Legendary!

Capítulo 6 – Un último intento.

El suelo temblaba bajo la pisada de muchos aldeanos. Varios hombres rodearon a Trollb0t, extendiendo las manos cubiertas de escarcha. Un frío azul comenzó a recorrer su cuerpo metálico, subiendo por sus piernas y devorando sus articulaciones.

Trollb0t trató de huir, pero su mecanismo soltaba chispazos intermitentes.

Trollb0t: Rápido, huy—

No alcanzó a terminar la frase antes de que una capa de hielo lo envolviera por completo, silenciando su voz metálica con un crujido seco.

Tomás levantó las manos, retrocediendo entre el vapor helado.

Tomás: Suéltenlo o les disparo.

Apenas pudo lanzar una descarga antes de que el hombre que los había llevado hasta ahí se abalanzara sobre él. Lo sujetó del cuello y lo golpeó con tal fuerza que todo su mundo se volvió negro.

Cuando Tomás despertó, un olor a moho y óxido llenó sus fosas nasales. La cabeza le daba vueltas. Parpadeó, intentando enfocar la tenue luz que colgaba del techo como una luciérnaga cansada.

Tomás: Trollb0t… Trollb0tsito, ¿dónde estás? Ahí estás.

El robot estaba al otro lado de la habitación, dentro de una jaula de acero, conectado a tubos y cables que sacaban chispas. Un zumbido débil salía de su pecho apagado.

Tomás: Bueno… pudo ser peor.

Intentó moverse, pero estaba encadenado al suelo con grilletes gruesos. Un collar metálico le apretaba el cuello, emanando un brillo rojizo que le drenaba la energía.

Tomás: Apenas consigo dominarla un poco y ya me la quitan.

Suspiró, bajando la mirada. Trataba de mantenerse optimista, pero la realidad lo golpeaba con fuerza.

Si tan solo pudiera… si tan solo pudiera disparar con los ojos.

Sus pupilas se encendieron en un destello dorado. Dos delgados rayos amarillos salieron de ellas, golpeando la pared con un zumbido débil antes de desaparecer.

Tomás: Oh… ¿cómo hice eso?

Intentó repetirlo, incluso diciendo lo mismo, pero no ocurrió nada. Solo el sonido de su voz rebotando entre los muros húmedos.

Tomás: Quizás esta cosa solo me debilita, pero no me anula por completo.

El sonido de una puerta metálica interrumpió sus pensamientos. Un hombre con ropas marrones y un gorro gastado, similar al suyo, entró en la celda.

—El líder quiere hablar contigo. Sígueme y no intentes nada estúpido, o el castigo será peor.

Presionó un botón y las cadenas se soltaron. Tomás se frotó las muñecas, se sacudió el abrigo y lo siguió.

El pasillo era largo, con antorchas en las paredes de piedra. Todo olía a leña y metal viejo.

—Gira a la derecha. Ahí está. Buena suerte —dijo el guardia antes de cerrar la puerta tras él.

La madera rechinaba bajo sus botas mientras avanzaba lentamente, pensando cómo liberar a Trollb0t y escapar.

Dos hombres enormes lo esperaban en la entrada del salón principal. Lo empujaron con fuerza hacia dentro.

Al fondo, tras una mesa de madera tallada, un anciano de barba blanca lo observaba con una calma inquietante.

—Toma asiento, chico. Cuéntame… ¿cómo te llamas y por qué estás aquí? Y, ya que estamos los dos solos, ¿qué te dijo tu amigo metálico?

Tomás se sentó a regañadientes.

Tomás: Me llamo Tomás… pero puede decirme Tomás.

Se quedó callado un segundo, dándose cuenta de lo absurdo que había sonado.

Tomás: Ni siquiera sé cómo llegué aquí. Mi amigo no me dijo nada malo, solo estábamos peleando por la comida del lugar.

El anciano entrecerró los ojos.

—Qué conveniente, Tomás. No lo sabes.

Tomás tragó saliva, pero logró mantener la compostura.

Tomás: ¿Y usted cómo se llama?

—Kael Frostborn. Pero puedes llamarme señor Frostborn.

Lo dijo con orgullo, aunque tosió justo después.

Frostborn: Una última cosa antes de que vuelvas a tu celda. Tu habilidad, ¿dónde la conseguiste? ¿Cómo era cuando la obtuviste?

El aire se volvió más denso. Tomás lo miró con nerviosismo y trato de hablar con seguridad.

Tomás: ¿Mi habilidad? Cuando llegué a este lugar ya la tenía. Creo que tenía forma de relámpago azul o algo así, no recuerdo mucho.

Kael bajó la mirada, frotándose la frente con fastidio.

Frostborn: Pensé que cooperarías por las buenas, pero veo que eres terco. Y tonto también. ¿De verdad crees que puedes mentirme tan fácil?

Su voz sonó más fría que el viento que azotaba Frostmount.

Frostborn: Ya tomé una decisión. Llévenselo. Lo necesitaremos dentro de tres noches.

Dos hombres lo arrastraron fuera del salón y lo devolvieron a la celda, donde el guardia de antes lo esperaba.

—¿Qué hiciste para que el líder se molestara contigo? Me grito por la radio que no tienes remedio.

Tomás: Solo dije la verdad. No sé cómo llegué ni cómo obtuve mi habilidad.

—Sí, claro. Muy creíble. Por cierto, ¿tienes nombre?

Tomás: Solo dime Tomás.

—Un gusto, Tomás. Yo soy Karner. Te lo digo porque solo te veré tres días más. Al menos sabrás quién te acompañó antes de morir.

Tomás: ¿Qué?

—Ups. Eso fue en voz alta. En fin.

Tomás cerró los ojos y respiró hondo. Pelear no servía de nada.

Tomás: Oye, piénsalo. No ganas nada con tenernos aquí. No valemos la pena ni tenemos nada interesante.

Karner: No te voy a liberar. Aunque tienes razón, no gano nada con cuidarte.

Tomás sonrió con malicia.

Tomás: Tengo un amigo en Neon City. Podría conseguirte un mejor trabajo ahi.

Karner lo miró con cansancio.

Karner: Tengo una esposa enferma y un líder que no cree en la compasión. Le pedí ayuda y dijo que era el ciclo de la vida. ¿Cuál es tu idea?

Tomás le explicó una versión modificada del plan de Trollb0t porque no recordaba el original. Karner escuchó en silencio.

Karner: Espero que sea cierto o los dos acabaremos peor que muertos. Pero tengo una mejor idea.

Tomás: Soy todo oídos.

Karner: Espera los tres días. Diré que te volviste loco y huiste al pueblo abandonado. Eso causará suficiente caos para cubrir tu escape.



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En el texto hay: violencia, accion con poderes, mundo épico

Editado: 15.01.2026

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