Legado de sangre

Capítulo 4

Estaba tan sorprendida por escuchar su voz que casi se le cae el arma de las manos. Siempre más imprudente que sensata, preguntó:

—¿Cómo debería de sujetarlo, entonces? ¿Y cómo sabe mi nombre?

El vampiro cruzó las piernas, como si se preparara para una conversación larga en su salón del té en vez de en una celda y pudo sentir más que ver su sonrisa cuando respondió:

—Primero debería contestarme el saludo, señorita Hathaway. Es una muestra de que es usted una inglesa educada y no una bárbara.

Sintió que se ruborizaba al tartamudear un saludo, nerviosa ante su mirada inquisidora. Sin embargo, él pareció complacido.

—Lady Frances la mencionó cuando conversamos sobre mi "desafortunada circunstancia", si así se le puede llamar al hecho de ser secuestrado de mi propia casa de campo en mitad de la noche por una banda de bandidos que resultan incluir a una duquesa, su encantadora hija y una adorable señorita a quien subestimé terriblemente y que me está deleitando con su compañía en este instante.

Nunca la habían llamado adorable ni le habían prestado tanta atención. ¿Y quién podría fijarse en ella cuando era una simple institutriz y estaba siempre a la sombra de la hermosa lady Katherine Swan? Pero no debía dejarse distraer por sus halagos, estaba hablando con una bestia peligrosa.

—Si las cosas fueran diferentes, usted me hubiera mordido anoche, Su Señoría. Y no estaríamos teniendo esta conversación.

Vio por el rabillo del ojo cómo echaba la cabeza hacia atrás y soltaba una risotada. Sintió un calor extraño que se posaba en su bajo vientre y algo que asumió que los poetas llamaban mariposas en el estómago. Decidió ignorarlo: era sólo la prueba de que leía demasiadas novelas románticas. Se veía tan atractivo que no dudó que podría hipnotizarla con su belleza sin necesidad de usar sus poderes demoníacos.

—Ahora está siendo insolente. Se lo perdonaré para no perder el placer de su compañía.

—¿Lady Katherine no fue una buena compañía? —inquirió con curiosidad.

Él pareció reflexionarlo.

—Es una muchacha bien educada, mis padres difícilmente le hubieran encontrado algún defecto. Una perfecta rosa inglesa. Y sabe usar con maestría una ballesta… Pero no posee ese rubor encantador que tiene usted.

Lo último la hizo enrojecer hasta la raíz de su cabello castaño. Lady Frances sugeriría abofetearlo por su impertenencia, pero le resultaba agradable ser halagada.

—Para responder a su pregunta, es una compañía adecuada, pero no tan deliciosa como usted.

Las palabras le cayeron como agua fría. La había llamado deliciosa, y su voz ronca era la de un hombre famélico. Por encantador que fuera, seguía siendo un depredador que no dudaría en cazarla y ella era la presa.

—Ya veo, milord —dijo con sequedad.

Pasaron unos minutos en silencio hasta que el vampiro volvió a hablar con tono casi apologético.

—¿La he incomodado? No era mi intención. Le ruego que me disculpe.

Amelia estaba tan perturbada que olvidó el título del joven y el peligro que representaba.

—Usted no le hubiera hablado así a lady Katherine o a lady Frances. Pero lo ha hecho conmigo. Ha soltado insinuaciones una y otra vez con el objetivo de incomodarme porque no me respeta, porque no soy una dama y no me ve como una igual. No deseo seguir hablando con usted… En primer lugar, ni siquiera debería haber entablado conversación con un prisionero.

Él abrió la boca para refutarla, pero terminó cerrando firmemente la mandíbula, afectado. Ella sujetó con firmeza la ballesta y pasaron unos minutos en silencio hasta que él habló de nuevo, con voz suave.

—Está colocando los dedos demasiado cerca del seguro. Podría disparar por error y hacerse daño, señorita.

Comprobó con sorpresa que lo que decía era cierto, lo que la hizo sentirse humillada. Sin embargo, su educación la obligó a darle las gracias.

—En verdad lamento haberla ofendido —dijo él aprovechando la oportunidad —. No creo que usted no sea digna de mi respeto, es una señorita después de todo. Mis padres no me criaron para comportarme del modo en que lo he hecho. Es sólo que hace mucho no converso con un humano.

—Usted aún luce como un humano, milord. Excepto por el momento en que nos conocimos e intentó morderme, claro.

El rubio soltó una risa.

—Es usted demasiado honesta, señorita Hathaway. Es un cambio refrescante: no tengo muchas conversaciones honestas últimamente. ¿Qué le parecería empezar de nuevo, como amigos?

—¿Como amigos? Usted sigue siendo un prisionero en esta casa, milord.

—Y usted tiene mi palabra de caballero de que no le pediré que me ayude a escapar ni intentaré atacarla de nuevo. Me comportaré como un manso gatito. Podría empezar por llamarme Kaine y permitirme que la llame Amelia cuando estemos solos, ¿qué le parece?

En contra de su buen juicio, se encontró sonriéndole. Había muchas cosas que desconocía de los vampiros y a lo mejor él podría explicárselas. Estaba encerrado, ¿qué daño podía hacerle ser amable con él?

—Me parece que es un placer conocerlo, Kaine.




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