Lejos de las rejas

Capítulo 15: ¡Suegra déjeme ir!

La expresión divertida de Keith aceleró todavía más mi ritmo cardíaco.

¡Él no estaba viendo el verdadero problema aquí!

Tuve el impulso de darle un chancletazo en la cabeza, impulso que fue brutalmente detenido por el pequeño detalle de que estaba descalza.
La señora Vivi parecía estar disfrutando igual de aquella escena vergonzosa que me estaba arrastrando lentamente al abismo.

—Y-Yo puedo explicarlo… —mi voz sonó ridícula incluso para mí.
Entonces la habitación se llenó de dos carcajadas estruendosas.

¿Dios, por qué eres tan cruel conmigo?

—Ay, cariño, no te sientas avergonzada. Es normal que dos adultos tengan relaciones sexuales —soltó la señora Vivi entre risitas.
—Mamá, técnicamente todavía no hemos llegado a esa parte — comentó Keith con absoluta tranquilidad.
Mi cerebro dejó de funcionar.
—¡KEITH!
La señora Vivi soltó otra carcajada.
—Bueno, entonces regreso a la hora hijo ¿O necesitas más tiempo?
—Siempre necesito más tiempo, mamá — Keith se giró y me guiñó el ojo.
Quise lanzarme por la ventana.
—Bueno, los dejo solos entonces — la señora Vivi empezó a cerrar la puerta lentamente.
—¡NO, ESPERE! — me lancé de la cama tan rápido que casi me mato con las sábanas.
Keith soltó una carcajada.
—Marisol, cálmate.
—¡NO PUEDO CALMARME! ¡TU MADRE CREE QUE ÍBAMOS A…!
—¿Íbamos a qué? — preguntó él con falsa inocencia.
Lo fulminé con la mirada.
La señora Vivi volvió a abrir la puerta.
—Ay, qué linda. Está toda roja.

Esto es tan vergonzoso…

—Bueno, si no van a seguir, puedo prepararle algo de comer a mi nuera.

¡¿Dijo nuera?! ¡¿Qué está pasando aquí?!

—Sí, eso estaría bien. Algo ligero, ya que está enferma — Keith señaló el suero con el dedo justo cuando su madre iba a preguntar.
Casi lo había olvidado. Con tanto movimiento y ansiedad, ya me dolía la mano.
—Keith… —la señora Vivi suspiró, negando con la cabeza—. ¿Me estás diciendo que mi nueva nuera está enferma hasta ese punto y aun así no ibas a dejarla descansar?
Valeria caminó hasta él y empezó a darle varios palmazos fuertes en la cabeza.

Esta vez me reí yo.

Se lo merecía por zoquete.

—¡Ay! ¡Mamá! —Keith intentó cubrirse inútilmente.
—Eso te pasa por degenerado.
Tuve que taparme la boca para no reírme más fuerte.
—Ay, lo siento, cariño. Estaba tan emocionada que no noté tu estado. Ya mismo voy a prepararte algo rico de comer. ¿A propósito, qué tienes?
— Le dio un ataque de alergia y fiebre —contestó Keith mientras se sobaba la cabeza con expresión adolorida.
La señora Vivi abrió los ojos con preocupación.
— ¿Alergia? ¿A qué?
Keith me miró por unos segundos. Y entonces el muy desgraciado sonrió.
—No lo sabemos todavía —respondió Keith—, pero cada vez que la beso empeora un poco.

Voy a matarlo.

¿Por qué demonios le está diciendo eso a su mamá? ¿Qué problema mental tiene este hombre?

—No, señora, no es así… Yo soy alérgica al estrés. Aunque no voy a negarle que este individuo de aquí me colma la paciencia y me hace la vida imposible —me quejé falsamente.

Bien. Si él iba a seguir molestándome, entonces yo también jugaría sucio.

— Además, es un mujeriego, como usted ya sabe… Ayer lo vi con una tipa saliendo de un motel. Le encanta jugar con mi corazón.
Keith abrió los ojos lentamente.
La señora Vivi giró la cabeza hacia él con una expresión peligrosamente seria.
—¿Keith Ethan Volkov Rider…?
— Marisol, no inventes cosas.
— ¡No estoy inventando nada! —me crucé de brazos—. La mujer incluso era rubia. Muy rubia. Sospechosamente rubia.
—Era mi prima — mintió él siguiéndome el juego.
—¡¿Y cómo demonios iba yo a saber eso?!
La señora Vivi soltó un jadeo dramático llevándose la mano al pecho.
— ¡¿Llevaste a tu prima a un motel?! ¡Keith, qué asco!

La señora Valeria empezó a darle cocotazos en la cabeza a Keith sin la menor compasión.
Yo, por mi parte, estaba disfrutando demasiado aquello. Si no fuera tan penosa, le pediría que le pegara más duro por cansón.

— ¡Yo no crié a un hijo infiel! —lo regañó indignada—. ¿¡Qué te he enseñado yo!? A las mujeres se las respeta y se las cuida. ¡Eres un sucio!
Luego se giró hacia mí y tomó mis manos con expresión preocupada.
—Ay, cariño, por favor perdona al desgraciado de mi hijo. No merece una niña tan linda como tú…
—Mamá, Marisol está mintiendo. No me he acostado con nadie en cuatro meses —replicó él exasperado.

Ah…
¿Conque esas tenemos?

—Ajá… ¿y Yalimar? —pregunté con falsa dulzura—. ¿Me vas a decir que mientras estabas con ella no la tocaste?

Lancé las palabras cargadas de veneno solo para echar más leña al fuego, aunque, muy en el fondo, sí me molestaba un poco que acabara de salir de una relación antes de meterse conmigo.
La señora Valeria abrió la boca horrorizada y volvió a girarse hacia él.

—¡KEITH ETHAN VOLKOV RIDER!— volvió a gritar ella, pero está vez más fuerte.
Keith cerró los ojos lentamente, como un hombre que acababa de aceptar su destino.

—Marisol… eres peligrosa.

Después de eso, el doctor volvió para retirarme el suero. Me recetó nuevos antihistamínicos, algunos medicamentos para la fiebre y, tras despedirse amablemente con un apretón de manos, abandonó el departamento.
Ahora los tres estábamos sentados en la mesa, tomando la sopa de pescado que la señora Valeria había preparado.
El silencio era abrumador.
Mientras Keith y yo sabíamos perfectamente que lo de hace un rato había sido una vil mentira, mi ahora suegra —porque sí, la señora Valeria insistía en que dejara de llamarla “señora” para decirle “suegrita”— parecía convencida de que la supuesta infidelidad era completamente real.
Cada cierto tiempo le lanzaba miradas asesinas a Keith, claramente decepcionada.
—Tienes que compensar este error —soltó de repente. Entonces apoyó la quijada sobre sus manos y se inclinó ligeramente hacia él.
—Saca tu billetera.
Keith obedeció sin discutir.
El objeto reposó elegantemente sobre la mesa. Era una billetera de cuero negro, sencilla, pero lo suficientemente fina como para que el lujo resultara evidente.
La señora Valeria rebuscó dentro y sacó una tarjeta negra. De esas que solo aparecen en películas o que usan las personas absurdamente ricas.
Luego me la extendió.
Yo me quedé observando el plástico en completo silencio.
— Toma, cariño. Gasta hasta que ya no te sientas enojada con este idiota.



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En el texto hay: comedia, chicossexys, picante

Editado: 25.05.2026

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