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Capítulo 8 – Tormenta sobre Frostmount. (Parte 1)

Varias personas rodeaban las jaulas donde estaban Karner, su familia y otros que también se habían atrevido a traicionar al señor Frostborn. Los hombres del líder cargaban madera húmeda, apilándola alrededor de las rejas y lanzando un poco dentro de ellas.

Cuando terminaron, Frostborn caminó hacia el centro, sosteniendo una antorcha que ardía con una fuerza antinatural; su llama se negaba a morir incluso con la tormenta de nieve que azotaba Frostmount.

Frostborn: Esto les pasará a todos los que se atrevan a rebelarse. El invierno no perdona a los traidores.

Su voz retumbó entre las montañas, mezclándose con el viento.

De pronto, una ventisca descomunal apareció, más violenta que antes. La nieve giraba en espiral y una nube oscura se formó sobre el poblado, como si el propio cielo se hubiera enfurecido con él. Komar se tensó al instante, mirando hacia los bordes del pueblo.

Komar: Algo se acerca…

Frostborn notó el cambio, pero lo ignoró. Alzó la antorcha, dispuesto a lanzarla. Entonces escuchó el grito de Komar.

Frostborn giró la cabeza justo a tiempo para ver una silueta abriéndose paso entre la nevada. Tomás, montado en un caballo, con el rostro cubierto de escarcha y una lanza improvisada en las manos.

Tomás: ¿Nunca te han dicho que es peligroso jugar con fuego, anciano?

Antes de que alguien pudiera reaccionar, la lanza atravesó el pecho de Frostborn con un sonido sordo.

Frostborn: ¡Mátenlo! No dejen nada de él…

Fue lo último que alcanzó a decir con rabia antes de caer en un charco de sangre.

La antorcha cayó, incendiando la madera alrededor de las jaulas. Pero Tomás ya había usado un control remoto para abrir los cerrojos.

Tomás: Lo tome prestado un ratito Karner. Vamos, salgan todos.

Tomás le dio un guiño mientras sacaba a todos de manera apresurada.

Karner miró asombrado cómo Tomás abría los candados uno a uno. Pero el caos apenas comenzaba. Komar se lanzó contra él con varios hombres, y el chico apenas tuvo tiempo de gritar.

Tomás: Es ahora o nunca. Luchen con todo o huyan para siempre.

Algunos escaparon corriendo; pero la mayoría se quedaron a pelear por los múltiples maltratos que habían vivido y porque no estarían vivos para rebelarse de nuevo en algún futuro.

Pedazos de hielo llenaban el aire, choques de metal contra metal resonaban entre las casas y el cielo se teñía de rojo por las llamas.

Tomás aprovechó el caos para escapar, pero fue sorprendido por un puñetazo en el rostro por parte de Komar. Trató de levantarse tras ser lanzado contra una cabaña.

Komar: Cobarde y débil, eres horrible mocoso.

Tomás: Mejor descripción no te podría haber dado, justamente te estaba buscando a ti.

Contestó con una ligera sonrisa mientras se limpiaba la sangre del labio.

Ambos se lanzaron al combate. Komar, con puños cerrados y una rabia inhumana; Tomás, con los brazos cargados de energía eléctrica. El choque iluminó toda la plaza. Komar logró sujetarlo del cuello y estamparlo contra el suelo, pero Tomás liberó una descarga brutal desde su cuerpo.

Komar quedó en shock por unos momentos antes de reincorporarse.

Tomás: Te ves algo tieso, amigo. Te ayudaré a entrar en calor.

Dos relámpagos a quemarropa hicieron retroceder a Komar. Su cuerpo temblaba por los voltios que lo recorrían mientras el humo salía de su ropa.

Komar cayó varios metros atrás. Tomás jadeaba, con los brazos entumidos por el esfuerzo.

Miró hacia el campo de batalla: los aldeanos estaban ganando. Pero antes de moverse, un golpe seco lo dobló por la mitad.

Komar estaba de pie otra vez, sonriendo con un gran tronco en las manos.

Komar: ¿Creíste que con eso me ganarías? Que bruto.

Alzó el tronco, pero un sonido metálico interrumpió el golpe. Komar cayó al suelo y, detrás de él, estaba Karner con un tubo de acero.

Tomás: Espera, espera. No era mi intención.

Un toque en el hombro lo hizo girar.

Trollb0t: Soy yo, estúpido.

Tomás lo miró boquiabierto.

Tomás: Pero… ¿cómo? Yo creí que…

Karner: Ya me explicó todo. No te preocupes, no estoy enojado. Tuviste el valor de volver y enfrentarte al líder. Eso basta.

Tomás se quedó perplejo por el momento y le devolvió el control inmediatamente.

Tomás: Espero que no esté tan dañado tu control.

Karner: No te preocupes, se me ha descompuesto múltiples vece-

El cuerpo de Frostborn se movió.

Frostborn (Glacial Wrath): Tomás.

Con solo pronunciar su nombre, la aldea comenzó a estremecerse. La nieve cayó con fuerza, los muros se resquebrajaron y el aire se volvió gélido.

Karner: Ni porque lo atravesaron con un palo se murió, huyan rápido que ese maldito sigue con vida.

El cadáver de Kael se alzó lentamente. Sus músculos se hincharon bajo la piel azulada, su carne se endureció como hielo y un vapor helado brotó de las grietas en su cuerpo.

De su frente emergieron dos cuernos curvos. Su mandíbula se alargó, dejando ver colmillos como dagas, y sus ojos se encendieron con un resplandor verde antinatural.

Frostborn (Glacial Wrath): Realmente me sorprendiste, chico… pero ahora es mi turno de atacar, jejejeje.

La Ira Glacial de Frostmount había despertado.



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En el texto hay: violencia, accion con poderes, mundo épico

Editado: 15.01.2026

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