A M E L I A
El comedor entero se sumió en un silencio tenso, un murmullo colectivo ahogado por la expectación. Nadie respiraba, cada mirada fija, absorbida por el espectáculo que se desarrollaba.
Las papas con chili, una mezcla pegajosa y repugnante, ahora adornaban el cabello, la ropa y el suelo alrededor de la nueva, cortesía de Emma, quien había lanzado el plato directamente a su cara. La impresión fue tal que la chica, en un movimiento torpe y reflejo, soltó el resto de su bandeja, que se estrelló contra el piso con un estruendo, esparciendo más miseria culinaria.
—Así estás mejor —soltó Emma con un tono de desprecio que cortaba el aire—la comida, sin duda, combina a la perfección con tus harapos.—
La becada, parecía no saber dónde meterse. Se quedó inmóvil, una estatua de humillación, mientras su mano se paseaba nerviosamente por su brazo, rascando con una urgencia extraña.
—¡Ey, te estoy hablando! —Emma espetó, dándole un empujón brusco. Pero ni siquiera eso logró que la becada reaccionara; seguía con la mirada clavada en el suelo, ahora rascándose el otro brazo con la misma insistencia. Emma, exasperada, la empujó de nuevo, con más fuerza, pero el resultado fue el mismo: una inmovilidad exasperante.
Impaciente como siempre, Karen dio un paso adelante. El sonido de la cachetada resonó por todo el comedor, seco y brutal, como el golpe de un mazo. La becada cayó al suelo, aterrizando sobre el repugnante amasijo de comida esparcida.
—¡Responde cuando te están hablando, cachorro!— escupió Karen, la crueldad goteando de cada palabra. —¿Aparte de ciega, también eres sorda?- Desde el fondo del comedor, algunas carcajadas aisladas se alzaron, rompiendo el silencio, un coro macabro a la humillación.
Ella miro a todos lados, tal vez buscado ayudo, pero nadie hizo nada, cómo siempre.
Entonces para rematar Zoey, agarro el cartón de leche, la abrió y la tomo —sin duda está deliciosa, prueba un poco—acto seguido tiro todo el contenido sobre su cabezo.
Solté una pequeña risa. Usualmente, este tipo de espectáculos no eran de mi agrado. Sin embargo, por alguna razón incomprensible, encontraba esto extrañamente, satisfactorio.
Pero entonces, mi sonrisa se desvaneció en un parpadeo, borrada de mi rostro de un momento para otro. Lo vi levantarse de su mesa, una figura familiar que se dirigía directamente al centro—Basta, fue suficiente— dijo, su voz resonando con una autoridad inesperada mientras se plantaba frente a las chicas. Karen, con una expresión de sorpresa teñida de frustración, retrocedió unos pasos, su rabia contenida.
Noah, a mi lado, soltó un gruñido furioso. Se levantó de la mesa, la intención de intervenir clara en sus ojos. Al ver sus intenciones, lo frené al instante. —No te metas, Noah. Quédate quieto—le ordené, mi voz apenas un susurro cargado de advertencia. Iba a protestar, podía ver las palabras formándose en su boca, pero mi mirada lo detuvo en seco. No volvió a sentarse, pero se quedó allí, inmóvil, mirando al frente, conteniéndose a duras penas.
Magnus se dio la vuelta y, con un gesto de una delicadeza que me revolvió las entrañas, la ayudó a levantarse. Apreté los puños con tanta fuerza que mis nudillos blanquearon al ver esa escena, y la furia se intensificó al observar cómo esa becada se pegaba aún más a la espalda de Magnus, buscando refugio como un insecto.
—¿Qué les pasa a ustedes? —demandó, su mirada un reproche silencioso y penetrante— ¿Creen que tienen el derecho de pasar por encima de los demás? ¿Por qué? ¿Porque se creen superiores? ¿Porque piensan que son mejores? Déjenme decirles algo: no lo son, y con cada una de sus acciones lo demuestran—
Emma no tardó en responder, acercándose con una falsa dulzura —Esto no te incumbe, bonito— dijo, su voz melosa, una irritante burla —Muévete y largo— siseó Emma, con los ojos entrecerrados, su tono ahora un veneno apenas disimulado por la rabia de la interrupción. La hostilidad se palpaba en el aire, densa y pesada.
Pero Magnus, en lugar de obedecer, hizo algo que me dejó sin aliento. Se dio la vuelta, se quitó su propia chaqueta y se la puso encima a esa becada, cubriendo sus ropas humilladas con su preciada prenda.
Ese solo acto hizo que todo a mi alrededor desapareciera. El ruido del comedor, las caras de los demás, todo se desvaneció en un instante. Mi mente se inundó con una sola pregunta, una que gritaba en mi cabeza:
¿Él... le dio su chaqueta?
...El le dio su chaqueta.
La rabia me quemaba por dentro, un fuego incontrolable.
Acto seguido, con una naturalidad que era una bofetada, le tomó la mano y salió por la puerta como si nada, llevándose consigo mi cordura y dejando un rastro de una furia que nunca antes había sentido con tanta intensidad.
{...}
El humo del cigarro llenaba mis pulmones, una niebla familiar que me ayudaba a disipar el hastío. Miraba el humo ascender y perderse, un escape efímero de la realidad. Lo único que realmente deseaba era largarme de una vez a casa. El techo desconchado realmente se veía más interesante que todo lo que me rodeaba. Mis ojos vagaron por el lugar: otros chicos estaban absortos en sus vapers, sus rostros iluminados por las pantallas de sus celulares, mientras otros, ruidosos, jugaban billar, los golpes de las bolas resonando en el aire.
—Aquí tienes— dijo Christa, interrumpiendo mi letargo.
Colocó una carpeta gruesa de cartón sobre la mesa de centro.Me enderecé en el sofá con un suspiro, abrí la carpeta sin prisa y comencé a leer el frío reporte que tenía entre manos:
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ARCHIVO: TRANSFERENCIA ESTUDIANTIL - CONFIDENCIAL
Willow Creek Preparatory Academy
INFORME DEL ESTUDIANTE
· Nombre Completo: Rodríguez, Kyra Alessandra
· Fecha de Nacimiento: 07/05/2007
· Edad: 16
· Lugar de Nacimiento: Sevilla, España
· Ciudadanía: Española / Residencia Permanente (EE. UU.)
· Curso: Grado 11 (Junior)