Antiguamente, las personas poseían un gen especial en su ADN que, al llegar a los diecisiete años, se activaba y les otorgaba el poder de la magia. Era normal ver a alguien volar sobre los tejados, crear fuego con las manos o manipular el viento; la magia formaba parte de la vida cotidiana y, durante un tiempo, facilitó enormemente el progreso de la humanidad.
Sin embargo, no todos utilizaron aquel don con responsabilidad. Algunos descubrieron que podían emplearlo para someter, amenazar o incluso destruir a otras personas, pero ante el aumento de estos abusos, varios países decidieron unir fuerzas y buscar una solución, fue entonces cuando descubrieron un material capaz de anular por completo las capacidades mágicas.
Con él fabricaron unos collares que, una vez colocados, dejaban al portador completamente indefenso; además, crearon una unidad especializada encargada de capturar a quienes utilizaban la magia para delinquir.
Durante un tiempo, pareció funcionar, pero la criminalidad disminuyó y la sociedad recuperó cierta estabilidad, no obstante, aquella calma no duraría para siempre.
Poco a poco, la situación comenzó a desbordarse y cada vez más personas abusaban de sus poderes y los enfrentamientos provocaban muertes a diario, mientras la población no dejaba de disminuir. Finalmente, llegó el punto de no retorno: algunos magos desarrollaron un hechizo capaz de controlar la mente de otros seres humanos.
Los gobiernos, desesperados, continuaron investigando aquel material con la esperanza de encontrar una solución definitiva. Tras años de experimentos, finalmente la hallaron: un medicamento capaz de eliminar de forma permanente el gen responsable de la magia.
Pero había un problema porque si la población descubría el verdadero propósito de aquel medicamento, muchos se negarían a recibirlo. Por eso, bajo el pretexto de combatir un nuevo virus, los gobiernos lanzaron una campaña de vacunación masiva.
Quienes se negaban a recibirla eran detenidos por la unidad especializada y, poco a poco, la sociedad fue obligada a aceptar el tratamiento.
Generación tras generación, los poderes dejaron de aparecer. Los hijos de los vacunados nacían sin el gen y, con el paso del tiempo, la magia comenzó a extinguirse.
Una vez cumplido su propósito, la unidad especializada fue desmantelada por ende todos los registros, archivos y pruebas de su existencia fueron ocultados o destruidos; cualquier rastro que pudiera revelar lo ocurrido desapareció bajo el silencio de los gobiernos.
Pasaron los años y, después, las décadas.
Las historias sobre personas que volaban sobre los tejados, creaban fuego con las manos o controlaban el viento dejaron de formar parte de la memoria colectiva. Con el tiempo, se convirtieron en cuentos, leyendas y fantasías infantiles, relatos que nadie consideraba verdaderos.
Hasta que, finalmente, el mundo olvidó que alguna vez…
la magia había existido.