Capítulo 11:
❝Me casaré contigo❞
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ஜAshley Olsenஜ
El sol golpeaba suavemente sobre la terraza del segundo piso, filtrándose a través del toldo y dibujando sombras irregulares sobre la mesa donde nos sentamos. Apenas había más mesas ocupadas, solo una pareja más a lo lejos que parecía disfrutar de la misma tranquilidad que nosotros. Mientras me acomodaba en mi silla, sentía cómo mi corazón aún no se acostumbraba a esto: almorzar con Christian, después de todo lo que había pasado, después de haber dicho que mañana le daría una respuesta. Aun así, allí estaba, con mi decisión tomada, o al menos con la intención de mantener la calma hasta que terminara el día.
Me aseguré de que mamá estuviera bien antes de salir, hablándole a Asher para que estuviera atento, para que me avisara de cualquier cosa que sucediera mientras yo no estaba. Los dos acordamos que hablaríamos con ella después de que regresara, aunque insistiera en que no quería ir al hospital, terca como siempre. Sabía que no sería fácil convencerla, pero también sabía que Asher se encargaría de no dejarla sola en eso. Y yo… yo solo podía esperar, confiando en que entre los dos haríamos que accediera, porque no podía quedarme sin hacer nada si algo pasaba.
Christian rompió el silencio primero, suave, pero directo, como siempre:
—¿Y tu mamá… cómo se siente hoy?
La pregunta me alcanzó como un golpe leve, despertando el nudo que llevaba en el pecho desde que salimos de casa. No respondí de inmediato, porque no había una forma simple de explicarle lo que sentía cada vez que pensaba en ella, en lo que había pasado y lo que todavía podía pasar.
—Ella… dice que está bien —empecé, bajando la mirada a la terraza, viendo cómo el sol bailaba sobre la mesa—. Pero no puedo evitar notar su debilidad, cómo se cansa con facilidad, cómo a veces su voz se quiebra sin que ella quiera admitirlo. Es… difícil —suspiré, dejando que unas pocas lágrimas silenciosas me recorrieran la mejilla sin darme cuenta—. Hoy iremos al hospital, después del almuerzo. Ella sigue terca, dice que no quiere ir, pero Asher y yo vamos a hablar con ella. Siempre lo hacemos así.
Mi voz se quebró un poco más al recordar aquellos días oscuros, los pasillos del hospital, las agujas que parecían interminables, el miedo constante de que cualquier cosa pudiera ir mal. Ser la que se quedaba con ella todo el tiempo me había hecho fuerte, sí, pero también había dejado cicatrices profundas. No podía imaginarme a mí misma contándole esto a alguien más sin romperme por dentro, y aún así, allí estaba frente a Christian, sintiendo que podía confiar en él.
Él me miraba con atención, sin interrumpirme, con un gesto tan tranquilo que parecía absorber todo mi miedo y mis palabras entre el sol y la brisa. Sin que me diera cuenta, había movido su silla y ahora estaba más cerca de mí, su presencia silenciosa ofreciendo un consuelo que no necesitaba palabras para existir. Apenas noté el contacto cuando terminé de hablar, como si sus brazos me hubieran envuelto sin que yo lo supiera, como un escudo invisible que sostenía mi angustia.
—Debe haber sido… muy duro —dijo finalmente, con voz baja pero firme, colocándose un poco más cerca—. Para ti, para Asher, para ella. No puedo imaginarlo, pero puedo intentar ponerme en tu lugar. Debe haber sido agotador, sentir que todo depende de ti mientras tu madre lucha, mientras ves que todo parece en contra, y aun así, mantener la esperanza… Debe haber sido muy pesado.
Su intento de consuelo no era lástima, no había palabras que me hicieran sentir inferior ni pena. Era comprensión, silenciosa y fuerte, como si de verdad pudiera entender el peso que llevaba sin haber pasado por lo mismo. Respiré hondo y dejé que su cercanía calmara el temblor que sentía, mientras mis manos temblaban levemente sobre la mesa.
Cuando me sentí un poco más estable, cambié de tema con suavidad, aunque el miedo y la confusión seguían revolviéndose dentro de mí. La conversación se desvió hacia la cena del sábado, hacia la propuesta que Christian me había hecho. Era un tema que todavía me provocaba un torbellino de emociones: incredulidad, desconcierto, miedo, una mezcla imposible de ordenar en palabras claras.
—Sobre… la noche del sábado —empecé, con un hilo de voz, dejando que mis pensamientos se entrelazaran con la brisa que golpeaba mi rostro—. No entiendo… No entiendo por qué me elegiste a mí. Apenas nos conocemos, y de repente… de la noche a la mañana… todo esto. Siento que… que es demasiado, y a la vez, no puedo dejar de pensar en lo que significó para ti, para mí, para todos nosotros. Sé sincero, ¿tus padres… te obligan a hacer esto o…?
Christian inclinó la cabeza, con calma y paciencia, sus ojos buscando los míos mientras escuchaba, su rostro sereno como siempre.
—Ashley… —dijo con voz suave, casi un susurro, tocando apenas la mesa con la palma de su mano cerca de la mía—. No estoy obligado por mis padres, no es un matrimonio forzado. Quiero casarme contigo. Te elegí a ti porque… porque no hay otra que se le parezca. —Hizo una pausa, respirando hondo, y agregó—. Y… quiero disculparme también. Por lo que pasó con tu mamá el sábado. No fue mi intención causarle malestar, ni que se desmayara. Sé que fue duro, y siento que… debí haberlo manejado mejor.
Mi corazón se comprimió un instante. La culpa que sentía él por algo que yo no podía entender del todo me hizo sentirme aún más confundida, pero también segura de que podía confiarle mis emociones. Las lágrimas empezaron a deslizarse de nuevo, silenciosas, mientras recordaba cada aguja, cada lágrima, cada noche interminable junto a mamá. Apenas pude hablar cuando sonó mi teléfono.
Era Asher.
La llamada me llenó de un miedo instantáneo, recordando la fragilidad de mamá.
—¿Ashley? —su voz nerviosa atravesó la línea—. Es mamá…
Un nudo subió por mi garganta, la sensación de náusea me golpeó desde el estómago hasta la boca del estómago, obligándome a soltar el teléfono. Mi cuerpo se dobló hacia un lado, temblando, mientras el calor del miedo y la angustia me vencía y devolvía todo el almuerzo en el suelo de la terraza.
Editado: 20.02.2026