Legalmente ciegos

Capitulo 1: Enemigos en la Corte

La sala de audiencias número cinco siempre olía a café recalentado y a tensión contenida.

Charlotte Beaumont se ajustó el saco rosa pastel, dejó su portafolio de cuero blanco sobre la mesa, y respiró hondo. Tenía un objetivo claro: ganar ese caso, humillar al abogado contrario y salir triunfante con su sonrisa perfecta y su lipstick color frambuesa intacto.

El único problema era él.

Jeshua Torres.

El hombre que arruinaba cada uno de sus días desde hacía tres años.
El abogado más arrogante, insoportable y... trágicamente atractivo del bufete.

Cuando lo vio entrar, con su traje gris perfectamente planchado y su mirada de "yo nunca pierdo", Charlotte sintió el impulso inmediato de lanzarle el expediente a la cara.

-Beaumont -saludó él con un tono neutral, aunque la comisura de sus labios se alzó apenas.
-Torres -respondió ella con una sonrisa falsa-. ¿Listo para perder con estilo?

Él soltó una breve risa.
-Por supuesto. Estoy acostumbrado a ganar, así que hoy sería refrescante ver cómo se siente el otro lado.

Antes de que Charlotte pudiera replicar, Lena Quinn, su jefa y fundadora del bufete Quinn & Asociados, entró en la sala como si fuera dueña del universo. Lo era, al menos en ese edificio.

-Ah, mis estrellas del litigio -dijo con voz calmada-. Charlotte, Jeshua, felicidades. Van a trabajar juntos.

Silencio.

-¿Perdón? -dijeron ambos al mismo tiempo.

Lena sonrió. Una sonrisa peligrosa, de esas que prometen caos.
-Tengo un nuevo cliente internacional. Necesito a mis dos mejores abogados en el caso. Y eso significa ustedes dos.

Charlotte y Jeshua se miraron como si acabaran de escuchar su sentencia de muerte.

-No pienso trabajar con él -dijo ella.
-Ni yo con ella -respondió él.

Lena levantó una ceja.
-Perfecto. Entonces los dos pueden explicarle a un multimillonario por qué su caso se perdió por culpa de su orgullo.

Y así, sin más, salió de la sala.

Charlotte suspiró.
-Esto es un mal chiste.
-No, Beaumont -replicó Jeshua, tomando asiento frente a ella-. Esto es tu castigo por usar carpetas color fucsia en un entorno profesional.

-Disculpa, el color no afecta mi coeficiente intelectual.
-No, pero distrae al jurado.
-¿Y tú qué sabes? A ti te distrae todo lo que brilla.

El intercambio fue tan rápido que los pasantes presentes -entre ellos Harper Lin, la interna que anotaba todo como si fuera un drama de Netflix- se quedaron boquiabiertos.

Desde el fondo, Nate Rivera, mejor amigo de Jeshua, susurró:
-Esto se va a poner bueno.

Jeshua lo fulminó con la mirada. Charlotte cruzó los brazos, fingiendo indiferencia.

Entonces entró otro personaje, trayendo el caos definitivo: Leo Vidal, abogado recién llegado desde Buenos Aires. Sonrisa encantadora, acento irresistible y aire despreocupado.

-Perdón, ¿esta es la sala donde trabajan los genios? -preguntó mirando directamente a Charlotte-. Porque definitivamente encontré uno.

Charlotte sonrió, divertida.
-Depende. ¿Te refieres a mí o a mi ego?

-A ti, obviamente. El ego ya lo vi en él -dijo señalando a Jeshua.

La tensión se volvió palpable. Nate se tapó la boca para no reír.
Jeshua apretó la mandíbula.
Charlotte solo disfrutaba el espectáculo.

-Bueno -dijo Jeshua con un tono helado-. Si el show de circo ya terminó, ¿podemos comenzar con el caso?

-Por supuesto -replicó Charlotte, girando su laptop-. Aunque aviso: mi presentación incluye diapositivas, efectos visuales y música de fondo.

-¿Qué clase de juicio es este? ¿Un musical?
-Podría ser. Si lo protagonizo yo, seguro gana premios.

Los pasantes se miraron fascinados. Harper ya escribía frenéticamente en su blog anónimo: "Capítulo 1: Enemigos mortales. Pero hay tensión. De la peligrosa."

Mientras tanto, Tessa Bloom, la mejor amiga de Charlotte, la llamaba por mensaje:

No olvides sonreír. Los hombres se confunden cuando les muestras seguridad y belleza al mismo tiempo. 💅

Charlotte soltó una risita antes de responder mentalmente:

Confundido ya está. Solo falta que se enamore.

Lo que ninguno de los dos sabía era que Lena Quinn los observaba desde la puerta con una sonrisa satisfecha.
Había apostado que, antes de que el caso terminara, Charlotte y Jeshua no solo ganarían en la corte... sino también el corazón del otro.

Y si había algo que Lena sabía bien, era reconocer cuando la guerra recién comenzaba.



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En el texto hay: romance, leyes, romance lento y profundo

Editado: 17.06.2026

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