Capítulo 14:
❝Minutos antes❞
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ஜAshley Olsenஜ
Hoy me caso.
Suena raro decirlo, incluso pensarlo. Pero aquí estoy, frente al espejo de mi habitación, a unas horas de estar delante de un altar diciendo 'sí quiero' a mi crush, al hijo de mi jefe… a un hombre del que no sé si puedo fiarme del todo. Prácticamente un desconocido.
La voz de mamá me devuelve a este momento, cuando me dice:
—Estás preciosa, mi niña.
Miro de refilón en el espejo y luego busco su reflejo. Mi madre está en la cama, semirrecostada contra las almohadas. El gotero ya no está; hoy descansa. Tiene la piel menos pálida que otras mañanas, los ojos más vivos. Aún se le nota el cansancio, sí, pero también las ganas de luchar contra la enfermedad. Ayer le hicieron análisis y el resultado fue satisfactorio, todo está estable gracias a Dios.
Su voz suena cascada, pero firme. Tiene los ojos cristalizados, pero no llora. Solo me mira y sonríe con una emoción evidente que me aprieta el pecho.
—Gracias, mami.
La verdad es que no solo me siento muy bonita, también me veo como sacada de un cuento. Mi vestido de novia es blanco, con un montón de detalles en violeta que hacen juego con el broche que me regaló mamá. Las mangas son cortas, de encaje, con pequeñas piedras del mismo color. El escote no es muy pronunciado, pero marca lo justo. La falda cae suave, con unas mariposas bordadas en hilo violeta que recorren la tela como si estuvieran volando. Los zapatos son blancos, con un tacón no muy alto, y en el empeine tienen un adorno de encaje plateado con más mariposas diminutas. El velo es sencillo, sujeto con una hebilla de florecillas blancas y violetas que Alice me colocó hace un rato. Y el ramo, que descansa sobre la mesita, es un montón de violetas naturales rodeadas de blanco.
Todo combina. Todo es bonito. Se tuvo en cuenta mi color favorito para la decoración y otros detalles. Christian lo sabía. No tengo ni idea de cómo, pero en ese momento no le di importancia. Estaba ocupada sintiéndome emocionada por mi primera boda, sabiendo que todo es un contrato que tiene fecha de caducidad. Pero en el fondo, muy en el fondo, anhelaba que todo fuese real.
Estaba a nada de sentirme como la novia de verdad, no la del contrato.
—Ay, no, ahora sí que me callo —dice Verónica desde la puerta, con los brazos cruzados y una sonrisa de oreja a oreja—. Porque si abro la boca, lloro, y mi rímel no está preparado para esto.
—No estás usando rímel —le recuerdo riendo.
—Por eso. Imagínate si me lo hubiera puesto hoy.
Benjamín aparece detrás de ella, con la corbata ya puesta y el traje impecable, no muy distinto de su outfit de abogado, pero destaca. Se queda quieto un segundo, me mira de arriba abajo, y luego se lleva una mano al pecho con dramatismo.
—Reina, esto es ilegal. No se puede ser así de… de… no tengo palabras. Y mira que soy abogado.
Me río. No puedo evitarlo.
—Estás muy guapa, Ash.
—Gracias, chicos.
Asher entra detrás de ellos, se apoya en el marco de la puerta, me mira, y suelta:
—Capulla preciosa.
—¿Eso es un halago? —pregunto, arqueando una ceja divertida.
—El mejor que vas a recibir hoy —se jacta, airoso— Porque los demás te van a decir lo guapa que estás, pero yo te digo la verdad: estás preciosa y además eres una capulla. Mi capullita. Eso es amor de hermano.
Mamá suelta una risa corta desde la cama. Es imposible no hacerlo.
Pregunto a nadie en específico por la hora, un poco nerviosa. Alice llama a la puerta de mi habitación y le digo que pase.
—Ya he hablado con Alondra.
Intento no verme nerviosa y le pregunto cuánto falta.
—Alondra dice que todo está casi listo, solo faltan los novios, pero eso es a la hora acordada. Tranquila, aún tenemos tiempo —añade al ver mi cara; no sé qué expresión puse, en realidad—. El coche no pasa hasta dentro de un rato.
—Sí, pero la iglesia no espera —apunta Benjamín—. O bueno, sí espera, pero el cura se pone nervioso.
—El cura se pone nervioso —repito, un tanto divertida—. ¿Y tú cómo sabes?
Alice se disculpa cuando su teléfono suena y sale de la habitación.
—Porque una vez fui invitado a una boda donde la novia llegó tarde y el pobre no paraba de mirar el reloj.
Asher se ríe.
—¿Esa fue Anastacia, la amiga de tu prima, eh? —Benjamin asiente ante las palabras de mi hermano— Si Ashley llega tarde, el que va a mirar el reloj va a ser Cristhian. Y no creo que sea por impaciencia, sino por si puede cobrar por tiempo extra.
Tardo unos segundos en entender el comentario de mi hermano mientras mis amigos se ríen con disimulo y mamá frunce el ceño en su dirección regañándolo.
—Está bien, mamá. No pasa nada.
Sí que pasa.
Diría que me hizo mucha gracia si no fuera yo de la que se habla. Pero en realidad me da un poco de miedo y muchos nervios que mi hermano haya soltado una predicción en vez de un chiste.
O sea, puede pasar de todo.
Joder.
Me quedo unos segundos más frente a mi reflejo, pensando en lo raro que es esto. En cómo hace unas semanas mi vida era otra. En cómo mi madre estaba bien y de pronto acabó en una recaída. En cómo Christian apareció con sus contactos, con sus médicos, con su forma de ayudar sin pedir nada a cambio.
Con la mirada fija en el reflejo, un recuerdo de esa noche viene a mi mente.
—¿Estaría mal que me gustaras?
—No te creo.
—Lo sé.
Alejo ese recuerdo, porque me va a confundir más de lo que ya estoy. ¿Por qué existiría una posibilidad así? Aunque bueno, para elegirme como esposa tuve que haberle llamado la atención físicamente o quizás verme linda y ya sin llegar a Sergio atracción. Supongo.
Frunzo el ceño ligeramente.
¿Por qué me siento rara?
—¿Todo bien, capullita?
Siento una mano sobre mi brazo acompañado de la voz de Asher. Los demás no nos prestan atención porque están enfrascados en una charla.
Editado: 27.03.2026