Legalmente mío #1

Capítulo 25

Capítulo 25:

❝Consejo de hermano❞

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ஜAshley Olsenஜ

Suelto un suspiro, recostando mi espalda al mueble tras lanzar el teléfono a la cama. Recién acabo de ver el mensaje de Christian donde dice que contrató a más personas para cuidar a mi madre de los periodistas. Supuse que algo salió en Internet, como era de esperarse. Aún así, no verifiqué nada en las redes sociales ni le respondí el mensaje.

La cabeza la tengo en otra parte.

—¿Era Christian?

Veo como mi hermano ingresa en mi habitación masticando sabrá Dios que cosa y se deja caer sentado en mi cama, de frente a mí.

—No seas chismoso. —Murmuro, cogiendo el cojín del mueble para lanzárselo.

Lo atrapa en el aire y lo pone sobre la cama, antes de acomodarse de modo que queda semi acostado con el codo apoyado en el colchón.

—Pregunto porque me preocupas —murmura, sin rastro de broma en su tono—. ¿Cómo va el plan de no enamorarte del hijo de tu jefe, alias tu esposo?

Guardo silencio, meditando mi respuesta. Asher no parece estar en su faceta de hermano molesto y bromista, realmente quiere tener una charla seria.

Y yo estoy hecha un lío mental ahora mismo.

—Creo que no puedo seguir con esto, Asher —me sincero, con la voz de mi esposo en mi cabeza; el mismo tono que usó en el auto para hablarme—. Las reglas fueron esclarecidas antes de la boda, acepté por la ayuda a mamá y él... él me confunde.

«Todavía la amo.»

Sí, esas palabras fueron grabadas a fuego en mi cabeza. No tuve que preguntar. No debí ir a esa cena. No debí... sentir de más.

Lo de anoche fue... intenso. Desde la cena de negocios hasta lo del auto. No tenía que preguntarle nada, no era asunto mío ni problema de él que me sintiera así. Aún así, me comporté como una niña haciendo un berrinche, ignorándolo hasta que me trajo a casa.

Sumándole que arruiné los planes que teníamos antes de regresar. Recordar el entusiasmo cuando me dijo para el paseo tras la cena, me revuelve el estómago.

Le debo una disculpa. Él ni siquiera sabe todo el rollo de película que ocurre en mi cabeza.

—Menudo lío, eh.

Asiento, mirándolo de nuevo.

—Pero oye, si no supiera que esto es una farsa, me lo hubiera tragado como imbécil.

Alzo una ceja.

—¿De qué hablas?

—Ese hombre babea por ti, capullita.

«Esa mujer... ¿todavía la amas?»

«Todavía la amo.»

Sacudo la cabeza, queriendo borrar esos recuerdos. Pero es como si mi propia mente jugará en mi contra y me los repite como bucle.

—Christian ama a otra mujer.

Asher se me queda mirando en silencio y tras unos segundos en los que me oregunto si está respirando porque ni siquiera parpadea, niega lo que digo.

—Te hablo en serio, me lo dijo él mismo anoche.

Se baja de mi cama y me pide que espere un momento. Cuando regresa, lo hace con dos cervezas en las manos y me ofrece una.

—Toma.

Niego.

—Tengo una cena con Sebastián y su familia esta noche y en un rato debo ir al penthouse de Christian a llevar las maletas. No pienso aparecerme en ningún lugar borracha.

Y como andan los periodistas, no dudo en que salga en los titulares con una foto vergonzosa que reflejará mi estado de ebriedad.

—No vas a emborracharte hasta la madre, Ashley —rueda los ojos—. Pero esto merece una cerveza.

Al final acabo por cogerla, pero no le doy ni un sorbo hasta que empiezo hablar, justo en los momentos en que mi cabeza quiere volver a anoche y mi corazón quiere salir corriendo.

—En la cena de negocios de anoche no solo fuimos nosotros, también fue la hermana de Jared...

—¿Quien es Jared? —pregunta, interrumpiéndome.

—Larga historia.

—La quiero oír.

—Céntrate, capullo. Eso no es lo importante ahora.

Mi mellizo mira al techo mientras pone una expresión de sufrimiento.

—¿Quién me obliga a aguantar este maltrato?

—Tu vena chismosa y el amor que me tienes.

Me mira.

—Ay, que linda eres —me da una falsa sonrisa y hace un gesto con su mano para que continúe—. Dale, suelta la sopa.

Me río, y tras tomar otro sorbo, continúo hablando. Tal vez contárselo a alguien me ayude a esclarecer mis pensamientos, a no sentirme de esta forma.

¿En serio, Ashley? A mí me parece que no.

Suspiro cansada, porque luchar contra mí misma es bastante agotador.

—Jane, la hermana de Jared fue la ex prometida de Christian hace como tres años. Yo no lo sabía, Sebastián me lo dijo en la entrada del restaurante.

—Tu amigo es un problemático.

En el tiempo que vivimos mamá, él y yo en Marbella nunca pudieron coincidir con Sebastián, pese a que diario estábamos juntos y sabían de su existencia. Caprichos del destino, supongo.

—No fue intencional —lo defiendo—. Yo pregunté quién mas iba y mencionó a Jane, y no sabía quien era así que le pregunté y me dijo.

—Como sea —le quita importancia con un gesto de su mano—. Prosigue.

—Me sentí incómoda. No paraba de mirarnos, sobre todo a mí. Me interceptó en el baño...

—No me digas que te amenazó para que te alejaras de Christian.

—No Me río negando—. De hecho, fue para advertirme.

—Advertir es sinónimo de amenazar, ¿sabías? Pero ya, ¿qué te dijo?

—Me dijo que tuviera cuidado, que Rosalie, la prima de Christian fue quien provocó su separación y que puede hacer lo mismo con nosotros ahora.

—¿Por qué la prima de tu esposo haria algo así? —Se ve extrañado— Capullita de mi vida, ¿qué clase de telenovela mexicana estás viviendo?

—Luego de la cena, de camino aquí le pregunté. —añadí, con cierta vergüenza.

—¿Se lo soltaste a quemarropa?

—¡Por supuesto que no! —la vergüenza no me abandona, sino que incrementa y pongo todo mi esfuerzo para ignorarlo— Me insistió bastante para que le dijera qué pasaba por mi cabeza. Me dio vergüenza, pero terminé preguntándole, o más bien comentándole sobre lo que me dijo Sebastián.




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