La sala de audiencias del Tribunal Comercial de Londres imponía respeto.
Madera oscura.
Techos altos.
Silencio que pesaba más que cualquier objeción.
Charlotte Beaumont caminó hacia la mesa de la defensa con paso firme, tacones resonando como un metrónomo de seguridad.
Vestía un traje verde oliva impecable, blusa marfil y labios en un rojo contenido, estratégico.
Nada estaba ahí por casualidad.
A su lado, Jeshua Torres ajustó discretamente los papeles.
Traje azul marino, corbata gris. Sobrio. Preciso. Inquebrantable.
La cliente los observaba.
Isabella Delgado -cincuenta y tantos, elegante, mirada filosa- los evaluaba como si fueran un activo más de su imperio.
-Quiero claridad -susurró Delgado antes de que comenzara la audiencia-.
No carisma. No discursos bonitos. Resultados.
Charlotte giró apenas el rostro.
-Señora Delgado -dijo en voz baja pero firme-, usted no necesita que la defiendan. Necesita que la entiendan.
-Eso espero -respondió la mujer-. Porque el fiscal cree que soy una criminal con buen gusto.
Jeshua intervino, sereno:
-Y nosotros vamos a demostrar que es una empresaria que jugó dentro del sistema. Aunque el sistema ahora quiera cambiar las reglas.
Isabella Delgado los miró un segundo más... y asintió.
-Bien. Veamos qué tan buenos son juntos.
Desde la segunda fila, Vanessa cruzó las piernas con elegancia francesa, observando cada movimiento.
Más atrás, Harper Lin ya tenía listo su teclado.
Capítulo 7: Audiencia preliminar.
Beaumont entra como si el tribunal fuera suyo.
Torres parece un arma cargada.
La cliente sonríe. Eso es buena señal.
La audiencia fue un baile perfectamente coreografiado.
Charlotte habló primero.
-Su señoría, este caso no trata de ocultar dinero, sino de estructura empresarial internacional, amparada por tratados vigentes al momento de su ejecución.
Proyectó una diapositiva limpia, elegante.
-Aquí no hay simulación -continuó-. Hay planificación.
Jeshua tomó la palabra después, sin levantar la voz.
-El ministerio público confunde agresividad fiscal con ilegalidad. Y eso, su señoría, no es un delito.
El juez escuchó.
Anotó.
Asintió.
Vanessa apretó los labios.
Al terminar, Isabella Delgado se inclinó hacia ellos.
-Interesante -dijo-. Usted -miró a Charlotte- es peligrosa con una presentación.
-Gracias -respondió Charlotte-. Usted también lo es con una empresa.
-Y usted -miró a Jeshua- es... tranquilizador.
-Es parte del servicio -respondió él.
La audiencia se suspendió hasta la siguiente semana.
Victoria parcial.
Pero victoria al fin.
Horas después, Londres los envolvía con su cielo gris y su encanto cruel.
-Necesito caminar -dijo Charlotte al salir del edificio-. Si me quedo sentada más tiempo, voy a demandar a alguien.
Jeshua la miró.
-Hyde Park está cerca.
-Perfecto. Que la ciudad sea testigo de nuestra cooperación pacífica.
Caminaron sin prisa.
El aire frío.
Las luces.
El murmullo de la ciudad.
Por primera vez desde que llegaron, no hablaban del caso.
-¿Siempre ganas así? -preguntó Jeshua.
-¿Así cómo?
-Con estilo.
-No siempre -respondió ella-. A veces gano con terquedad.
Él sonrió apenas.
-Se te da bien este lugar.
-Londres aprecia a las mujeres que no piden permiso.
Se detuvieron frente al Támesis.
Silencio cómodo.
Demasiado cómodo.
Charlotte se cruzó de brazos.
-No creas que lo de hoy cambia nada.
-No lo haría -respondió él-. Solo demuestra que funcionamos.
Ella lo miró de reojo.
-Funcionamos porque no nos dejamos llevar.
-Exacto.
Una ráfaga de viento la hizo estremecerse.
Sin pensarlo demasiado, Jeshua se quitó el abrigo y se lo colocó sobre los hombros.
Charlotte lo miró.
-Torres...
-No empieces -dijo él-. Es solo frío.
Ella no se lo devolvió.
-Gracias.
Se quedaron demasiado cerca.
Otra vez.
No se besaron.
No se tocaron más de lo necesario.
Pero el momento fue... caliente.
Silencioso.
Peligroso.
Desde unos pasos atrás, Harper los vio y sonrió.
Mini-blog de Harper:
Nota importante:
El abrigo no era necesario.
La tensión sí.
Más tarde, en el hotel.
Charlotte revisaba documentos cuando su teléfono vibró.
Un correo.
Remitente desconocido.
ASUNTO: Delgado no es la única investigada.
Su estómago se tensó.
-Jeshua -llamó.
Él entró a la habitación, serio.
-¿Qué pasa?
Ella le mostró la pantalla.
-Esto no estaba en el expediente.
Leyó rápido.
Demasiado rápido.
-Esto cambia todo -dijo él-. Si esto es real, el caso no es solo fiscal.
Charlotte levantó la mirada.
-Es político.
Silencio.
-Y alguien quiere que lo sepamos ahora -añadió él.
Charlotte cerró la laptop lentamente.
-Entonces no solo estamos defendiendo a una cliente.
-Estamos entrando en algo más grande -respondió Jeshua.
Se miraron.
La ciudad brillaba afuera.
El peligro también.
Mini-blog de Harper (última entrada del día):
Capítulo 8:
Ganaron en la corte.
Casi se pierden en Londres.
Y alguien acaba de mover el tablero.
Charlotte respiró hondo.
-Bueno, Torres...
-Beaumont...
-Parece que esto recién empieza.
Y por primera vez, ninguno sonrió.