Capítulo 16:
❝Confusión❞
•═•═•═•═•═•═•ஜ۩۞۩ஜ•═•═•═•═•═•═•
ஜAshley Olsenஜ
El avión aterrizó en Brasil pasadas las doce del mediodía. La escala en Lisboa había sido corta, apenas lo justo para estirar las piernas y tomar un café antes de volver a subir. Cuando por fin salimos del aeropuerto y el aire cálido y húmedo me golpeó la cara.
—¿Te gusta? —preguntó Christian a mi lado, mientras el coche del hotel arrancaba.
—Seguro que ha valido la pena —respondí, mirando por la ventanilla las palmeras, el cielo azul intenso, las calles llenas de vida.
Él no dijo nada. Solo sonrió con esa media sonrisa suya que nunca sé bien cómo interpretar.
El hotel “Luna” estaba justo frente al mar. Una construcción blanca y elegante, con grandes ventanales que dejaban entrar la luz y un vestíbulo amplio con olor a flores frescas y sal marina. Mientras Christian se encargaba del registro, yo miraba a través del cristal la franja de arena que se extendía más allá de la piscina. La playa. El mar. El mismo mar al que, según él, me iba a enseñar a surfear.
Dios me libre de hacer el ridículo con espectadores.
—¿Lista? —dijo a mi espalda, y asentí sin mirarlo.
Subimos a la suite en un ascensor de cristal que ofrecía vistas cada vez más altas del océano. Cuando abrió la puerta, me quedé un segundo en el umbral. Era enorme: una cama grande frente a un ventanal que daba directamente al mar, un sofá cómodo al fondo, una mesa de trabajo junto a la ventana. Todo en tonos claros, madera y blanco. Demasiado bonito para ser real.
—Hay una habitación contigua si prefieres dormir separados —dijo Christian, dejando su maleta junto al armario.
—La cama es bastante grande para ambos —respondí sin pensarlo demasiado y me corregí de inmediato:— Quizás deba verificar si está acondicionada la habitación contigua.
Me miró un segundo, luego asintió dubitativo.
Me aclaré la garganta, y esa pequeña incomodidad, esa tensión que no sabía cómo nombrar, se quedó flotando entre nosotros como el olor a mar que entraba por la ventana entreabierta.
Un rato después de desempacar y guardar todo —porque es bastante cansón abrir y cerrar la maleta todo el rato para buscar algo—, Christian me dijo que adelantaría un poco del trabajo para que al regresar no hubiera acumulado.
Cuando me ofrecí a ayudarle no objetó, al contrario; accedió y me instalé en el sofá con mi portátil, mientras él estaba en el escritorio con la suya. Ninguno de los dos sabíamos que traeríamos nuestros equipos, en realidad. Y aunque mi trabajo sea literalmente hacer recados, tenía una laptop que me proporcionó la empresa y con ella estudiaba un poco y ayudaba de vez en cuando a Jennie.
Christian me dio acceso a su correo para que lo ayudara a revisar los que le llegaron desde hace unos pocos días; fui diciéndole el contenido de cada uno cuando me entró uno al mío.
Mamá sigue prefiriendo los emails, aunque use los mensajes directos y los de WhatsApp.
Tecleo una respuesta a la pregunta de mi madre de si habíamos llegado bien. No había querido molestarla porque sabía que estaría en su siesta.
—¿Todo bien? —cuestionó cuando dejé de hablar.
Subí la mirada para encontrarme con la suya, sonriendo un poco. Había dejado de teclear en su portátil, mirándome con el ceño ligeramente fruncido.
—Es mi madre.
—Vale —murmura, desviando su mirada hacia la pantalla del portátil—. ¿Cómo se siente?
—Dice que bastante bien —respondo mientras leo la respuesta de mi madre—. Ha tomado una siesta y en una hora cenarán, mañana le harán otros análisis a ver si evolución.
No sé qué es lo que me lleva a contarle sobre el estado actual de mi madre. Quiero mentirme diciendo que es porque lo hace por puro compromiso, pero noto la genuinidad en sus expresiones y voz.
—Me alegra saberlo.
Suena sincero con sus palabras. No puedo mentirme a mí misma de esa forma.
Paso saliva.
—Gracias.
Acabo pronto la conversación con mi madre, antes de seguir ayudando a Christian. En algún punto de la tarde, en lo que él atiende una llamada de sus padres, escucho vagamente el apellido Davis. Cuando cuelga, me atrevo a preguntar por el apellido y la relación con el hotel en el que nos estamos quedando.
—Son socios de mi padre —me dice sin verse molesto en lo absoluto por mi curiosidad—. Llevan años en el sector turístico, aunque también en el mundo de la moda por Ivanna Davis. Este hotel es de ellos; fue construido y nombrado en honor a la esposa de León Davis.
—Luna. —murmuro, viéndolo asentir, mientras siento una especie de cosquilleo fantasma en mi nuca.
Raro.
Trabajamos en silencio un par de horas. Realmente no sé en qué momento me sentí como la socia de trabajo de mi esposo, cuando solo soy una chica de los recados en la empresa de su padre. No me estoy menospreciando, no tengo esa mentalidad, pero tengo clara mi realidad y no planeo aprovecharme de mi matrimonio con Christian para escalar en el ámbito laboral.
En algún momento, nuestras manos se rozaron al intercambiar el ordenador. Christian no dijo nada, pero yo sentí el roce como una pequeña descarga eléctrica que recorrió mi brazo.
Basta, Ashley, es solo un contrato.
Pero mi corazón no parecía haberlo entendido.
—¿Vamos a la playa? —dijo Christian, cerrando su ordenador.
Miré el reloj que marcaba las cuatro de la tarde. El sol aún calentaba, pero ya no quemaba.
—Vale —respondí.
Lo ví dirigirse al baño de la suite mientras me fui a la habitación donde me había instalado tras decir aquello, para cambiarme.
Volví a pensar en mis palabras.
¿La cama es batante grande para ambos? ¿En serio, Ashley?
Resoplé, poniéndome la pieza de arriba del traje de baño.
•═•═•═•═•═•═•ஜ۩۞۩ஜ•═•═•═•═•═•═•
La playa del hotel era bastante grande y preciosa, una arena blanca y finísima, y el mar… el amor es de un azul intenso.
#10236 en Novela romántica
matrimonio por contrato, empleada y millonario, el cliché de los teixeira
Editado: 18.04.2026