El amanecer en Legalia no traía calidez, sino una claridad grisácea que exponía las grietas de la ciudad. Vesta se despertó entre las sábanas de seda negra de su cama de dosel, sintiendo todavía el peso de la noche anterior. A su lado, el espacio estaba vacío, pero el aroma a sándalo de Dante permanecía como un recordatorio de su victoria silenciosa.
Se levantó y caminó hacia el ventanal. Desde la Mansión de las Sombras, Legalia se extendía como un tablero de mármol y hierro. No era una ciudad hecha para vivir, sino para obedecer. Las calles eran perfectamente rectas y los edificios, de una arquitectura gótica moderna, se alzaban como jueces de piedra observando a los ciudadanos.
—¡Servicio! —llamó Vesta, su voz recuperando la frialdad de mando.
De inmediato, dos empleadas entraron con pasos inaudibles. Vestían uniformes de un gris ratón, con cuellos altos y delantales almidonados que no permitían ni una arruga. En Legalia, incluso el servicio debía parecer parte del mobiliario. Una de ellas sostenía una bandeja con café negro, mientras la otra preparaba el vestuario del día: un conjunto de pantalón y chaqueta de terciopelo verde bosque, con botones de plata que llevaban grabado el escudo de la Casa Valerius.
—El señor Caspian la espera en la biblioteca —anunció una de las sirvientas mientras ajustaba los puños de la chaqueta de Vesta—. Dice que los documentos del Edicta no se revisarán solos.
Vesta asintió y bajó las escaleras. La mansión reflejaba la gloria caída de su familia; las alfombras eran gruesas, pero estaban desgastadas en los bordes, y los techos conservaban frescos de mujeres Valerius de siglos pasados, todas rodeadas por sus tres maridos obligatorios.
Al entrar en la biblioteca, encontró a Caspian Aurelian rodeado de libros contables y pergaminos legales. Llevaba una bata de seda azul cobalto sobre su camisa blanca, luciendo tan impecable que parecía que no acababa de pasar una noche de frustración en el estudio.
—¿Durmió bien, Vesta? —preguntó Caspian sin levantar la vista, aunque el tono de su voz era una navaja—. Supongo que el "Alma" cumplió con su función de mantenerla… entretenida.
—Caspian, ahórrese el sarcasmo —respondió Vesta, sentándose frente a él—. Explíqueme por qué el Estado insiste tanto en este número. Tres hombres. No dos, no cuatro.
Caspian cerró un libro de leyes con un golpe seco.
—Es la Ley del Equilibrio Vital, una reliquia del Código de Legalia. El Estado sostiene que una mujer sola es un peligro para la estabilidad del reino, pero una mujer con un solo hombre es una debilidad política. Tres es el número de la contención.
Caspian señaló los diagramas en el papel.
—Un Escudo para que usted nunca tenga que empuñar un arma y pueda enfocarse en la política. Un Oro para que la economía de su Casa nunca dependa de favores externos, sino de su propio patrimonio. Y un Alma para que sus emociones —o su magia, en el caso de las Valerius— no se desborden y causen caos. El Estado nos usa para dividir sus fuerzas; si nosotros tres estamos compitiendo por usted, usted no tiene tiempo para conspirar contra el Gran Juez.
—Es una vigilancia compartida —concluyó Vesta con amargura.
—Exactamente —Caspian se inclinó hacia delante, su belleza refinada brillando bajo la luz matutina—. Pero hay un detalle que el Edicta no menciona, Vesta. Si uno de nosotros falla o muere sin un heredero, el Estado reclama la propiedad de la mujer. Así que, por mucho que Alaric me odie o yo desprecie a Dante, estamos obligados a mantenerla a salvo… y a mantenernos aquí.
Vesta miró hacia la puerta, donde pudo ver la silueta de Alaric Ironwood patrullando el pasillo con su armadura de gala reluciendo. Él era el Escudo que la protegía del mundo, pero también el guardia que se aseguraba de que ella no escapara de su destino.
—Ustedes no son mis esposos —dijo Vesta en voz baja—. Son mis carceleros con título nobiliario.
Caspian sonrió de lado, una expresión carente de afecto pero llena de una inteligencia peligrosa.
—Somos ambas cosas, querida. Y ahora, si me permite, debemos discutir cómo el Círculo de las Puristas ya está enviando invitaciones para la Gala de Invierno. Quieren ver si su "Tríada" sobrevive a la primera semana sin matarse entre sí.