Tomás, después de cruzar el umbral junto a Trollb0t, sintió de inmediato el cambio de ambiente. La nieve comenzó a desaparecer y las luces de la ciudad empezaron a iluminarlo todo; como si fuera magia, la noche brillaba todavía más. El aire olía a metal caliente, y el sonido de la nieve fue reemplazado por música electrónica que retumbaba en sus oídos.
Tomás: Esto es como si alguien hubiera puesto luces led por todos lados y se le hubiera pasado la mano.
Tomás vio las carteleras que eran hologramas publicitarios gigantes flotando en el aire en un idioma que él nunca entendería, vio gente vestida con ropa muy rara de colores brillantes; algunos ni eran humanos, eran robots de muchas formas que caminaban apresurados.
Trollb0t: ¿Tienes hambre? Hay un puesto de alitas de pollo por aquí, no estaría mal descansar un poco después de todo lo que pasamos. Además, tus tripas suenan más fuerte que las discotecas de la ciudad.
Tomás y Trollb0t dieron la vuelta en una esquina y cruzaron la calle para llegar al lugar, un local pequeño que tenía un letrero rosa que prendía y apagaba. Trollb0t se sentó en una silla de metal del lugar y Tomás le siguió la corriente, sintiendo cómo el asiento vibraba cada vez que pasaba algún transporte por debajo del suelo.
Trollb0t: Yo pido, tú solo espera. No queremos que pidas algo que termine explotando en tu cara.
Tomás: Okay, pero no pidas cualquier cosa. Nada que tenga tentáculos, por favor.
Un robot con un delantal manchado de aceite se acercó a pedir la orden. Mientras Trollb0t hablaba con el robot con sonidos extraños, Tomás se asomó por la ventana del local porque estaba aburrido. Pero algo lo asustó, una sombra que parpadeaba entre los botes de basura y que, en cuanto la vio, desapareció dejando como una interferencia en el aire.
Tomás: Pero qué… Creo que el hambre me está haciendo ver cosas raras. O la ciudad tiene fallas.
Trollb0t le tocó el hombro a Tomás para avisarle que ya había llegado la comida.
Tomás: ¡Qué rápidos!
Trollb0t: Sí, estos robots cada vez son más rápidos para trabajar. No pierden el tiempo quejándose del clima como tú.
Cuando Tomás vio su comida, se dio cuenta de que tenía un color amarillo y verde brillante, y lo más loco era que tenía unas chispas que saltaban sobre la carne.
Tomás: Qué comida tan… rara. ¿Seguro que esto no va a brillar dentro de mi estómago?
Trollb0t: Cierto, se me había olvidado decirte que la comida la hacen de otra forma en este lugar. Para no hacértelo largo, tiene unas sustancias que hacen que se ponga de ese color, pero se puede comer, no te preocupes.
Tomás: Espero que esta cosa no cambie dentro de mi panza y me pegue una enfermedad desconocida o me convierta en una lámpara.
Tomás empezó a comer y sentía como toques eléctricos en la lengua, pero de repente a Trollb0t le salió una chispa de su antena. El pequeño robot revisó su brazo por unos segundos, donde se veían letras rojas. Se volteó hacia Tomás muy apurado.
Trollb0t: Apúrate, porque parece que cambiaron los planes con el ejército rojo. La cosa se puso seria.
Tomás, sin preguntar nada, se comió todo de un bocado aunque casi se ahoga. Después se quedó viendo a Trollb0t con los ojos saltones y los cachetes llenos.
Tomás: Listo.
Trollb0t: Ven, vámonos, porque el mensaje de Goldman ya tiene rato que me llegó. Y créeme, a él no le gusta que lo hagan esperar.
Ambos caminan por Neon City, esquivando a la gente que tenía partes robóticas brillantes y a robots de limpieza. Tomás se quedaba viendo los letreros gigantes con letras extrañas mientras Trollb0t lo jalaba fuerte para que no chocara con nadie.
Un brillo amarillo muy fuerte se veía entre los edificios y, cuando llegaron, Tomás se dio cuenta de que era un casino enorme totalmente dorado, que brillaba tanto que hasta calaba la vista. En la puerta había unos guardaespaldas imponentes con trajes elegantes, eran enormes y tenían caras de metal que no expresaban nada.
Tomás: Oh… Estos no hacen nada, ¿verdad Trollb0t? Se ven como si pudieran aplastarme con un dedo.
Trollb0t: Si no los miras, no. Así que camina derecho y deja de temblar.
Tomás vio a uno por un momento, notando el brillo frío de sus ojos de robot, y luego quitó la mirada rápido cuando el guardia se movió.
Trollb0t: Te dije que no lo hicieras.
Uno de los guardaespaldas le hizo una seña a Trollb0t de que Goldman los estaba esperando en su oficina, en el piso más alto. Trollb0t le dio las gracias y jaló a Tomás de forma brusca mientras entraban al casino. Adentro todo era un lío de luces moradas, gente perdiendo dinero y otros riendo mientras las máquinas hacían mucho ruido.
Trollb0t: No se te ocurra decir una tontería frente a él. Lord Goldman es el dueño de casi todo aquí; si te equivocas, vas a terminar limpiando baños por el resto de tu vida.
Tomás levantó el pulgar, tratando de verse valiente mientras entraban al elevador. Trollb0t picó el botón más alto y empezaron a subir rapidísimo. El elevador se sacudía de lado a lado por la velocidad y a Tomás se le revolvieron las alitas eléctricas.
Cuando se abrió la puerta, vieron una alfombra roja con líneas amarillas. A los lados había estatuas de oro de Goldman y cuadros de él estrechando manos con gente importante.
Trollb0t: Ven, ya casi llegamos, es a la izquierda. No toques nada, que mi seguro no paga estatuas de oro.
Caminaron por el pasillo largo y dieron vuelta a la izquierda, llegando a una parte donde el techo ni se alcanzaba a ver de lo alto que estaba.
Trollb0t: Cuidado, pisa bien o te vas a caer.
Tomás: ¿Por qué la puerta está allá arriba? ¿Goldman vuela o qué?
Trollb0t: Es por seguridad. Las escaleras solo aparecen si eres invitado, y si alguien intentara entrar a la fuerza, Goldman lo haría pedazos como si fuera un billete viejo.
De pronto, unos pilares empezaron a salir del suelo, creciendo uno más que otro hasta formar una escalera que llegaba hasta la puerta de arriba. Las luces del cuarto cambiaban de morado a negro a cada rato. Los dos subieron y entraron a la oficina.