Tomás comenzó a correr entre los callejones para tomar impulso. A medida que incrementaba la potencia de sus botas, el mundo a su alrededor empezó a distorsionarse. El aire frío de la noche le pegaba en toda la cara y el sonido de los motores en sus talones hacia vibrar todo su cuerpo.
Tomás: Espero no partirme la cara a este ritmo.
Una vez que alcanzó una determinada velocidad, saltó hacia un bote de basura y luego a un barandal, impulsándose hacia arriba. Mientras corría por la pared de un rascacielos, sus botas dejaban una estela eléctrica de colores morado y azul neón que iluminaba las ventanas oscuras.
La ciudad se volvió vertical. A su izquierda, el vacío de la calle lleno de autos que parecían hormigas de luz; a su derecha, el cristal del edificio reflejando su propia silueta envuelta en energía. Por un momento sintió el tirón de la gravedad intentando arrojarlo al abismo, pero los imanes se sujetaron firmemente a la estructura.
Tomás: Veamos qué tan rápido puedo ir.
Al llegar a la cima, no se detuvo. Despegó como un proyectil, saltando huecos de diez metros entre edificios. El paisaje de Goldman’s Neon City era un caos de pantallas holográficas gigantes que anunciaban productos que Tomás no podía ni pronunciar. Pasó volando al lado de un dron de vigilancia que ni siquiera pudo rastrear su movimiento; solo era una estrella fugaz cruzando la noche.
A lo lejos, la sombra se movía de forma antinatural, como un video que se salta fotogramas, desapareciendo y reapareciendo tres cuadras más adelante.
— ¿También puede ir a esta velocidad? Veamos qué tan bueno es para esquivar —susurró la sombra.
La figura descendió por las paredes de una estructura metálica hasta llegar a una serie de rieles magnéticos que resplandecían con un azul blanquecino cada vez que la sombra los tocaba.
— ¡Ya deja de seguirme, maldito! —gritó con una molestia evidente.
Tomás dio un gran salto desde el borde, cayendo pesadamente sobre el asfalto que vibraba por la proximidad de las vías.
Tomás: Entrégate de una vez entonces.
De pronto, una voz autoritaria surgió del visor de Tomás.
Goldman: ¡Quítate de ahí ya, que va a pasar el tren!
Un estruendo sordo vibró en el suelo. A lo lejos, un muro de luces blancas se acercaba a una velocidad aterradora. El tren bala de la ciudad estaba a punto de cruzar.
— Fue divertido jugar contigo, pero ya me tengo que ir —dijo la figura con una distorsión en su voz.
Antes de que el tren impactara, Tomás se lanzó hacia adelante, logrando sujetar a la figura por los “hombros”.
Tomás: He estado muchas veces cerca de la muerte, ¡esto no es nada!
¡POP! Fue lo que se escuchó cuando la figura absorbió el golpe principal, reventando como un globo de agua.
El impulso mandó a ambos por los aires, Tomás rebotó contra el techo metálico del tren, rodando varias veces hasta que sus manos se anclaron al metal en movimiento. Aturdido y con el pecho ardiendo, intentó recuperar el aliento mientras Goldman le gritaba por el visor.
Goldman: Creí que habías muerto, no te preocupes la ayuda ya va para bajarte del tren. Mientras tanto no te muevas de ahí.
Tomás: Digo, al menos dime qué estaba persiguiendo. Una sombra me atacó, Goldman, ¡una sombra!
Goldman guardó silencio un segundo y respondió con seriedad.
Goldman: Él es un ciberdelincuente demasiado peligroso. Es la única persona que ha logrado burlar toda mi seguridad y poner en jaque a toda la ciudad. Él es... Terror_404.
Tomás: ¿Chico del terror que?
Goldman: Solo hazme caso. Quédate ahí hasta que llegue la ayuda y si lo vuelves a ver, ¡ni se te ocurra ir tras él!
De repente, la señal de Goldman se llenó de estática que cortó la comunicación. El tren, que ya iba rápido, aceleró aún más. El paisaje se convirtió en líneas azules con blanco y el viento intentaba arrancar a Tomás del techo. Sus manos empezaron a resbalar debido a una interferencia que recorría el tren.
Tomás: Buen intento.
Tomás activó la potencia de sus botas, lanzándose hacia arriba para evitar ser arrastrado. Pero cuando lo hizo salió volando, su traje reaccionó inmediatamente, dos ganchos mecánicos salieron disparados de sus muñecas, anclándose al techo reforzado.
Tomás: Wow, estos sí son accesorios.
Al ponerse de pie, se dio la vuelta. Ahí estaba él, pero ahora ya no era solo una sombra, tenía una sudadera oscura que le tapaba la cara.
Terror_404: Deja de meterte, Tomás.
Un símbolo de advertencia amarillo brilló en el vacío de su cara.
Terror_404: Bien dicen que hierba mala nunca muere. Aplicas muy bien esa reflexión.
Terror comenzó a sacar 4 tentáculos oscuros de su espalda mientras se acercaba a Tomás.