Capítulo 20:
❝Barbie❞
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ஜAshley Olsenஜ
A la mañana siguiente me desperté tarde. Christian ya se había levantado y me dejó una nota en la mesita, anunciando que me esperaría en el restaurante para desayunar.
Me arreglé sin prisa y bajé. Él ya estaba sentado en una mesa junto a la barandilla, con vista a la playa. Charlamos de cualquier cosa que se nos ocurriera en aquel momento, disfrutando del desayuno. Al terminar llamé a Madrid para saber de mi familia, en especial de mamá.
Ella me dijo que había dormido bien, que los análisis dieron estables y que seguía con los tratamientos, con días regulares pero sin sobresaltos. También hablé con mi mellizo y con mis amigos, que estaban con ella. Christian aprovechó a saludar y luego fue al revés: salí al teléfono para saludar a sus padres cuando los llamó.
Realmente, todo va tan bien que me asusta un poco. No puedo evitarlo.
Después del desayuno subimos a la suite a cambiarnos, aunque le dije que no era necesario Christian insistió en ir cómodos. Así que cambié mi outfit por un vestido ligero de tirantes, rosado claro, y unas zapatillas balerinas. Él se puso un short playero de color arena, una camisa de lino blanco, y unas deportivas del mismo color.
Bajamos un rato a la playa, caminamos por la orilla sin meternos del todo, y cuando el sol empezó a calentar, decidimos ir al centro comercial antes de la hora del almuerzo. Fuimos caminando, no estaba tan lejos, por lo que en menos de diez minutos llegamos.
El centro comercial al estar ubicado muy cerca de la playa y vender artículos y ropa de verano admiten la entrada con outfits playeros. Era enorme, con techos altos de cristal y plantas colgando de las barandillas. Había gente, pero no tanta como para sentirnos aplastados.
Christian caminaba a mi lado, sin prisa, con las manos en los bolsillos del short. De vez en cuando señalaba alguna sección y me preguntaba si quería acercarme. Yo decía que no, que solo mirábamos. La verdad es que no necesitaba nada, y la ropa de allí daba hasta miedo mirar los precios.
Hasta que llegamos a una sección de ropa de hombre. Los maniquíes llevaban pantalones, camisas, chaquetas ligeras de colores neutros, y mucho más. Me quedé mirando un pantalón beige colgado de un maniquí. Eran de tela fina, con una caída que parecía hecha a medida, dándole un aire fresco y relajado.
Me quedé mirando la prenda un par de segundos más de lo normal. Luego, sin querer, me imaginé cómo se le vería a Christian puesto.... lo imaginé sin la camisa, solo con esos pantalones puestos, y tuve que apartar la vista.
—Deberías probártelo —dije, mi voz me salió un poco ronca.
—¿Tú crees? —preguntó Christian, mirando en la dirección que le señaló.
Asentí.
—Entonces confiaré en tu sentido de la moda —bromeó, acercándose a las perchas que colgaban la misma prenda, revisando las tallas.
Encontró la suya en menos de un minuto. Con el pantalón en la mano, echó a andar hacia los probadores. Lo seguí, con intenciones de sentarme en el mueble a esperarlo, al mismo tiempo que le respondí:
—No me contrataron solo para llevar cafés —dije, riéndome un poco—. Recuerda que tu padre tiene un filtro exigente en las entrevistas.
—Mi padre debió contratarte como gerente de logística —respondió mientras ingresaba al probador.
—Oh, vamos… —murmuré, dejándome caer sobre el mueble.
—En serio, Ashley —dijo desde dentro—. Puedes aspirar a un puesto más alto. A algo propio, incluso. Un negocio. Ya te lo dije…
Se quedó callado de repente cuando escuchó a una empleada hablarme. Ni cuenta me di cuando se acercó.
—¿Necesita ayuda, señorita? —preguntó amablemente— ¿Busca algo en especial?
—No, muchas gracias —respondí, con una pequeña sonrisa—. Solo estoy esperando a que salga mi esposo del probador.
La palabra me supo rara al decirlo. Aún no me acostumbro a llamarlo así en voz alta, aunque eran muy pocas las veces. La empleada asintió, me dijo que si necesitaba algo no dudara en pasar por el mostrador, y se retiró.
Christian retomó la conversación:
—Como te decía —dijo desde dentro—, puedes aspirar a mucho más, Ashley. Te lo digo en serio. También puedo ayudarte, pero no sé cómo lo tomarías…
Niego en silencio, mirando todo lo que me rodea.
—Aguarda. Sí sé. Primero…
Sus palabras llegaban hasta mí, pero yo ya no las escuchaba del todo. Mis ojos se habían ido hacia unos metros de mi posición, hacia esa mesa plegable con ropa de la sección juvenil. Camisetas de colores pastel. Shorts cortos. Faldas de mezclilla.
Y entre todo eso, una cesta grande llena de pijamas. Estaban en oferta, supuse, porque estaban doblados sin orden, mezclados unos con otros. Compras por cantidades.
Me levanté del mueble sin hacer ruido, dejándolo hablar solo y me dirigí despacio, con pasos cortos, hacia allí. En la cesta enorme abundaban conjuntos de dos piezas en tonos rosados. Había uno de mi talla encima de todos, era de los que vienen juntos por la etiqueta; una blusa de tirantes casi top y un short pequeño y corto, elástico, sin cierre ni botones. El pijama tenía un diseño de estampado con la icónica cabeza de Barbie. Mirándolo bien, el pijama debe quedarme un poco holgado, si exagerar.
Me fijo en el probador donde está Christian.
¿Y si...?
Sonreí con un tinte de malicia en mi mente y la adrenalina llenado mis venas, por la anticipación de lo que haría. Agarré el conjunto y volví hacia el probador, tratando de no alertar a Christian de mi presencia... ¿ausencia tal vez? Ni siquiera supo de mi pequeña escapada momentánea; estaba quejándose del pantalón mientras yo alternaba la mirada entre la tela granate que nos separaba y el pijama rosa que tenía en las manos.
—Están un poco ajustados...
—Puede que sean así —dije volteando un pcoo el rostro, tratando de que mi voz sonara normal.
#11049 en Novela romántica
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Editado: 07.06.2026