Legado de sangre

Capítulo 2

Despertó al día siguiente en la enfermería, que solía el comedor de los criados. Lady Sienna, la hermana pequeña de Kate, se encontraba a su lado leyendo un libro.

—¿Qué me sucedió? —preguntó Amelia, pero la chiquilla no le contestó. En cambio, soltó su libro y se lanzó a rodearle el cuello con los brazos, emocionada.

—¡Milly! ¡Estás despierta! Ya sabía que despertarías, estabas algo pálida, pero tu pulso se mantenía estable. Murdoch insistía en ponerte en cuarentena porque podrías haber sido mordida, pero te revisé personalmente y estás limpia. ¡Me alegro tanto de que estés limpia! Ya le di una reprimenda a Matthew por haberte dejado sola, es un irresponsable y…

—No deberías enojarte con Matt, Sienna. Mi torpeza no es culpa suya —la interrumpió Amelia. Al ver que quería replicarle, añadió —¿Cuánto tiempo llevo inconsciente?

—Casi un día. Ya pasó la hora del almuerzo. ¡Pero no te preocupes! Te mereces descansar, tuviste una impresión fuertísima. ¡Apuñalaste a un vampiro en tu primera excursión! Debió ser emocionante.

A pesar de la alegría que miraba en el joven rostro de Sienna, Milly sintió angustia. Recordó de golpe haber apuñalado al vampiro y quedarse parada, temblando, hasta que los otros la encontraron y la sacaron de la casa en llamas. Además de lord Godfrey, habían atrapado a otras dos criaturas.

—¿Qué sucedió con los vampiros?

Sienna la miró algo sorprendida por su tono urgente, pero respondió de todas maneras.

—Los trajeron como prisioneros. Los dos sirvientes están en el establo y lord Godfrey en la biblioteca. Apenas lo vi un momento, pero es muy guapo. Es una pena que sea un chupasangre.

Los establos habían sido parcialmente adaptados como la sala de tortura de Murdoch, a falta de calabozos en la residencia campestre de los Swan. En la biblioteca, en cambio, el padre de Matt había construido una celda improvisada por si tenían que tomar prisioneros en lugar de "interrogarlos" de inmediato. Era la primera vez que oía que se usaría.

Extrañamente, se sintió aliviada de saber que no lo había condenado a una muerte inmediata.

—¿Quién está vigilando a lord Godfrey?

—Asumo que mi madre. Kate se ofreció voluntaria, pero madre no quería dejarla a solas con un lord. O tal vez se está encargando Matthew. Van a tomar turnos para vigilarlo en todo momento.

Era casi gracioso cómo lady Frances Swan se empeñaba en actuar como si el mundo apenas hubiera cambiado. Su hija podía empuñar una espada o disparar un revólver, pero no quedarse a solas con un caballero. El escándalo la atemorizaba más que la posibilidad de que su sangre fuera drenada hasta matarla.

Recordó los ojos rojos de lord Kaine Godfrey y pensó que tal vez morir en sus brazos podría ser incluso placentero. Sin duda tantas novelas románticas estaban afectando su juicio.

Sin embargo, pensar en él le recordó la casa en llamas y los gritos. No habían tenido bajas o Sienna no estaría de tan buen humor, pero si lord Godfrey no hubiera decidido jugar con la comida, o si ella no hubiera empuñado aquella estaca, el resultado de la expedición habría sido muy distinto. Era hora de que dejara de ser un lastre y demostrara que podía ser de utilidad.

—Llévame donde Murdoch, por favor. Siento que ya he descansado lo suficiente para un mes.

Sienna no estaba de acuerdo con ella e intentó disuadirla, pero Milly podía ser testaruda cuando se lo proponía. Salieron de la casa hasta dirigirse al pequeño almacén al lado de los establos que Murdoch ahora llamaba oficina.

El anciano ex capitán de la marina tenía los musculosos brazos desnudos llenos de cicatrices y las mangas de su camisa manchadas de la sangre negra de las criaturas de la noche. Fue necesario que Amelia tocara la puerta tres veces para que levantara la mirada de sus papeles.

—Veo que despertó, señorita Hathaway. ¿En qué puedo ayudarle? —preguntó con su voz rasposa y su eterno ceño fruncido.

Milly no se dejó amedrentar.

—Lady Sienna ya me revisó y no estoy infectada —anunció.

La chiquilla asintió con energía, confirmando sus palabras. El marinero hizo un gesto de fastidio: no le agradaba que los niños participaran en las conversaciones de adultos.

—Y la felicito por sobrevivir un día más, pero tengo cosas que hacer — gruñó.

—Sé que lord Godfrey no está en el establo con los otros prisioneros, sino que se encuentra en la biblioteca.

—Sí, lord Sanguijuela podría ser de utilidad. ¿Por qué le interesa? —preguntó con impaciencia.

Milly enderezó los hombros y respondió con tono firme:

—Quiero estar incluida en sus rondas de vigilancia.




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