El carruaje de la Casa Valerius avanzaba por los senderos empedrados de los Jardines Reales de Legalia, un lugar donde la belleza de las rosas blancas ocultaba las espinas de la traición política. Vesta observaba por la ventanilla, consciente de que la invitación de Lady Elara no era un gesto de cortesía, sino un campo de batalla diseñado para fragmentar la unidad que tanto esfuerzo le había costado forjar con sus tres esposos.
Al descender, el aroma dulce y opresivo de las flores inundó sus sentidos. Elara esperaba en un pabellón de mármol, rodeada por el Círculo de las Puristas y el Juez Malcor, quien no apartaba su mirada inquisidora del grupo.
—Vesta, querida, qué placer verte tan... bien acompañada —dijo Elara, barriendo con la mirada a Alaric, Caspian y Dante—. He preparado una dinámica especial para hoy. En Legalia, creemos que la transparencia es la base del Edicta. Por eso, mientras nosotros tomamos el té, mis invitados escoltarán a tus esposos por los jardines para discutir asuntos de "interés mutuo".
Vesta apretó los puños. Sabía que Elara buscaba aislarlos para sembrar la duda.
—No tengo nada que ocultar, Elara —respondió Vesta con una frialdad impecable—. Mis esposos son hombres libres dentro de su lealtad a la Casa Valerius.
La Tentación del OroCaspian fue conducido hacia una fuente retirada por uno de los banqueros más influyentes del Tribunal. El hombre le ofreció un cigarro de hoja y una propuesta directa:
—Aurelian, es un desperdicio que tu fortuna sostenga los muros derruidos de los Valerius. Lady Elara propone una fusión. Si retiras tu apoyo financiero a Vesta y alegas "incompatibilidad" ante el Juez Malcor, el Tribunal te otorgará la custodia total de las rutas comerciales del norte. Serías el hombre más rico de Legalia, sin tener que compartir tu cama ni tu gloria con un general caído y un místico peligroso.
Caspian observó las burbujas del agua, recordando el calor de la piel de Vesta y la forma en que ella lo había desafiado la noche anterior. Exhaló el humo con una elegancia gélida.
—Mi Oro no es un préstamo, caballero —sentenció Caspian—. Es una inversión en el único futuro que me interesa. Y ese futuro tiene el nombre de Vesta Valerius. Dígale a Lady Elara que mi lealtad no está a la venta, porque ya soy dueño de lo único que el dinero no puede comprar: su respeto.
El Honor del EscudoMientras tanto, en el laberinto de setos, el Coronel Harek interceptó a Alaric. El ambiente era tenso, cargado con el resentimiento de años de rivalidad militar.
—Ironwood, todavía puedes recuperar tu mando —dijo Harek, bloqueándole el paso—. Firma esta declaración diciendo que Vesta te obliga a realizar actos indignos bajo el Edicta. El Tribunal te restituirá tu rango y borrará tu historial de traición. No tienes por qué ser el perro guardián de una mujer que solo te usa para dormir tranquila.
Alaric se acercó tanto que el Coronel pudo ver el fuego gris en sus ojos. Su mano enguantada en cuero rozó el pomo de su espada ceremonial.
—Usted cree que mi honor reside en un galón de metal en el hombro —gruñó Alaric—. Mi honor reside en cumplir mi palabra. Y le di mi palabra a Vesta de ser su Escudo. Prefiero ser un "perro guardián" leal que un oficial traidor a su propia sangre. Aléjese de mi vista antes de que olvide que estamos en un jardín real.
El Misterio del AlmaFinalmente, Dante fue abordado por la propia Lady Elara en un rincón sombrío de la rosaleda. Ella intentó usar su encanto, rozando el brazo del místico con sus dedos enjoyados.
—Dante, tú no perteneces a este mundo de contratos y soldados —susurró ella—. Vesta te teme. Ella usa tu magia para protegerse, pero te ve como un monstruo. Ven conmigo. Tengo acceso a los archivos prohibidos del Gran Templo. Podrías ser el Alma más poderosa de Legalia, libre de las cadenas de una mujer que nunca te amará.
Dante soltó una risa baja y melódica, una que hizo que las sombras a su alrededor se agitaran con vida propia.
—Usted no entiende nada, Milady —dijo Dante, inclinándose hacia ella—. Vesta no me teme; ella me contiene. Y en esa contención, he encontrado una paz que sus archivos prohibidos jamás podrían darme. Ella es la única que ha mirado mi oscuridad y no ha parpadeado. ¿Por qué cambiaría un sol por una vela marchita como usted?
El Regreso a la MansiónCuando el grupo se reunió para marcharse, el rostro de Lady Elara estaba descompuesto por la furia. El Juez Malcor tomaba notas frenéticamente, incapaz de comprender cómo su trampa había fallado tan estrepitosamente.
Vesta subió al carruaje, seguida por sus tres esposos. En el trayecto de regreso, el silencio ya no era de desconfianza, sino de una unidad inquebrantable. Los tres hombres la miraron, y ella supo, sin necesidad de palabras, que el sabotaje externo solo había servido para cementar el vínculo que ahora los unía más allá de cualquier ley estatal.
—Mañana es el último día de la inspección —dijo Vesta, tomando las manos de Alaric y Caspian, mientras Dante la observaba con devoción—. Y después de lo de hoy, Malcor intentará su jugada más desesperada. Debemos estar listos para lo que venga.