Capítulo 10:
❝Propuesta❞
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ஜAshley Olsenஜ
El portón principal de la mansión se abrió ante nosotros y, al cruzar, nos recibió una señora con su sonrisa cálida y firme.
—Bienvenidos, por favor, síganme. —Nos indicó mientras nos conducía por un pasillo amplio, con paredes revestidas de madera pulida, cuadros que reflejaban la luz cálida de los candelabros y alfombras persas que amortiguaban nuestros pasos.
Mis ojos no podían evitar recorrer los detalles, al igual que mi familia: jarrones de cristal tallado, lámparas colgantes que iluminaban suavemente, y la sensación de espacio sin sentirse frío. Mi madre mantenía su compostura tranquila, pero atenta, a mi lado. Mientras Asher iba un poco más adelante que nosotras, curioso.
Al llegar al comedor, elegante y espacioso, la familia Teixeira se levantó de sus asientos. Diego, a la cabeza, nos observaba con educación; Alondra a su lado, sin perder la sonrisa; sus hijos ya estaban de pie, frente a las sillas. No pude evitar asociar la imagen ante mis ojos con una escena de película militar.
—Ashley, querida, qué gusto verte —dijo Alondra mientras se inclinaba ligeramente para un abrazo rápido que me dejó sorprendida, ya que eran muy escasas las interacciones que tenía con ella—. Usted debe ser la señora Olsen.
Mi madre correspondió con un apretón cordial al saludo de Alondra, y así siguieron los saludos entre nosotros y los Teixeira. En medio de esto, un poco nerviosa —honestamente lo estoy desde que le escribí avisándole que ya estábamos aquí— avancé hacia Christian, quien al mismo tiempo lo hacía en mi dirección.
Extendí la mano, insegura por un instante de como saludarlo, y él la tomó con delicadeza. Un leve beso en mi mejilla siguió al gesto, y sus dedos rozaron mi mano antes de que se retirara; todo fue rápido, sutil, y apenas perceptible para los demás, pero suficiente para que un escalofrío recorriera mi espalda.
No tuve tiempo para sonrojarme; Alondra nos indicó sentarnos que ya iban a servir la cena. Nos acomodamos en la mesa: Diego a la cabeza, Alondra a su lado, los hermanos de Christian a lo largo de la mesa y Asher frente a ellos, al lado de mi madre que se encontraba a mi izquierda. Christian quedó a mi otro lado, de manera que nuestros miradas se cruzaban fácilmente con solo voltear un poco el rostro.
Noté a mamá algo incómoda mientras los empleados de esta familia servían la cena, pero se limitó a participar en la conversación con los padres de Christian, mientras mi hermano hacía lo propio con Priscila y Javier.
No pude evitar pensar en lo que había conversado con mamá esta tarde mientras preparábamos la cena en el apartamento. Finalmente le hablé de Christian, como había sido mi amor platónico como a un artista durante tres años. También sobre cómo halagó mis capacidades en la oficina de su padre, alegando que no sabía porqué yo seguía en el puesto en que estoy. Le dio la razón, cabe decir, aunque luego se enojó un poquito cuando toqué el tema de la fiesta de fundación y el cómo había sido un poco idiota, al igual que su padre. Pero sonrió con algo de extrañeza, en mi opinión, al decirle que se había disculpado conmigo, tarde pero lo hizo. No recuerdo mucho de la noche de la fiesta a la que su hermana me invitó, ni tampoco me he esforzado en averiguarlo, pero en los flashbacks que tenía por ratos alguno que otro día, escuché como se disculpaba en mi estado medio inconsciente esa noche.
Aún no sabía si esto era un terreno neutral, si solo sería amistad o algo más, pero cada vez que nuestros pasos coincidían, sentía pequeñas chispas de algo indefinible.
Christian, sacándome de mis pensamientos, se inclinó hacia mi oído para susurrar:
—Você é muito bonita.
No entendí casi nada, no sé portugués, pero la pronunciación de la última palabra sí que es bastante clara, por lo que le agradezco, sintiendo mis labios tirar de una sonrisa pequeña.
—¿Cómo fue el viaje desde Marbella? —preguntó en un tono bajo, solo para nosotros aunque los demás parecían bastantes entretenidos conversando.
—Bien… aunque mamá se mostró más cansada de lo normal —Admito, sin darme cuenta de la familiaridad con la que me expreso; miro a mi madre un instante—. Tomó una siesta al llegar al apartamento de casi dos horas, pero la oí mencionar estar cansada otra vez. No quiero pensar de más, pero estoy preocupada. No está comiendo del todo bien, aunque intente ocultarlo.
—Si quieres, puedo organizar un chequeo rápido en un hospital privado.
Lo miré, negando con rapidez.
—Aprecio tu preocupación, pero no es necesario, me encargaré yo misma.
—Siempre será necesario cuando se trate de salud —Insiste—. Para mí no es ninguna molestia, por favor, déjame ayudar.
Antes de que pudiera responder, un tenedor cayó al suelo. Todos nos callamos y miramos a mi hermano, que murmuró un apenado “perdón”. Le sonrío tranquilizándolo, sin saber el motivo de sus nervios, incluso Priscila le dice que no pasa nada, pero la voz de mi madre acalló cualquier sonido:
—¿Su hijo y mi hija… casarse?
¿Qué? Quise exclamar, pero de mí no salió nada. Estoy… desconcertada. Atontada. Cualquier adjetivo para como me sentía no era suficiente en este momento. Un pitido en mis oídos nublaba las voces de mi jefe, su esposa y mi madre, sin entender lo que decían. Asher me miraba con preocupación, pero en las mismas —o un poco menos— que yo.
Ni en mi estado de ¿shock? reaccioné cuando Christian de puso de pie a mi lado, me hizo verlo —ni siquiera fui consciente de que fue en automático— y abrió una cajita pequeña en sus manos, antes de murmurar:
—No quería hacerlo de esta forma, pero dada las circunstancias… —abrió la cajita que contenía un anillo precioso que seguro costaba mis dos riñones juntos— Quiero casarme contigo, Ashley.
Lo que me hizo reaccionar, volver en sí, fue el grito de Asher tirándose de la silla para llegar hasta nuestra madre. Hice lo mismo, literalmente, siendo la que estaba más cerca de ella y la agarré contra mí, antes que su cuerpo se desplomara hacia un lado, con dirección al suelo.
Editado: 20.02.2026