Una poderosa criatura mitológica se alzó por los aires y al agitar sus alas, terribles vientos huracanados azotaron toda la región. Las nubes que poblaban el cielo se apartaron bruscamente, como postrándose de rodillas ante su soberanía.
En el suelo, un joven de pelo negro blandió una gran espada apartando los fuertes vientos. Una fuerte aura salió de la espada y el joven soltó una sonrisa confiada.
Hubo un breve choque entre los dos seres y, inevitablemente, la criatura mitológica de inmenso poder y milenios de vida cayó derrotada. El joven ni siquiera sudó.
Cuando la pelea terminó, un grupo de chicas de diferentes razas fantásticas se abalanzó sobre el joven para felicitarlo por su victoria.
Al otro lado de la pantalla, en la cama de una pequeña habitación, un viejo de aspecto desaliñado empezó a celebrar.
-Le demostraste al rey de los dragones quién manda. ¡Así se hace Kakaichi!
El grito despertó a un chico que dormía plácidamente en un mueble junto a la cama. Abriendo los ojos, observó al viejo sentado en la cama viendo el televisor.
-Abuelo, ¿no me digas que te quedaste despierto toda la noche?
-Es que, justo en el momento que te dormiste, se puso realmente bueno, Teo.
Con brillos en los ojos, el viejo apuntó a la pantalla del televisor, allí había una sensual chica vestida con ropa ligera y con partes similares a las de un pulpo.
-Mira hay una nueva waifu. ¡Verdad que es hermosa!
Levantándose del mueble vestido con un pijama de dinosaurio, el chico bostezó, se sacudió el sueño y miró brevemente la pantalla.
-Mmm... No está mal. Así que, ¿se puso bueno apenas me dormí?
Al ver como el viejo asintió con seguridad, Teo entrecerró los ojos.
Dudo que estas malas series en donde el protagonista es enviado a un mundo de fantasía medieval, le regalan poderes rotos y un grupo de chicas hermosas se mueren por él, se pusieran buenas en algún momento.
-Oye abuelo, deberías dormir un poco.
El anciano sacudió la mano.
-Lo haré después.
Este viejo otaku es irredimible. ¡Diablos! Lo peor es que estás malas historias son sus favoritas.
Meneando la cabeza, Teo buscó su celular para ver la hora. Tenía una cita importante el día y no podía llegar tarde ya que eso se vería muy mal, pero al parecer por acompañar a su abuelo, se le había olvidado poner una alarma. Aunque no estaba preocupado.
¿Qué tanto pude haber dormido?
Vio la pantalla de su celular y sus ojos se abrieron de par en par.
Oh mierda es tremendamente tarde, se supone que tengo una salida en 20 minutos. Tengo que avisarles a mis amigos, tengo que cambiar de inmediato, me faltan tantas cosas. No puede ser, hoy por fin volveré a ver a Samira. No puedo faltar.
Teo salió corriendo pero se detuvo enfrente de la puerta y se dio la vuelta con una sonrisa ansiosa.
-Oye abuelo, te quería pedir algo. Verás, a Samira le gusta ese anime que vimos la última vez. Ese que era antiguo, el del protagonista pelo rosa que puede volar. Vi que tenías una chapa de ese anime por ahí. ¿Me la podrías regalar?
Los ojos del anciano se volvieron distantes y melancólicos recordando a su antigua mujer, lo pensó seriamente por unos largos segundos y terminó por encogerse de hombros.
-Si es por tu waifu está bien, tómalo. Debería estar en una de esas gavetas de allá.
Le hizo un gesto con la cabeza, indicando dónde buscar, unos segundos después Teo encontró la chapa.
-Muchas gracias abuelo. Recuerda dormir, nos vemos más tarde.
-Sí, sí, lo que digas. Ánimos con la chica.
Esas fueron las últimas palabras que le dijo su abuelo antes de que saliera apresurado de la habitación. Corrió hacia su habitación con un pijama de dinosaurio, el cual tenía que cambiarse rápidamente.
-Bendita sea, ¿cómo pude olvidar poner la alarma?
...
Había un rico aroma esparcido por la cocina. Una linda mujer con mantel se movía de un lado a otro con destreza mientras preparaba el almuerzo. En algún momento escuchó la voz de su hijo que venía del piso de arriba, el chico estaba buscando a su papá. Hablando en voz alta, ella le hizo saber qué su esposo no estaba en casa ya que había salido a comprar algo.
-¡Mamá, mamá tengo hambre!
La mujer le lanzó una mirada a su hija, la niña de unos 13 años estaba acostada en la mesa con los ojos vacíos.
Con un dulce tono, la mujer dijo.
-Faltan unos minutos Azula.
-Ahhh. Pero tengo mucha hambre. Siento como si tuviera un agujero negro en la panza.
Mientras volteaba la carne, ella pensó que su hija era un poco dramática. Entonces, cortando con sus pensamientos, una veloz sombra bajo las escaleras y se dirigió a la puerta de salida.
-¿A dónde vas, Teo? Es sábado.
La veloz sombra se frenó de golpe y se asomó a la cocina.
-Tengo una cita con unos amigos y voy tarde. Te lo mencioné ayer.
La mujer frunció el ceño y trató de recordar sin mucho éxito.
-Ma, él va a salir con Samira.
La mujer arqueó una ceja.
-¿Ella no estaba en otro país?
Preguntó confundida pero a juzgar por la boba sonrisa que se dibujó en la cara de su hijo. Después de varios años, la chica por fin había regresado.
Al comprender la situación, ella se acomodó el mantel con una sonrisa y se dio la vuelta.
-No has comido nada. Espera un momento, la comida ya casi está lista.
-No te preocupes, me compraré algo en la calle. Tengan un bonito día. Adiós mamá, adiós Azula.
Dijo mientras salía de la casa. Y fue solo después de que la puerta se cerró, que la niña en la mesa se levantó repentinamente.
-¡Ánimos Teo!
Después de ese tardío arranque de fuerzas, Azula volvió a caer en la mesa con el estómago vacío. En frente de ella, la mujer que se supone tenía que alimentarla, estaba meneando la cabeza.
-Ni siquiera se peinó. ¿Cómo espera enamorarla así?
Azula miró a su madre con una expresión inexpresiva.