Unas botas de acero creaban un lindo sonido al pisar la superficie prístina del suelo. La joven que las poseía vestía unas prendas ceremoniales blancas como la nieve, su pelo estaba hermosamente decorado con lo que parecía una intrincada unión de múltiples artefactos plateados. Sus ojos eran amables y, al mismo tiempo, agudos como los de una aventurera.
Ella se encontraba subiendo unos escalones camino a una inmensa iglesia. Sus magníficas paredes se extendían decenas de metros hacia el cielo, y los detalles en sus muros y ventanas rebosaban de riqueza y arte. En la entrada había una estatua pulida en oro plateado de una mujer de belleza celestial, extendiendo los brazos como dándole la bienvenida.
La chica con botas de acero se tomó un momento para presenciar la belleza de su amada diosa. Hizo una reverencia y luego entró al sublime lugar, caminando por él como si fueran los pasillos de su casa. Las personas se movían de un lugar a otro alistando los preparativos para el importante día. Ella fue saludando a todos y aquellos le devolvían el saludo con reverencias.
Aunque trataba de disimularlo con una rectitud que parecía un poco infantil, la joven se encontraba profundamente feliz. ¿Y cómo no estarlo? Ella soñaba con esto desde pequeña. Era un día especial, ya que, como su tradición lo decía, hoy le daría la bienvenida a un nuevo héroe. Y, como cereza del pastel, por fin era digna de dirigir el ritual de invocación, lo cual significaba que sería la encargada de guiar al nuevo héroe en los primeros pasos de su travesía.
-¡Por la diosa Erézmia! No puedo con esta emoción. Oh, diosa mía, por favor dame fuerza y guíame en este día para que todo sea perfecto.
Con su ser ardiendo de emoción, realizó todos los rituales junto con un séquito que la seguía. Todo había salido perfecto: cada pequeño detalle, pintura, vela y baile. Incluso los más pequeños de su séquito, que parecían niños de entre ocho y nueve años, habían realizado todas sus actividades espléndidamente.
Al terminar el ritual, el portal de invocación empezó a brillar. Ahora solo quedaba esperar unos pocos minutos y, por fin, le darían la bienvenida a su invitado. Pero los minutos pasaron y la plataforma seguía brillando sin que nadie apareciera sobre su superficie reflectante.
La joven comenzó a desesperarse y, al no encontrar nada más que hacer, cerró los ojos y le suplicó a su gran y perfecta diosa que todo saliera según su gloriosa voluntad. Y, como si la diosa oyera sus súplicas, el brillo del portal se desvaneció y allí se reveló la figura de un joven confundido.
Con sus botas de acero, la joven dio unos pasos dejando atrás a su séquito y se inclinó ligeramente.
-Elegido por Erézmia, te damos la bienvenida al Reino Humano, Roariz. Agradecería mucho si le hicieras el favor a esta, tu servidora, Fleria Borzlany, de dejarme saber tu nombre.
El joven invitado se encontraba con la boca abierta, todavía congelado, sin creer lo que acababa de pasar.
Maldita sea, maldita sea... ¿en serio? Esa desgraciada me manda a un isekai. ¿Y qué acaba de decir esta otra? "Borzlany". Qué apellido más feo. No, espera, no pienses en eso; concéntrate en lo importante.
Teo se llevó una mano a la boca y frunció ligeramente el ceño.
Ya he visto esta escena muchas veces, así que puedo omitir las preguntas tontas de llegar a un nuevo mundo e ir a lo realmente importante.
-Mucho gusto, señorita... Mi nombre es Teo. Y, a decir verdad, yo no debería estar acá. Así que en serio agradecería si me pudieras ayudar a volver a mi mundo.
Las palabras de Teo impactaron en Fleria como flechas, una tras otra, haciéndola vacilar.
Ella, desde muy pequeña, había presenciado cómo los elegidos llegaban a este mundo, y justo por eso sabía que la actitud de este elegido en particular discrepaba mucho de la habitual. Nunca había escuchado que algún elegido dijera que lo que acababa de pasar era un error. Ninguno tampoco había preguntado por la forma de volver a su mundo original, o al menos no el día de su llegada. Para su suerte, gracias a las incontables historias que había leído sobre los héroes, tenía la respuesta a la anormal pregunta del elegido.
Reponiéndose lo más rápido que pudo, puso una sonrisa amable y tranquilizadora, recordando vagamente qué decir.
-Si volver a tu mundo es lo que deseas, no hay ningún problema, héroe Teo. Lo que tienes que hacer es emprender un viaje a las Auroras Celestiales. Luego, desde allí, embarcarte en una aventura a los confines de los tiempos. Entonces, deberás demostrar tu valía ante el Dragón Eterno, y si el Dragón Eterno queda satisfecho, y sé que contigo, elegido de Erézmia, lo estará, podrás volver a tu mundo.
Teo escuchó en silencio y, con cada palabra que la chica pronunciaba, sentía que todo su mundo se destruía. Sus ojos parecieron hundirse más y más mientras todo su brillo desaparecía.
Tranquilo, tranquilo, Teo. Deberías alegrarte, por lo menos tuviste una respuesta. ¿No que hasta hace un momento tenías miedo de que no existiera forma alguna de volver? Bueno, ahí lo tienes. Hay una manera... Pero, maldita sea, los confines de los tiempos. ¿Qué mierda? ¿Cuánto tiempo me tomaría llegar a un sitio así? No, ¿siquiera podría llegar a un lugar así?
Se suponía que hoy volvería a ver a la chica que le gustaba y a la cual lleva años sin ver. El abrupto cambio, fue demasiado y no pudo evitar que algo en su mente se rompiera. Ante él, veía cómo las caras de sus seres queridos iban desapareciendo uno tras otro. Sus ojos se volvieron cristalinos al caer en cuenta de que posiblemente nunca más los volvería a ver.
Apretó los dientes y sintió cómo un fuerte enojo nacía en su pecho, pero el dolor lo agobió tanto que ese enojo solo se hundió en lágrimas.
No... ¿estás tonto? ¿Por qué estoy llorando? ¿Por qué me estoy dando por vencido tan rápido? De seguro tiene que haber otra manera, ¿verdad?, ¿verdad? O sea, es un mundo de fantasía, ¿no? De seguro hay una solución conveniente.