Legalmente ciegos

Capitulo 9: Jurisdicciones cruzadas y pasantes en pánico

La sala de conferencias del tribunal de Londres parecía demasiado elegante para el desastre legal que estaban a punto de diseccionar.

Charlotte Beaumont ocupaba la cabecera de la mesa con su laptop abierta, rodeada de post-its fluorescentes, resaltadores, una libreta con stickers dorados que decían "Objeción" y un café que ya se había enfriado dos veces.

A su derecha, Harper Lin estaba sentada rígida, con una carpeta azul demasiado grande para sus brazos y una expresión de no me pagan lo suficiente para esto.

-Respira -le dijo Charlotte sin levantar la vista-. Nadie ha muerto. Todavía.
-¿Eso... se supone que me tranquilice? -susurró Harper.

Jeshua Torres entró justo en ese momento.

Traje negro impecable.
Camisa blanca.
Sin café.
Sin post-its.

Solo documentos impresos, ordenados y una tablet con acceso a bases de datos internacionales.

-Tenemos un problema -dijo, directo.

Charlotte sonrió como si eso fuera música.

-Perfecto. Los problemas son mi especialidad.
Jeshua dejó los documentos sobre la mesa.
-El caso Delgado ya no es solo Reino Unido-Estados Unidos.
-Ajá... -Charlotte se inclinó hacia adelante.
-Hay transferencias vinculadas a España, Panamá y Singapur.

Harper dejó caer la carpeta.

-¿SINGAPUR? -chilló-. Yo apenas sé ubicar Nueva Jersey.

Charlotte se levantó de un salto.

-Eso explica el correo -murmuró-. La triangulación financiera no fue local. Fue estratégica.

Jeshua asintió.

-Y peligrosa. Cada país implica jurisdicción distinta, tratados fiscales diferentes y cooperación internacional limitada.

-O sea -dijo Charlotte-: el fiscal va a intentar convertir a Delgado en la mastermind global.
-Exacto.

Harper levantó tímidamente la mano.

-Pregunta de pasante mal pagado... ¿si esto sale mal, vamos todos a prisión o solo ella?

Charlotte la miró con ternura.

-Harper, cariño, si esto sale mal, escribes un libro. Pero no vas presa.

-Ah... bueno. Menos mal.

-

Horas después, la estrategia tomaba forma.

Charlotte hablaba de pie frente a la pantalla, pasando diapositivas llenas de gráficos de colores, flechas, nombres y fechas.

-Delgado tenía participación indirecta, no control. Las decisiones clave se ejecutaron desde asesores externos en Panamá y una filial en Madrid.

Jeshua intervenía con precisión quirúrgica.

-Y según el Tratado de Asistencia Jurídica Mutua, Reino Unido no puede imputarla por actos ejecutados fuera de su jurisdicción sin prueba de intención directa.

Charlotte chasqueó los dedos.

-¡Eso! -miró a Harper-. Anota: intención directa o nada.

Harper tecleaba tan rápido que parecía una hacker.

-Listo. ¿También anoto que necesito vacaciones después de esto?

-Eso va en notas personales -dijo Jeshua sin levantar la vista.

Charlotte lo miró.

-¿Ves? Hasta tu sarcasmo es minimalista.

-

El momento gracioso llegó sin aviso.

Harper se levantó para repartir copias... y tropezó con el cable del proyector.

La pantalla se apagó.

El archivo se cerró.

Y en lugar del gráfico legal, apareció una presentación vieja de Charlotte titulada:

"Cómo ganar un caso y verte fabulosa en el intento 💅⚖️"

Silencio absoluto.
Jeshua parpadeó.

-¿Eso es...?
-NO -dijo Charlotte, roja-.
Eso no es parte del expediente.

La diapositiva cambió sola.
Paso 1: Nunca subestimes a un hombre con ego.
Paso 2: Usa colores. Siempre.
Paso 3: Sonríe cuando estén perdiendo.

Harper se tapó la boca para no reír.

-Señorita Beaumont... esto es oro puro.

Jeshua se recargó en la mesa, cruzando los brazos.

-¿"Verte fabulosa"?
-Era una conferencia motivacional.
-Claro. Para intimidar.
-Funciona -replicó ella-. Mírate. Sigues aquí.

Él negó con la cabeza, pero una sonrisa mínima lo traicionó.

-Cierra eso antes de que el juez lo vea.

-

Esa tarde, la clienta Delgado apareció por primera vez en persona.

Elegante. Cansada. Con miedo mal disimulado.

-No quiero ser el chivo expiatorio -dijo con voz firme-. Yo confié en mi equipo.

Charlotte se sentó frente a ella.

-Y eso no es un crimen.
Jeshua añadió:
-Pero necesitamos que sea completamente honesta. Cada país. Cada firma.

Delgado respiró hondo.

-España fue el inicio. Panamá, el canal. Singapur... el blindaje.

Charlotte y Jeshua intercambiaron una mirada.
Esto iba a ser grande.

-

Al caer la noche, caminaron por Londres.

Sin trajes.
Sin carpetas.
Solo tensión acumulada y luces reflejándose en el Támesis.

-Eres buena -dijo Jeshua, rompiendo el silencio-. No solo creativa. Buena de verdad.

Charlotte alzó una ceja.

-¿Eso fue un cumplido?
-No te acostumbres.

Caminaron un poco más.

-Vanessa me pidió cenar -dijo él de pronto.
Charlotte no se detuvo.
-¿Y?
-Dije que no.

Eso sí la hizo girarse.

-¿Por qué?
-Porque no era honesto.

Silencio. Denso. El tipo de silencio que grita.

No se tocaron.
No se besaron.

Pero el aire ardía.

-

Desde el hotel, Harper escribía:
Capítulo 9:
El caso Delgado es internacional.
España, Panamá, Singapur.
Mi boss Beaumont gobierna con post-its.
El papucho de Torres con tratados.
Yo casi arruino todo con un PowerPoint fabuloso.
Ellos no se besan.
Pero deberían.

Londres seguía brillando.
Y el caso -y ellos- acababan de cruzar un punto sin retorno.



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En el texto hay: romance, leyes, romance lento y profundo

Editado: 18.06.2026

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