La mañana en Legalia no trajo el descanso esperado, sino el sonido rítmico y molesto de los canillitas en las avenidas empedradas, cuyas voces resonaban a través de la densa neblina matutina. Vesta apenas terminaba de abrochar los botones de platino de su corpiño gris cuando Caspian entró en sus aposentos sin golpear. En sus manos finas, el aristócrata financiero no sostenía un libro de contabilidad, sino un ejemplar de La Gaceta del Tribunal, el panfleto oficial que dictaba la reputación de las Grandes Casas ante el Consejo de Puristas.
Caspian no pronunció una palabra. Extendió el papel sobre la mesa de caoba, justo al lado del guardapelo de plata que Vesta había dejado descuidado la noche anterior. El titular en letras góticas y tinta negra era un golpe directo al corazón de la Casa Valerius:
¿EL RETORNO DE LA LOCURA? LA TRÁGICA SOMBRA DE LADY AURELIA SE CIÑE SOBRE LA NUEVA MATRIARCA.
Fuentes cercanas al Gran Consejo aseguran que la aparente "armonía" de la Tríada Valerius es solo una fachada para ocultar el mismo patrón de inestabilidad psicológica que destruyó a la anterior Matriarca. ¿Está Legalia entregando sus aranceles a una mujer condenada a la demencia por el Edicta?
—Lady Elara sabe dónde golpear cuando se queda sin argumentos legales —dijo Caspian, su voz gélida arrastrando las palabras con un desprecio calculado—. Ha filtrado el historial médico de su madre al ala más conservadora de las Puristas. No buscan anular el Edicta por adulterio esta vez, Vesta. Buscan una declaración de incapacidad mental. Si el Tribunal dictamina que usted no posee la estabilidad para gobernar a tres hombres, intervendrán la Mansión de las Sombras y nos reasignarán a otras Casas como recursos disponibles.
Antes de que Vesta pudiera responder, la pesada puerta de roble se abrió por completo. Alaric entró con la armadura de combate a medio ajustar, su rostro convertido en una tormenta de furia militar. Detrás de él, Dante se deslizaba como una exhalación de sándalo y éter, con los ojos oscuros fijos en el periódico.
—Los guardias de la entrada ya están deteniendo a los informantes del Tribunal —gruñó Alaric, golpeando la empuñadura de su espada—. Denme la orden, mi señora. Puedo tomar a un escuadrón y sitiar la propiedad de los Thorne antes de que el sol raye el mediodía. Ningún escriba volverá a imprimir el nombre de su madre si le corto los dedos.
—La violencia solo confirmaría sus sospechas, General —intervino Dante, colocándose al lado de Vesta. Su mano larga y pálida rozó sutilmente el hombro de la Matriarca, enviando una ráfaga de energía templada que buscaba calmar el sutil temblor de sus manos—. Elara quiere que actuemos como animales acorralados. El recuerdo de Lady Aurelia es un territorio sagrado, pero también es el espejo en el que este Imperio quiere vernos reflejados. Quieren ver si somos los monstruos que destruirán a nuestra reina, o si somos el arma que los destruirá a ellos.
Vesta observó a los tres hombres. El pánico que había admitido ante su propio reflejo pocas horas antes amenazaba con paralizarla, pero la presencia coordinada de su Tríada actuó como un bálsamo de acero. Sabía que el peligro de que ellos repitieran la historia de su madre era real, pero en este momento, frente a la amenaza del Imperio, eran su único escudo.
—No nos esconderemos, ni atacaremos con espadas —sentenció Vesta, su mirada ámbar recuperando la fijeza de una gobernante—. Elara quiere hablar de mi madre. Le enseñaremos lo que la hija de Aurelia es capaz de hacer cuando intentan usar sus cenizas como arma. Caspian, prepara una auditoría de emergencia sobre los bienes confiscados de la Casa Thorne; si el Tribunal quiere hablar de estabilidad, les demostraremos que el Oro Valerius es lo único que mantiene a flote sus propios bancos. Alaric, doblega la seguridad de los distritos bajos; demuestra que el Hierro de esta casa es indispensable para la paz del norte. Y Dante...
Dante sonrió de lado, una expresión que prometía una venganza sutil y dolorosa.
—Haré que cada Purista que lea esa gaceta hoy experimente una migraña tan intensa que olviden cómo pronunciar el apellido Valerius, mi reina.
Vesta caminó hacia el espejo, observando a los tres hombres reflejados a su espalda. La jaula del Edicta seguía asfixiándola, y los celos posesivos que compartían por ella seguían siendo una amenaza latente para su cordura, pero mientras el mundo exterior intentara destruirlos, la Mansión de las Sombras se mantendría en pie como una fortaleza de carne, oro y espíritu.