cinco sentidos están despiertos, tu cuerpo no se mueve por reflejo, sino por decisión.
Fruncí el ceño, bajando la mirada hacia el palo de madera que aún sostenía con torpeza entre mis manos.
—Deja, te explico. —se acercó a paso lento; su voz sonaba paciente, pero firme. — Lo primero es el agarre. —indicó, colocando sus manos sobre las mías para corregir la posición—. Antes de moverla, respira. El palo responde a tu respiración, no a tu fuerza. Ahora respira.
Inhalé profundamente por la nariz, sentí cómo el aire me llenaba y, al exhalar, Eliette levantó mi brazo para que acompañara ese ritmo. El movimiento fue suave, sin brusquedad, casi como si el palo flotara conmigo.
—Ahora —continuó—, no escuches mi voz. Escucha lo que te rodea; el roce del viento, el eco de los pasos, incluso el silencio entre nosotras. Todo es parte del combate. Los cinco sentidos deben guiarte. Mira el objetivo, míralo, siéntelo… no ataques a ciegas. Deja que tu cuerpo fluya hacia él.
Antes de que pudiera responder, el palo de madera volvió a moverse. No vi el ataque completo, solo el inicio del movimiento. Instintivamente levanté el mío para bloquear, pero su golpe llegó por un ángulo distinto, desviando mi defensa con facilidad y golpeando mi hombro con un impacto seco. Retrocedí un paso, perdiendo el equilibrio por un segundo.
—Siete. —comentó ella con tranquilidad— Bueno… casi siete.
Mi respiración se volvió más pesada. Levanté el palo de nuevo, tratando de mantener la postura que ella misma me había enseñado el día anterior. Piernas firmes, centro bajo, mirada fija. Eliette observó mi posición y sonrió levemente.
—Mejor. Pero sigues pensando demasiado, deja que tu cuerpo fluya y relaja la mente.
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Editado: 15.03.2026