Legalmente mío #1

Capítulo 23

Capítulo 23:

❝Todavía la amo❞

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ஜAshley Olsenஜ

El silencio del baño me envolvía como una burbuja. El ruido de la cena, las voces, las risas, todo quedó atrás cuando cerré la puerta.

Me apoyé en el lavamanos, abrí el grifo y dejé que el agua fría mojara mis manos. Luego me las llevé al rostro, sintiendo cómo el frescor calmaba la tensión que se me había acumulado en la nuca. Levanté la cabeza y me miré al espejo.

Sabía por qué me levanté de esa mesa y escapé hasta aquí. Pero no me lo iba a admitir a mí misma porque entonces se haría más real de lo que supongo ya es.

La forma en la que me miraba.... ¿Por qué demonios me hace esto? Fue claro en el contrato, prometí cumplirlo. Pero viene él con sus extrañas contradicciones y esa maldita confesión en el hospital a hacer una revolución no solo en mi cabeza, sino también en mi alma.

¿Quién, maldita sea, le dio a Christian Teixeira el derecho a...?

Gruño de la impotencia, mirándome a mí misma por el reflejo del espejo, con el ceño fruncido.

Ni siquiera puedo decirlo.

Y luego estaba Sebastián, mi amigo de la infancia en Marbella. ¿Por qué coño tuvo que decirme sobre la relación pasada de mi esposo con la hermana de Jared, justo antes de entrar al restaurante?

De eso hablábamos un poco apartados, mientras Christian y Mauricio Davis estaban enfrascados en una conversación.

No tuvo que decírmelo. Preferiría seguir en la ignorancia y hacerme absurdas teorías por las miradas que esa mujer nos lanzaba a Christian y a mí, a saber que fue la ex prometida de mi esposo.

Es... molesto, realmente molesto, tener a mi propia mente en mi contra sin darme tregua. No puedo evitar pensar en Jane Milton y Christian Teixeira. No tengo el contexto entero, solo la superficie, y es por eso que estoy al borde de un ataque de nervios por tan buena imaginación que tengo y odio ahora mismo.

Es absurdo. Ni siquiera hay algo real entre Christian y yo, y aunque aunque hubiera estado situación... creo que sería distinta.

Maldita sea, me estoy ahogando en un vaso que ni siquiera tiene agua.

Bajé la mirada a mis manos mojadas y con un suspiro lastimero cerré el grifo. Acerqué mis manos al secador de pared y esperé unos segundos. Justo la puerta se abre e instintivamente miré hacia allí.

Dios... no.

Jane Milton entra con la misma elegancia con la que se movía en la mesa a la hora de enderezarse o incluso de hablar. No pareció sorprendida de verme allí. De hecho, su mirada me encontró directamente, como si ya supiera que yo estaría ahí.

Ahora me siento en esas escenas de telenovelas donde la protagonista y una villana se enfrentan en un lugar cerrado, listas para tirar veneno.

Demonios... tengo que salir de aquí.

—Parecías un poco sorprendida cuando Jared me presentó como su hermana. —su voz suave, casi melodiosa, me detuvo antes de que pudiera avanzar a la salida.

La miré lavarse las manos en el lavamanos de al lado del que yo estaba, con una calma algo extraña.

¿Es ahora cuando me pide que me aleje de Christian?

—Es que... pensé que Jared era hijo único —atiné a decir, sin saber muy bien cómo explicar mi reacción.

Honestamente, no pude esconder mi sorpresa cuando Jared me la presentó. Apenas y pude salir de mi estupor, dándole un ligero asentimiento, sin poder mantener mis ojos en ella. Uní los puntos rápidamente, Jane Milton era la ex prometida de mi esposo. Era la única mujer soltera, aparentemente, en la mesa. Sin contar las señas disimuladas de mi amigo en su dirección.

Ella soltó una risa corta, enjuagando sus manos bajo el grifo.

—Es una historia complicada, pero no es tan dramática como parece —cierra el grifo y acerca sus manos al secador—. Soy hija fuera del matrimonio, pero mi padre me reconoció desde pequeña. Mi madre ocultó su embarazo, pero cuando apareció, él me dio su apellido. Crecí con mi hermano y con la esposa de mi padre. Nunca hubo conflicto.

Bueno, me acabo de enterar de casi la vida entera de los Milton. Algo que ni siendo usuario premium podrías saberlo de internet porque de los Milton solo aparecen los nombres del difunto, los negocios y ahora es que aparece un par de imágenes de Jared. A la esposa se le menciona, pero no hay ni una imagen sobre ella.

—Nunca fuimos de estar en el ojo público en cuanto a nuestra vida personal —añadió, encogiéndose de hombros—. Preferimos mantener separado la casa de los negocios, un viejo dicho de mi abuelo paterno.

Hubo un breve silencio, mientras se arreglaba el labial frente al espejo.

—¿Ya conociste a toda la familia de Christian?

Ahí estaba. La verdadera razón por la que vino al baño dos minutos después de mí.

—Lo he hecho —respondí, sin querer entrar en detalles y analizando sus movimientos como si fuera a predecir su próximo comentario.

Jane Milton asintió, y su mirada se volvió ligeramente más intensa.... o eso me pareció, cuando se volteó para quedar frente a mí.

—¿Por qué la pregunta?

Ladeó la cabeza, al mismo tiempo que una sonrisa vacilante bailaba en su semblante.

—Entonces aún no has conocido a Rosalie.

Más que una pregunta, fue una deducción. Hasta me pareció ver una amarga diversión brillando en sus ojos.

¿Qué le parece tan gracioso?

No queriendo delatarme, guardo silencio. Aún no he conocido a la tía de mi esposo ni a su prima. Ni siquiera a su abuela Rita. Pero eso no tiene por qué saberlo ella. A todas estas, ¿por qué lo pregunta?

—La prima de Christian. —aclara, como si hubiera leído la verdad en mi rostro.

—Sí —dije, como si no me sientiera avergonzada ahora mismo—. Rosalie Corvallis.

—Esa misma —confirmó, y su sonrisa se volvió un poco más enigmática—. Ten cuidado con ella.

—¿Por qué lo dices?

Por un momento, su rostro perdió toda esa cortesía que había mantenido hasta entonces.




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