Capítulo 13:
❝Contrato matrimonial❞
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ஜAshley Olsenஜ
Han pasado cinco días desde que acepté casarme con Christian Teixeira.
Cinco días desde que en un hospital, con el olor a desinfectante quemándome la garganta y el miedo a perder a mi madre todavía fresco en el pecho, dije "sí" a una propuesta que ni siquiera fue una pregunta.
Cuatro días desde que lo vi sonreír cuando acepté, pero no una sonrisa de esas que uno esperaría. Fue una sonrisa rara. Ladina, sí. Pero también... no sé. Había algo más. Algo en sus ojos que no terminaba de encajar.
Y por más que trataba de buscarle una respuesta a mis dudas, no obtenía más que el doble de las mismas y lo único claro es que me voy a casar dentro de dos semanas.
No diré si me arrepiento o no de haber aceptado, porque ni para eso tengo respuesta. Solo que… estoy en una encrucijada. Sé que no es correcto quedarme en ese punto medio confuso, pero yo misma me retengo aquí. ¿Por qué? Vaya tú a saber.
—¿Te gusta, mamá?
La pregunta sale de mis labios casi sin pensar, mientras Alice ajusta un trozo de tela sobre mi hombro y yo me miro al espejo de cuerpo entero. Estoy en mi habitación —nuestra habitación, porque desde que mamá está aquí, todo es un poco de todos—, rodeada de mujeres que me observan como si fuera un maniquí en un atelier, llena de telas y alfileres.
Mamá está semi recostada en la cama, con la espalda apoyada contra la pared y un par de almohadas detrás que Verónica le acomodó hace un rato. El gotero está a un lado; ya le falta la mitad del medicamento para pasar al suero de hidratación. Se ve agotada, pero insiste en que está bien. Lo bueno dentro de lo malo es que no tiene intenciones de rendirse, tiene ganas de luchar contra el bicho.
Porque en el fondo, aunque no me lo diga, sé que le hace ilusión esta boda. A pesar de sus dudas y conocer ¿el acuerdo? entre Christian y yo. No es fácil deducir que piensa qué tal vez pueda ser feliz y amada por él, teniendo en cuenta que le dije que me gustaba de vista —platónico como Verónica lo llama— desde hace tres años y algo.
—Estás preciosa, mi niña. —Su voz suena cascada, pero firme, sus ojos cristalizados de la emoción quiero creer—. La decisión es tuya, hija. Pero tienes que saber que te ves preciosa.
—Gracias, ma —susurro.
Alice aprovecha para ajustarme otro alfiler y probar otro tipo de tela.
Miro a Alondra y a Priscila Teixeira. Madre e hija llegaron con Alice hace algunas horas para la prueba de vestido. Más bien, para tomar mis medidas y gustos para la tela y el diseño, ya que lo van a hacer exclusivamente para mí. Fue un poco incómodo, no voy a mentir.
Faltaban dos semanas para que se celebrara mi boda con Christian Teixeira. Dos jodidas semanas y estaré casada con el codiciado millonario de la industria tecnológica, el último hijo del famoso empresario Diego Teixeira.
Da igual la forma en la que se diga, por más que las noticias quieran adornar el acontecimiento, todos dicen lo mismo. Y eso lo odio, en cierto punto. Nunca he sido famosa y mis cuentas de internet están todas privadas, pero desde que mi rostro salió a luz en televisión —me delató un empleado de Teixeira’s Company Model— me pongo paranoica hasta para ir al baño, pensando que quizás alguien me esté vigilando por la pequeña ventana para subirme a internet y decir lo primero que se le ocurra. Nunca me gustó las revistas amarillistas antes de siquiera entrar a la preparatoria, ¿por qué me gustaría ahora que estoy —desgraciadamente— en el ojo público?
Christian, aunque no hemos hablado más que unas palabras por mensajes, dijo que hoy vendría para coordinar unas cosas de la boda. Solos. Él y yo. Acepté antes de pensarlo; ¿por qué lo haría? No tiene sentido. También aproveché para decirle sobre mi incomodidad con eso de estar en la mira de sus fans, de la prensa… del mundo de la fama. Me tranquilizó saber que no han dado con mi domicilio, ni toda mi información personal, y mucho menos han podido descubrir la identidad de mi familia —ya sería el colmo, mi familia siendo acosada por fanáticos de mi esposo y periodistas—. Pero que no garantizara mi exclusión del mundo de la fama…. No me gustó en lo absoluto. No obstante, me resigno a ello ya que sé que no está en sus manos hacer algo para que nadie me note, porque casarme con él es aprender a lidiar con la prensa y toda esa bola de chismosos. No me mal entiendan, pero la mayoría solo busca un punto sobre ti para trazar varias líneas que no son más la mayoría que chismes, mentiras y hechos tragiversados a su beneficio. Todo por ganar atención.
Escucho a Alondra charla con mi mejor amiga, mi madre, Priscila, incluso Alice también, sobre las cosas que faltan y ya tenemos para la boda. El salón está casi listo, el catering confirmado, las flores, la decoración, los invitados, y muchas otras cosas que me marean un poco a decir verdad.
No sabía que casarse conllevaba tantas cosas.
No.
Mejor dicho: No sabía que casarse con Christian Teixeira conllevaba tantas cosas.
—La música lo está coordinando Christian —añade Alondra, con una pequeña sonrisa.
Mi teléfono suena con un mensaje entrante, sobre la mesita de noche, junto a la cama. Verónica me lo alcanza y cuando miro la pantalla, mi corazón da un vuelco.
Christian: Hola, Ashley. ¿Puedes bajar un momento? Estoy afuera.
Dijo que vendría… y aquí está.
—Disculpen —interrumpo la conversación de las mujeres sobre si llevar bailarines o no—. Alice, ¿me das unos minutos?
—Claro, claro —asiente ella.
—¿A dónde vas? —me pregunta mamá, en un tono curioso.
Siento el calor subirme a las mejillas.
—Es Christian —digo, y mi voz sale más temblorosa de lo que me gustaría—. Está abajo. Necesitamos aclarar unas cosas.
Todas me miran. Alondra con una sonrisa, Priscila con curiosidad, Alice con una expresión neutra, Verónica con esas ganas de soltar un chiste que me avergüence como buena amiga que es.
Editado: 07.03.2026