Legalia: El Edicta de los tres esposos.

Capítulo 4 —Invitación al Veneno

La mañana en la Mansión de las Sombras no solo traía leyes y contabilidad. Un golpe seco en la puerta de roble anunció la llegada de la primera amenaza externa. No fue un juez ni un soldado, sino un perfume: un aroma pesado a lirios negros que precedió la entrada de la mujer más temida del círculo social de Legalia.

Lady Elara de la Casa Thorne entró al estudio de Vesta sin esperar a ser anunciada por los empleados. Vestía un traje de seda color plata que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, con un abrigo de piel sintética sobre los hombros que le daba un aire de depredadora sofisticada. Sus tres esposos, tres hombres de apariencia impecable pero sumisa, la seguían a dos pasos de distancia como sombras silenciosas.

​—Vesta, querida. Veo que el Edicta ha sido generoso con la Casa Valerius —dijo Elara, barriendo la habitación con una mirada cargada de envidia mal disimulada—. Aunque sospecho que mantener este… "equilibrio" será más difícil de lo que imaginas.

​Vesta se mantuvo sentada, observando cómo los ojos de Elara se desviaban hacia Alaric, quien permanecía firme junto a la puerta, y luego hacia Caspian, que apenas se dignó a reconocer la presencia de la visitante.

​—¿A qué debo el honor de tu visita, Elara? —preguntó Vesta, manteniendo su tono neutro y gélido—. No solemos recibir visitas sin previo aviso.

​—He venido a entregarte esto personalmente —Elara dejó caer sobre el escritorio un sobre de papel crema con el sello de cera negra del Círculo de las Puristas—. La Gala de Invierno. Es la oportunidad perfecta para que presentes a tu Tríada oficialmente. Todas estamos ansiosas por ver si tus tres "adquisiciones" son tan funcionales como hermosas.

​Elara se acercó a Vesta, inclinándose lo suficiente para que solo ella la escuchara.

—Toda Legalia sabe que elegiste a un traidor, a un quebrado y a un monstruo mágico. No tardarán mucho en devorarse entre ellos, y yo estaré allí para reclamar lo que quede de tu casa cuando el Tribunal decida que no puedes controlarlos.

​Vesta tomó la invitación sin que le temblara la mano.

—Entonces te sugiero que busques un buen asiento, Elara. Porque lo que verás en esa gala no será una derrota, sino el inicio de una nueva era para los Valerius.




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