Legado De Hechiceros: Reino Arcano

CAPÍTULO 12

Lilith Shadow.

Nuevamente tenía la nota de Kaien frente a mí, reflejada en el espejo como si él pudiera verme desde el otro lado.

“Bien, Lilith. Ya falta poco y veo tus cambios, me enorgulleces. Sigue así. Este es tu último entrenamiento, porque después tendrás dos días para que encuentres el camino a la academia. Buena suerte. La colina te espera, ya sabes qué hacer.”

Maldición.

Solté el aire por la nariz, arrugando levemente el papel antes de dejarlo caer sobre la mesa.

Estoy empezando a odiarlo.

—Vaya… tu última nota. —La voz de Eliette llegó desde atrás. —levanté la mirada por el espejo y la vi incorporarse de la silla con calma, cruzándose de brazos mientras caminaba hacia mí. Su reflejo se acercó hasta quedar a mi lado. —Eso quiere decir que exactamente quedan dos días para que encuentres la salida.

—Y ni siquiera la encuentro. —murmuré, desviando la mirada.

Eliette se detuvo a mi lado, observándome con una tranquilidad que, en otro momento, me habría irritado.

—Lo harás.

Giré el rostro hacia ella.

—¿Cómo sabes?

Eliette ladeó apenas la cabeza, como si la respuesta fuera demasiado obvia.

—Uno… ya averiguamos que este bosque es un campo energético. El entorno responde a tu energía maldita. —Levantó un dedo—. Dos… ya has aprendido a controlar tus poderes. Puedes usar los cuatro elementos en combate, puedes moverte como alguien del Clan Shadow… y puedes ocultar tu presencia. Y tres… mientras más energía generes, este lugar se reduce. Eso significa que no estás perdida… solo que aún no has llegado lo suficientemente lejos. — se llevó un dedo al mentón, pensativa por un instante. —Así que, en pocas palabras… todo está en ti para que puedas salir de este lugar.

Bajé la mirada por un segundo. Cerré los ojos un instante y respiré profundo, dejando que esa sensación recorriera mi cuerpo. La energía volvió a aparecer, como una corriente leve que ya no necesitaba buscar demasiado.

Abrí los ojos.

—Entonces… es hora.

Eliette sonrió apenas, dando un paso hacia atrás.

—La colina te está esperando, Lilith.

Tomé el palo de madera apoyado contra la pared. Ya no se sentía como un peso extraño en mis manos, sino como una extensión más de mi cuerpo.

Caminé hacia la salida de la cabaña, pero me detuve justo antes de cruzar el umbral. Giré apenas el rostro.

—Eres la segunda que confía en mí… y gracias.

Eliette sonrió, apoyando el peso en una pierna.

—Me habría gustado ser la primera. —arqueó una ceja con cierta curiosidad— Y, por cierto… ¿quién es la primera?

Solté un suspiro leve, rodando los ojos con una sonrisa que no pude evitar.

—Primero. Es un chico. —hice una pequeña pausa, alzando ambos hombros— Es de la academia. Muy molestoso… y arrogante. Fue quien me salvó por primera vez en mi casa, cuando una maldición apareció. —miré un punto fijo frente a mí, recordando—. Y lo último que me dijo fue que procurara no lastimarme… porque me vería fea. —una risa suave escapó de mis labios. —Es insoportable.

Eliette se quedó observándome unos segundos, con una sonrisa que ya no intentaba disimular.

—¿Y tiene nombre ese “insoportable”?

—Alek… Alek Ackerman.

El cambio en su expresión fue sutil, pero claro. La sonrisa se desdibujó apenas mientras repetía el apellido.

—Oh… es un Ackerman. Los Ackerman son el primer clan más poderoso en el mundo de la hechicería. —añadió, ahora con un tono más serio.

—Sí, lo sé. —respondí sin mucho énfasis—. El segundo es el Clan Shadow… mi familia.

Mis palabras salieron con cierto desgano, casi como si no me pertenecieran del todo.

Eliette descruzó los brazos y dio un pequeño paso hacia atrás, señalando con la cabeza hacia el exterior. Tratando cambiar de conversación.

—Además… si ese tal Ackerman te salvó una vez, no significa que siempre tendrá que hacerlo. —su mirada se fijó en la mía, firme. —La próxima vez… que sea al revés.

Sentí algo en el pecho al escuchar eso.

Asentí levemente, apretando el palo entre mis manos.

—Lo será. —sonreí.

—Te espero en nuestro entrenamiento, Lilith, suerte.

Su voz quedó atrás mientras giraba sobre mis talones. No dudé. Salí corriendo de la cabaña y el aire frío del bosque me golpeó el rostro con fuerza, despejando cualquier rastro de cansancio. Mis pies tocaron la tierra con firmeza, uno tras otro, siguiendo el camino que ya conocía. La colina se alzaba frente a mí. La misma de siempre.

El terreno parecía más cercano, más definido, como si el espacio entre cada punto se hubiera reducido. Los árboles ya no eran una barrera infinita, ahora formaban un camino. Un camino que podía leer. Reduje la velocidad al acercarme a la base. No podía lanzarme sin pensar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.