Legalmente ciegos

Capitulo 2: Guerra Declarada

La mañana siguiente, Charlotte Beaumont llegó al bufete con paso firme, el cabello suelto en ondas perfectamente marcadas y un blazer color lavanda que combinaba con su energía de "puedo destruirte con argumentos y tacones".

La oficina entera giró a mirarla. No era solo por su estilo -Charlotte tenía esa presencia magnética que llenaba una habitación. Su sonrisa era tan brillante como sus pendientes, y su perfume, una mezcla dulce de jazmín y confianza, se quedaba flotando en el aire incluso después de que ella pasaba.

Mientras cruzaba el pasillo, Harper Lin, la interna de veinte años con una tablet siempre en mano, murmuró:
-La reina ha llegado.

En el despacho de enfrente, Jeshua Torres levantó la vista del expediente justo a tiempo para verla entrar.
Maldita sea.
Incluso él tenía que admitir que Charlotte era impresionante.

Cabello castaño con reflejos dorados, piel cálida, labios con ese brillo que distraía cualquier intento de concentración. Pero lo que más lo desarmaba eran sus ojos: grandes, brillantes, llenos de vida... y siempre mirándolo como si estuviera a punto de demandarlo.

Jeshua suspiró, ajustando el nudo de su corbata. Su estilo era todo lo opuesto al de Charlotte: camisa blanca, corbata azul oscuro, traje gris impecable, peinado hacia atrás sin un solo cabello fuera de lugar. La elegancia en persona, con un toque de misterio. Tenía esa presencia que hacía que la gente se callara cuando entraba.

Y sí, también ese tipo de atractivo que provocaba suspiros silenciosos entre las secretarias del bufete.

-Buenos días, Torres -dijo Charlotte, dejando su bolso sobre la mesa compartida con un golpe seco.
-Beaumont -respondió él sin mirarla-. Llegas cinco minutos tarde.
-Por supuesto. Quería que el mundo notara mi entrada triunfal.
-Lo notó. Hasta el guardia del estacionamiento dejó caer su café.

Charlotte lo ignoró y desplegó su laptop.
-Bien, comencemos. El cliente nos envió documentación nueva. Es confidencial, así que...
-Ya la leí anoche -interrumpió Jeshua, sin levantar la vista.
-¿Qué? ¿A qué hora?
-Tres de la mañana.
-¿Tú duermes?
-A veces, cuando los abogados color lavanda no me quitan la paz mental.

Charlotte lo fulminó con la mirada.
-¿Sabes? Podría ganar un juicio entero solo usando tu ego como evidencia.

Nate Rivera, sentado en el escritorio de al lado, soltó una carcajada.
-Ustedes dos necesitan terapia de pareja, no un caso legal.

Charlotte rodó los ojos.
-Nate, cariño, ¿no tienes algo más productivo que hacer?
-Sí, pero esto es más entretenido.

En ese momento, la puerta del despacho se abrió y Leo Vidal entró con su sonrisa irresistible. Llevaba una camisa blanca arremangada, cabello oscuro ligeramente despeinado, y esa confianza relajada que solo tienen los que saben que pueden conquistar a quien se propongan.

-Buenos días, equipo de ensueño -dijo, dejando un café frente a Charlotte-. Para ti, hermosa abogada del caos.
Charlotte parpadeó, sorprendida.
-¿Cómo sabías mi orden exacta?
-Lo adiviné -respondió con un guiño.

Jeshua levantó la vista lentamente, sus ojos oscuros clavándose en Leo con una calma peligrosa.
-Interesante. Algunos necesitamos dormir para adivinar, otros preferimos trabajar.

Leo sonrió.
-Y algunos podemos hacer ambas cosas, amigo.

Nate soltó un silbido.
-Uff, esto huele a testosterona premium.

Charlotte se recostó en su silla, cruzando las piernas.
-Tranquilos, niños. No quiero tener que dictar un veredicto sobre quién es más insoportable.

-Eso sería fácil -replicó Jeshua sin perder el control-. Gano yo.
-Oh, claro -dijo Charlotte-. El rey de la modestia.

En medio de las risas, Vanessa Moreau entró. Alta, rubia, impecable. Su acento francés y sus tacones rojos bastaron para que toda la sala guardara silencio. Vanessa era abogada senior del bufete y, según los rumores, había salido con Jeshua hace un par de años.

-Oh, bonjour, Charlotte -dijo con una sonrisa educada, aunque en sus ojos brillaba la competencia.
-Vanessa -respondió Charlotte con una sonrisa aún más dulce-. Qué gusto verte... ¿aún usas perfume de menta o ya cambiaste por algo más caro?

Nate murmuró:
-Y aquí viene el round dos.

Vanessa se acercó a Jeshua y le entregó un documento.
-Esto es para ti, Jesh. No olvides la reunión con el cliente Delgado. Yo también asistiré.
-Perfecto -dijo él sin notar la mirada asesina de Charlotte.

Cuando Vanessa salió, Charlotte fingió una sonrisa.
-Qué coincidencia. Tu ex y tu futura ruina laboral en la misma sala. Debe ser tu día de suerte.

-Solo si la ruina laboral no habla tanto -replicó Jeshua, con una media sonrisa.

Los pasantes se quedaron mirando, sin saber si iban a pelear o besarse.

Harper escribió en su tablet:

Capítulo 2: El triángulo amoroso comienza. Ella brilla, él arde, y el nuevo se atreve a mirar demasiado.

Lena Quinn observó desde el pasillo, satisfecha. El caos era exactamente lo que había planeado.
Charlotte y Jeshua no lo sabían, pero su caso -y su corazón- estaban a punto de complicarse aún más.

Y, en la guerra del amor y la ley, nadie salía ileso ¿cierto cupido?



#5121 en Novela romántica
#1487 en Chick lit
#1672 en Otros
#562 en Humor

En el texto hay: romance, leyes, romance lento y profundo

Editado: 17.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.