Legalmente mío #1

Capítulo 7

Capítulo 7:

❝Tensión❞

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ஜAshley Olsenஜ

El sol entraba tímido por la ventana de la cocina, dibujando líneas doradas sobre la mesa y el piso. El aroma del café recién hecho me golpeó suavemente la nariz, y un par de tostadas todavía humeantes se mezclaban con el olor de mantequilla derretida. Miré con una sonrisa ligera el desayuno, a medida que escuchaba unos pasos acercarse.

—¡Buenos días por la mañana!

—Bájale, manita —Verónica apareció con cara de zombie mañanero, cabello despeinado y ojos aún medio cerrados—. ¿De veras?

—¿Qué? —respondí riendo, ignorando las punzadas casi inexistentes en mis sienes.

—¿Cómo es que vos no tenés cruda? —Se sentó frente a la isla, masajeándose las sienes, mientras se quejaba.

—Sí tengo, solo un poco, pero que no lo demuestre es otra cosa —le dije encogiéndome de hombros, dejando frente a ella su plato y un vaso con jugo, añadiendo unas pastillas—. Mi madre me enseñó un truco para que el cuerpo no se queje tanto al día siguiente. Funciona bastante bien, casi ni se siente.

Verónica me lanzó una mirada entre admiración y reproche, pero no dijo nada más mientras se devoraba el desayuno tras tomarse la pastilla; sabía que cualquier comentario mío sobre "remedios milagrosos" siempre terminaba con una carcajada o un intento fallido de imitación.

—Necesito llamar a Soraya urgentemente —dijo de repente, casi terminando su desayuno.

Mientras, yo organizaba el desorden de la cocina y terminaba los tacos que Benja saldría a reclamar dentro de nada. Ya había desayunado hace unos minutos. El remedio milagroso de mi mamá fue unas dos horas antes que me levanté con la necesidad de ir al baño, así que a proveché que estaba más lúcida y hecha mierda como Verónica ahora, luego volví a dormir hasta no hace mucho.

—¿Sabes? Siento que me pasé de chupitos ayer.—Añadió, cerrando los ojos por un instante.

—Ah, ¿no me digas? —me burlé de buena gana, recibiendo una mirada filosa, pero nada molesta.

—Ash, no te pongas odiosa.

Se marcha de la cocina, quejándose de su estado y la escucho hablé con Benja, quien no duda reírse de ella unos segundos antes de aparecer en la cocina.

—¿Y mis tacos? —Benjamín se sentó en donde antes estaba Verónica, luciendo tan radiante como algunos días en los que no trasnocha por culpa de su trabajo.

—Buenos días, Ben —Me crucé los brazos, observándolo divertida.

—Sí, ¿dónde están los buenos días? —Verónica regresó, burlona y maldijo en voz baja por el dolor de cabeza— Solo despertaste para insultar a esta princesota.

Se pavonea, moviendo su cabello tal cual un comercial de shampoo. Sonrío.

—Buenos días, reinas hermosas —dijo él, haciendo una reverencia exagerada y divertida, sin siquiera moverse del taburete.

—El sarcasmo brota de tus entrañas, me gusta. —le respondí, dejando que Verónica se retirara a la sala, murmurando algo sobre “dramática”, mientras Benjamín soltaba una risa.

Coloqué los tacos en un plato sobre la isla. Benjamín, tomó mis manos entre las suyas y las besó como si fueran un tesoro sagrado.

—Gracias, reinita —dijo, me soltó y empezó a comer—. Mhmm… qué gustazo.

—Sí, claro, vos solo me querés por los tacos —le respondí, fingiendo ofenderme mientras fregaba la loza.

—¡Desmiéntelo, es falso! —Ben replicó, con tono falsamente chillón, provocando risas.

En breve, Verónica regresa a comer tacos también y se enfrascan en una discusión entre bromas, y observé el reloj en la pared.

—Me tengo que ir, se me hace tarde —les avisé, recogiendo mi bolso de la sala.

—Ve tranquila, yo termino el resto antes de irme. —dijo ella.

—Gracias —le di un beso rápido en la mejilla e hice lo mismo con Ben, colgando el bolso en mi hombro.

—¿Te llevo? Ya sabes que no me hace camino, pero puedo llevarte.

—No, me iré en bus. Pero gracias. —le dije q Ben, señalando la mancha de ketchup en su rostro, y salí del apartamento con un último adiós para mis amigos.

Mientras caminaba hacia la parada, aproveché a escribirle a mi hermano y a mi mamá, a ver qué tal todo iba por allá.

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El chófer del bus no se apiadó de mí cuando le grité para que se detuviera mientras lo correteaba un par de cuadras, así que me fui en metro. Sabía que llegaría tarde, pero era el único que me llevaría relativamente a tiempo. Media hora más de retraso, no es lo mismo que dos. El metro había sido más lento de lo que esperaba, y llegué con la sensación de que todas las miradas invisibles del mundo se posaban sobre mí. Suspiré, sacudí los hombros y respiré hondo.

Como otros días, solo murmuré un saludo general y fui directa a mi lugar de trabajo. Jennie me esperaba apoyada en su escritorio.

—Ashley —dijo, con un toque de incredulidad y sorpresa—. Pensé que te había pasado algo en el camino, o que no vendrías por la hora.

—Corrí tras el bus, no pude cogerlo, así que esperé el metro —contesté, todavía tratando de recuperar un poco de mi compostura—. Nada grave, solo retraso.

Jenny arqueó una ceja, divertida.

—Bueno, al menos llegaste y estás bien —dijo, dándome un pequeño golpe amistoso en el brazo—. Te están esperando en la oficina del jefe.

Mi estómago dio un pequeño vuelco. Eso me huele a manada, y no sé si estoy lista para verlo, no a su padre, sino a él. Poco recordaba de la noche anterior, lo último que supe, conscientemente, es que se ofreció a llevarnos al apartamento y no le agradecí, que yo recuerde no lo hice. Verónica no me comentó nada tampoco de ayer en la noche, así que supuse que no pasó nada importante después de qué Christian nos dejara en el apartamento.

Pero desde que me levanté en la madrugada, a prepararme el remedio milagroso de mi madre, siento que estoy olvidando algo, y es como toparme con una pared cuando intento recordar.

Aún así, tenía miedo de que de verdad había pasado algo más anoche de lo que yo no recuerdo, incluso hacer el ridículo, y ahora tendré que verlo a los ojos. No lo sé, me causa algo de ansiedad tan solo pensarlo.




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