Lilith Shadow.
—Entonces… son humanos.
—Sí.
—Todas las maldiciones vienen de los humanos, eso debes saberlo muy bien.
Me quedé en silencio unos segundos, procesándolo. Claro, había escuchado algo parecido en la academia, entre conversaciones sueltas, comentarios de otros estudiantes, frases que en su momento no entendí del todo. Pero ahora tenía sentido.
Bajé la mirada apenas, sintiendo cómo esa idea se acomodaba en mi cabeza de una forma incómoda.
Las maldiciones no aparecían de la nada.
No eran simples criaturas, nacían de algo. Del odio. Del miedo. De todo lo que los humanos cargaban y no podían soltar, asimismo, mientras las maldiciones comían a mas humanos, cada vez se reproducían.
—Y, aunque tengas una maldición frente a ti y pienses que alguna vez fue un humano… jamás, jamás tengas compasión con una de ellas. —dijo Eliette, mirándome fijamente, sin suavizar el tono— Porque no van a volver a ser humanos. Cuando se transforman en maldiciones, ya nadie puede devolverles la humanidad.
Sus palabras cayeron pesadas.
—Son vidas… —murmuré.
Eliette negó lentamente.
—No. Ya no “son” —recalcó, marcando cada palabra con firmeza—. “Eran”, debes aprender algo, Lilith, cuando algo ya está hecho, no hay vuelta atrás. Por más que hayan sido humanos… —añadió, dando un pequeño paso hacia mí— Debes matarlos o porque te matan o tú los matas.
No hubo duda en su voz, ni compasión, ni espacio para discutirlo.
Apreté ligeramente la mandíbula.
—…Entiendo —respondí al final.
Eliette, después de todo, dibujó una sonrisa en sus labios, una de esas que no eran burla ni desafío, sino algo más tranquila.
—Bien, ahora necesito explicarte esto antes de que sea muy tarde. Ya falta poco para que salgas de este horrible lugar. —continuó, cruzándose de brazos con naturalidad— Cuando salgas, el Reino Arcano te va a asignar el grado de hechicera en el que vas a permanecer. Eso depende de lo que han visto durante tu entrenamiento… cada detalle, cada error, cada avance.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿Podré permanecer en la Clase Arcana? —la interrumpí sin pensarlo demasiado.
Eliette no reaccionó mal, pero tampoco suavizó la respuesta.
—Todo depende de lo que decida el Reino Arcano, Lilith. —dijo con total sinceridad, sin rodeos— No es lo que tú quieras… es lo que demuestres. —solté el aire por la nariz, asimilándolo. —Como te decía, cuando salgas de aquí, te dirán tu grado. Después de eso, te entregarán tus propias armaduras, con tus sellos personales, a la mayoría les entregan una katana…
—¿Katana? —pregunté, confundida— ¿Una espada?
—Aquí les decimos katanas. —respondió, encogiéndose levemente de hombros— No es solo un arma, es una extensión de tu energía, es como si tuvieras el palo con el que entrenas, pero ahora será una katana, cuando tengas la tuya —prosiguió—, te asignarán misiones. Misiones reales. Ahí es donde vas a enfrentarte a maldiciones como la de hace rato… o peores. Y con cada misión que completes podrás subir de grado. Por ejemplo, si el Reino Arcano decide que empiezas en el Grado de Llama, cada maldición que derrotes, cada misión que sobrevivas, te va a acercar al siguiente nivel.
—Ya veo. —asiento colocando una mano en mi mentón.
—Así es como crecen los hechiceros. No en teoría… sino en combate.
—Y una pregunta… —alcé el dedo, mirándola con curiosidad— ¿por qué en mis poderes aparece un tono morado cada vez que los utilizo… y en los demás otro color?
Recordé la última vez que ví a Alek pelear, fue en mi casa cuando me salvó de esa maldición, tenía un tono entre azul y negro.
Eliette se quedó en silencio un momento, observándome con más atención de lo habitual, como si evaluara qué tanto debía decirme. Luego, una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Es el aura de cada hechicero, algunos tienen el color azul, que es el más común… otros cambian dependiendo de su energía, su linaje o incluso su forma de pelear. —ladeó un poco la cabeza— Pero el tuyo… es morado, es un color bonito para alguien como tú.
Asentí un par de veces, pensativa, bajando la mirada a mis manos como si pudiera ver ese color aún ahí.
—Pero eso es porque estoy usando la energía maldita del Clan de mi madre… —alcé la vista nuevamente— Si usara la energía del Clan de mi padre… ¿sería igual?
La sonrisa de Eliette desapareció poco a poco.
—No. — su voz se volvió más seria —El Clan Shadow y el Clan Lotus son completamente distintos. No solo en técnicas… sino en esencia. —cruzó los brazos— La energía Lotus es más fluida, más conectada con la vida, con los elementos… con la regeneración. —hizo una breve pausa. —La del Clan Shadow, es otra cosa. Con el tiempo… y con alguien del Clan Shadow que te entrene, porque solo ellos pueden enseñarte a usar su energía maldita correctamente… podrás descubrirlo.
—Okey, hasta que alguien me entrene, creo que ya aprenderé por mi cuenta.
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Editado: 25.04.2026