Legalmente mío #1

Capítulo 22

Capítulo 22:

❝Cena de negocios❞

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ஜChristian Teixeiraஜ

Llegamos de día sin incidente, y cuando salimos al pasillo de la terminal, el bullicio de Madrid nos envolvió con esa energía distinta a la de Brasil. Caminamos hacia la cinta de equipaje sin soltarnos la mano. Fue ella quien me la dio primero, justo al bajarnos, sin decir nada, como si fuera lo más natural del mundo. Desde entonces no la he soltado.

¿Por qué lo haría?

No sé si ella lo ha notado, pero no he sido capaz de apartar mis dedos de los suyos, ni siquiera para recoger las maletas. Ella llevaba la suya con la mano libre, y yo la mía, como si hubiéramos ensayado esa coreografía sin haberla planeado.

Llegamos a la zona de salida cuando un grupo grande de personas entraba en ese momento, y tuvimos que apartarnos unos pasos para dejarles pasar. Nos quedamos quietos, hombro con hombro, y ella se giró hacia mí con una sonrisa de esas que se le suben a los ojos y la dejan iluminada. Yo, como un idiota, me quedé mirándola sin decir nada.

¿Cómo puede ser tan hermosa?

—¿Qué? —preguntó.

—Nada —dije, y mi voz sonó más ronca de lo que pretendía.

Cuando la gente pasó, seguimos caminando. Cruzamos las puertas de la salida, y el sol de Madrid nos golpeó de lleno.

Y entonces noté que Ashley se detenía. Su mano seguía en la mía, pero su mirada se había desviado hacia un punto a nuestra derecha.

—¿Sebastián? —dijo en voz alta, con una mezcla de sorpresa y duda.

Un hombre de piel blanca, de espaldas a nosotros, con una maleta en una mano y el teléfono en la otra, se giró al oír su nombre. Al verla, sus ojos se abrieron como platos. Parecía estar en una llamada porque colgó el teléfono sin mirar la pantalla, lo guardó rápido, y en ese mismo instante Ashley soltó mi mano y su maleta, y echó a correr hacia él.

Agarré su maleta antes de que saliera rodando por ahí.

Él soltó su maleta y la recibió con los brazos abiertos. Se abrazaron como dos viejos amigos que no se veían desde hacía años, balanceándose de un lado a otro mientras reían.

¿Lo serían?

Yo me quedé donde estaba, con ambas maletas en las manos, observando la escena. En Brasil, cuando me reencontré con Holly en la playa, Ashley se había quedado mirándonos desde lejos. Y cuando conocí a Héctor, su novio, lo vi hablar con ella y sentí un cosquilleo incómodo. Ahora el cosquilleo volvía, viendo a Ashley abrazar a otro hombre.

Antes de acercarme, miré a nuestro alrededor como algunos nos miraban, incluso me pareció ver el flash de una cámara. Ahora es cuando me arrepentía de no haber mandado a buscar mi coche.

Ambos rompieron el abrazo cuando terminé a su lado.

—Christian —dijo él, tendiéndome la mano.

—Davis —respondí, estrechando su mano brevemente.

Ashley, al oírme, frunció el ceño ligeramente alternando la mirada entre ambos. Nos señala.

—¿Se conocen?

—Sí —respondió Sebastián—. Hemos hecho negocios juntos, hemos compartido reuniones, cenas de negocios... —sonrió—. Pero no somos amigos, ¿verdad, Christian?

Hice un sonido con mi garganta como respuesta. Sebastián Davis se ríe, antes de señalarme.

—Porque él no quiere —le dice a Ashley, sonriendo—. Seríamos buenos amigos, ¿a que sí?

Ruedo los ojos, escuchándolos reír. La miro, y una pequeña sonrisa tira de mis labios.

—¿Y cómo se conocen ustedes?

—Somos amigos de la infancia —respondió ella—. Lo conocí a los seis en Marbella, luego se mudó y... perdimos contacto.

—Pero aquí estamos. Me alegra haberte visto de nuevo —le dijo sonriendo—. Me sorprendió ver que se habían casado, lo hice en las noticias.

Ashley se rió, un poco avergonzada.

—Ha sido rápido. Pero bueno...

Sebastián me miró, y una sonrisa ladina se dibujó en sus labios.

—He visto lo del centro comercial. Muy... original.

No pude evitar soltar una risa corta y señalé a la mujer de mi lado.

—Eso fue culpa de ella.

—¿Yo? —protestó ella, con la mano en el pecho—. Tú fuiste quien salió del probador con el short de Barbie.

—Porque me cambiaste los pantalones.

—Y funcionó —sonríe—. Te volviste viral.

Los tres nos reímos. Por un momento, me olvido de donde estamos y que algunos nos ven mientras murmuran.

—Oye, ¿por qué no vienen a cenar a casa uno de estos días? —— Sería bueno, ¿no lo creen?

Estaba a punto de agradecer y decir que no, pero Ashley se adelantó.

—Me encantaría —dijo, con una sonrisa—. ¿Cuándo?

La miré de reojo. No había duda en su voz, solo una emoción incapaz de apagar. Yo no fui capaz de contradecirla.

—Hay que organizarla, le diré a mamá para semana —respondió—. A propósito, Christian, ¿vas a la cena de negocios hoy en la noche? Mi padre me arrastró de último minuto, supe que también estará Milton.

La mención de Jared Milton me tensó la mandíbula. Recordé la fiesta de fundación, cómo se había acercado a Ashley, cómo la había hecho reír mientras yo estaba ocupado haciendo entrar en razón a Karolina. Milton no es una mala persona, pero no quiero que esté cerca de mi mujer.

Sebastián añadió, en tono de broma:

—Igual podrías traer a Ashley, así no me aburro mientras hablan de inversiones —añadió y la miró—. Así nos pondríamos al día.

—De hecho, eso ya lo hablamos en el avión —dije, y mi mano encontró la cintura de Ashley, pegándola a mi costado—. Ashley va a venir conmigo.

Ella me miró, sorprendida por mi gesto, pero asintió corroborando mis palabras. Pude notar de reojo su nerviosismo y el sonrojo de sus mejillas me hizo sonreír como idiota.

En el avión le había dicho que hoy en la noche había una cena de negocios de último minuto a la que asistiré en representación de mi padre, y le sugerí que fuera conmigo. También le prometí dar un paseo después de esa cena, antes de llevarla a su casa. En ese momento aceptó sin muchos miramientos, para luego recostar su cabeza en mi hombro y quedarse profundamente dormida. El resto del vuelo vigilé su sueño, su comodidad y no dejé de mirarla, salvo cuando cerré los ojos por un segundo y el sueño me venció.




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