El bufete Quinn & Asociados amaneció con un aire de urgencia: la señora Delgado, una magnate de la moda acusada de fraude fiscal, había solicitado defensa inmediata.
Y, para el infortunio de ambos, Lena Quinn había decidido que el dúo más explosivo de la oficina -Charlotte y Jeshua- se encargaría del caso.
8:15 a.m. - Oficina principal
Charlotte entró al despacho con un café nuevo (doble espresso, por precaución) y una carpeta color rosa pastel, adornada con notas adhesivas y subrayadores de todos los tonos imaginables.
Llevaba un conjunto color crema con blazer ajustado, tacones nude y su cabello castaño recogido en una coleta alta.
Perfecta. Pulcra. Y peligrosamente resplandeciente.
-Llegas puntual -comentó Jeshua, sin levantar la vista del expediente.
Su voz sonaba tranquila, pero en el fondo, se odiaba por notar cómo la luz del ventanal resaltaba el brillo dorado de su piel y el verde de sus ojos.
Él vestía un traje gris oscuro, camisa negra y corbata borgoña. Sobrio, elegante, un poco arrogante. El tipo de hombre que parecía esculpido por la paciencia... hasta que Charlotte abría la boca.
-¿Sorprendido? -replicó ella-. No todos llegamos tarde a las reuniones porque estamos demasiado ocupados luciendo serios frente al espejo.
-No tengo que lucir serio, Beaumont, lo soy -dijo él, sin mirarla, aunque en el reflejo de la pantalla de su laptop se veía la sonrisa que intentaba ocultar.
Ella chasqueó la lengua y se sentó frente a él, abriendo la carpeta.
-El caso Delgado es delicado. Necesitamos revisar los contratos de importación antes de la audiencia.
-Ya lo hice anoche.
-¿Tú trabajas en casa?
-No, duermo en la oficina. Es más eficiente que discutir contigo por teléfono.
Charlotte respiró hondo, contando mentalmente hasta diez.
No lo mates, Charlotte. Es guapo. No arruines ese rostro.
🕛 11:47 a.m. - Ascensor central del bufete
Llevaban toda la mañana trabajando juntos, lanzándose indirectas, papeles y miradas que duraban un segundo más de lo profesionalmente aceptable.
Lena había pedido que subieran al piso 20 a entregar un informe.
El ascensor se cerró, y los dos quedaron solos.
El silencio era tan denso que podía cortarse con una cláusula legal.
Charlotte revisaba su teléfono cuando Jeshua habló:
-¿Puedo preguntar algo sin que lo tomes como una provocación?
-Dudo que eso exista, pero adelante.
-¿Siempre usas perfume de vainilla y jazmín o lo hiciste solo para distraerme?
Charlotte alzó la vista, sorprendida.
-¿Qué?
-Es que lo mencionó el equipo de contabilidad. Dicen que tu aroma flota por el pasillo como una advertencia.
Ella lo miró con una mezcla de enojo y diversión.
-Tal vez es mi forma de marcar territorio.
-¿Y el café que me arrojaste también era parte del ritual?
Estaban tan cerca que cada palabra se sentía como un desafío eléctrico.
Pero antes de que ella pudiera contestar, el ascensor se estremeció violentamente y se detuvo.
-¿Qué fue eso? -preguntó Charlotte, sujetándose del barandal.
-Parece un corte eléctrico. Tranquila.
-¿Tranquila? ¡Estamos atrapados a veinte pisos de altura!
-He estado en peores lugares.
-¿Ah sí?
-Sí. En una reunión contigo.
Charlotte lo fulminó.
-Eres insufrible.
-Y tú eres dramática.
-¿Y tú eres un...!
ZAS.
El ascensor volvió a moverse un segundo, se sacudió, y las luces parpadearon antes de apagarse por completo.
Silencio.
Oscuridad.
Respiraciones entrecortadas.
-Jeshua... -murmuró Charlotte.
-Aquí estoy. No te muevas.
Ella sintió su mano rozar la suya en la oscuridad. Tibia, firme, tranquilizadora.
Y durante unos segundos, el miedo cedió al extraño confort de su presencia.
-No te muevas -repitió él, con voz más suave.
-No planeaba hacerlo -susurró ella, sin poder evitar sonreír en la penumbra.
12:10 p.m. - Oficina de recepción
Diana, la recepcionista del bufete, de cabello rizado y personalidad explosiva, escuchó el anuncio en el altavoz:
"El ascensor 2 ha quedado detenido temporalmente. Personal en camino."
Diana levantó una ceja.
-¿El ascensor 2? -le dijo a Harper, que estaba junto al escritorio-. ¿No estaban ahí Jeshua y Charlotte?
Harper soltó un jadeo dramático.
-¡¿Qué?! ¡Eso es historia en proceso! ¡Hay que grabarlo!
Diana sacó su teléfono.
-O al menos estar lista para cuando salgan. Apostaría mi salario a que uno de los dos confiesa algo antes de que los rescaten.
Harper sonrió.
-O se besan.
-O lo demandan.
12:28 p.m. - Dentro del ascensor
Charlotte y Jeshua seguían sentados en el suelo, espalda con espalda.
-Podrías dejar de respirar tan cerca -dijo ella, tratando de sonar molesta.
-Es un espacio de dos metros cuadrados, Beaumont, no hay mucho que pueda hacer.
Ella lo miró de reojo.
En la oscuridad, apenas podía distinguir su perfil, pero cada vez que hablaba, su voz retumbaba como una caricia.
-¿Por qué siempre me contradices? -preguntó ella, casi en susurro.
-Porque eres la única persona que logra ponerme nervioso.
Charlotte se giró lentamente.
-¿Qué dijiste?
-Nada -dijo él, mirando hacia arriba, aunque se notaba la sonrisa-. El calor me está afectando.
Ella rodó los ojos, pero el rubor la traicionó.
Y justo cuando el momento se volvía demasiado íntimo...
PING.
El ascensor volvió a funcionar, y las puertas se abrieron.
Frente a ellos, Leo, Vanessa, Harper y Diana los observaban con expresiones entre sorpresa y deleite.
Leo sonrió con picardía.
-¿Los interrumpimos?
-No -dijo Jeshua, saliendo primero-. Solo estábamos... revisando estrategias.
Charlotte lo siguió, intentando no tropezar con su dignidad.
-Exacto. Estrategias. De trabajo. Legal.
Vanessa cruzó los brazos.
-Claro, querida. Con esa cara de recién sobrevivientes del fin del mundo.