Legalia: El Edicta de los tres esposos.

Capítulo 48 —La Chispa de la Triple Sangre

Tres años transcurrieron desde la presentación de Valerian ante el Consejo Imperial. Tres años de prosperidad ininterrumpida para la Casa Valerius y de una paz madura, profunda y sólida para los cuatro habitantes de la Mansión de las Sombras.

​El invierno volvía a vestir las colinas de Legalia con una fina manta de nieve blanca, pero dentro del palacio, la calidez de las chimeneas y la presencia constante del Éter mantenían una atmósfera primaveral. El pequeño Valerian ya no era un bebé en brazos; era un niño de tres años de una belleza y una vitalidad que asombraban a cualquiera que pisara la residencia. Poseía el cabello oscuro y abundante de Vesta, pero sus ojos cambiaban de matiz según la emoción del momento: mostraban el gris acero de Alaric cuando observaba las espadas, la nitidez azul de Caspian cuando escuchaba las lecciones de números, y un destello violeta sutil cuando jugaba en los jardines de Dante.

​Aquella mañana, el gran salón de mapas se había convertido en el escenario de una escena que resumía la transformación absoluta del linaje.

​Vesta se encontraba sentada en el gran sillón de roble, observando con una sonrisa tranquila a su hijo, quien corría por la alfombra de pieles persiguiendo a una pequeña esfera de luz violeta que Dante hacía flotar a pocos centímetros de sus manos.

Caspian permanecía sentado ante la gran mesa de despacho, rodeado de libros de contabilidad y balances del reino. Sin embargo, en lugar de mantener la distancia sobria que solía mostrar con los asuntos administrativos, el aristócrata tenía al niño apoyado contra su pierna mientras le enseñaba las marcas de agua de los pagarés de oro.

​—Mira aquí, Valerian —explicaba Caspian con una paciencia infinita, guiando la pequeña mano del niño sobre el papel de lino—. Esta marca de agua significa que la Casa Valerius garantiza el grano de diez provincias. No se trata de acumular monedas; se trata de asegurarte de que nadie en este imperio pueda usar el hambre para amenazar a tu madre.

​El niño tocó el sello de pan de oro, y para sorpresa de Caspian, una pequeña chispa de energía mística brotó de los dedos de Valerian, haciendo que el dibujo del sello brillara con un tono dorado intenso durante unos segundos.

​Caspian levantó la mirada hacia Vesta, con sus ojos azules reflejando un orgullo desbordante.

—Tiene una mente precisa, Vesta —dijo el banquero con voz suave—. Y la magia de su sangre ya entiende el lenguaje del Oro.

​En ese momento, la puerta pesada del salón se abrió y Alaric entró en la estancia. El General vestía su uniforme ligero de entrenamiento y traía consigo una pequeña réplica de madera de una espada corta, labrada a mano con las insignias del Regimiento del Acero.

​Al ver a Alaric, el niño abandonó los papeles de Caspian y corrió hacia el militar con una risa sonora. Alaric se agachó de inmediato, levantando a Valerian en vilo con un solo brazo y colocándolo sobre su hombro con la facilidad de quien sostiene una pluma.

​—¿El futuro General está listo para su lección de postura? —preguntó Alaric, y su voz grave retumbó en la habitación, llena de un afecto que habría resultado impensable en los años de la guerra fronteriza.

​El niño tomó la espada de madera y la blandió en el aire con un movimiento que, sorprendentemente, mostraba un equilibrio físico natural. Alaric miró a Vesta, tocando la mejilla del pequeño con la firmeza de sus dedos callosos.

​—Tiene la fuerza del hierro en la espalda —comentó Alaric, acercándose a Vesta y depositando un beso suave en la frente de la Matriarca—. Nunca vi a un niño de tres años sostener el peso de una empuñadura con tanta firmeza.

Dante se acercó desde la penumbra del ventanal, haciendo que la esfera de luz violeta se disolviera en el aire en pequeños destellos que cayeron sobre los hombros del niño como gotas de rocío brillante.

​—Es porque en sus venas no hay división —explicó Dante, arrodillándose junto a ellos y acariciando el cabello oscuro de Valerian—. Su fuerza física, su inteligencia estratégica y su magia mística operan como una sola entidad. La Alquimia del Vínculo no solo creó a un heredero; creó el futuro de una nueva dinastía que este imperio jamás podrá someter.

​Vesta miró a su hijo, que ahora jugaba en el suelo flanqueado por las figuras protectoras de Alaric, Caspian y Dante. Apoyó la espalda en el sillón de roble, sintiendo que una marea de plenitud absoluta llenaba cada rincón de su ser.

​El fantasma de su madre, las heridas de su juventud con Rodrigo y la amenaza constante del Tribunal de Cuentas habían quedado completamente sepultados. Su Tríada no solo había defendido su hogar; habían construido un refugio indestructible donde el amor, la protección y la devoción eran las únicas leyes vigentes.

​—Mañana abriremos las puertas de la mansión para la Gala de Refundación —anunció Vesta, y su voz resonó con una serenidad soberana—. Presentaremos la reforma del Edicta de Sustento. Ninguna Matriarca de Legalia volverá a ser víctima de las manipulaciones del Consejo. La Casa Valerius dictará la nueva era de este imperio.

​Los tres hombres la miraron con una devoción inquebrantable. Caspian le tomó la mano, Alaric apretó su hombro con firmeza y Dante envolvió a la familia en un aura de protección mística. Estaban listos para sellar su triunfo definitivo ante el mundo.




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