Al volver a los pasillos de la iglesia, dos personas los recibieron, eran un señor excesivamente viejo junto a un joven de casi veinte años que le servía como ayudante. El viejo saludó con cariño a Fleria y entonces, se dirigió hacia Teo con una reverencia.
—Elegido por la diosa Erézmia.
Teo puso una mueca al escuchar el nombre de la culpable de todas sus desgracias. Al notarlo, Fleria se involucró y sacó rápidamente a Teo de esa situación mencionando que se dirigían al comedor.
Acababan de dejar al anciano y al joven atrás cuando más personas empezaron a aparecer por los pasillos. Teo miró la espalda de Fleria con sospecha; no se le había pasado por alto que solo les ordenó a los demás que volvieran justo después de que ella ya conociera sus poderes y pudiera comprobar que no era una amenaza potencial.
«Qué astuta… ¿Y en qué momento y de qué forma se comunicó con los demás?».
Justo cuando estaba pensando en eso, un delicioso aroma llegó a Teo, rompiendo el hilo de sus pensamientos.
Tras cruzar un arco, dieron con un salón capitular transformado en espacio de festín, mesas y mesas repletas de personas y manjares divinos.
—Puedes comer todo lo que quieras —dijo Fleria con una sonrisa orgullosa.
Teo no perdió tiempo. Tomó un plato y empezó a servirse sin ningún tipo de pudor. Curiosamente, reconoció muchos platos de su mundo, principalmente de la cultura asiática.
Sentada frente a él, Fleria comía con moderación un plato ligero y una bebida azul; parecía completamente ajena al caos gastronómico que Teo estaba provocando.
De las personas del salón, muchos eran nobles y todos parecían querer acercarse al héroe, pero bastaba una mirada de Fleria para que desistieran.
En algún momento, mientras Teo comía con avidez, una voz infantil se unió a la mesa.
—¡Prima, prima! ¿Este chico es tu novio?
Teo quitó la vista de su plato. Alrededor de Fleria estaban dos niños pequeños de entre ocho y nueve años. Ambos vestían túnicas igual que Fleria.
Fleria no reaccionó de inmediato.
La niña que había hablado sonrió tímidamente y al instante, recibió un golpe seco en la cabeza por parte de su compañerito.
—¿Qué dices, tonta? El novio de mi hermana es el héroe legendario, Elías.
Fleria se congeló al instante, como si la sacaran de órbita.
—¡Ay! Pero ¿me tenías que pegar? —respondió la niña sobándose la cabeza.
—Sí, para que esa cabeza tuya empiece a funcionar. ¿Es que acaso no recuerdas que él es el héroe de esta mañana?
La niña intentó recordar, pero fracasó. Entonces, repentinamente, Fleria tartamudeó mientras sus mejillas se encendían en llamas.
—¿Elías…? ¿Mi… mi novio? No… no somos… Él, Elías, no es mi novio.
Al decir esa última parte, decayó y su voz se fue apagando lentamente. Teo creyó que se pondría a llorar.
El niño a su lado quedó rígido y pareció fracturarse como un cristal roto.
Teo observó la escena con un dulce sentimiento amargo. Le resultaba demasiado familiar. Azula, su hermanita, muchas veces lo había metido en situaciones similares con Samira.
—Prima… ¿es verdad que él es el nuevo héroe? —dijo la niña escondiéndose detrás de su prima.
Como Fleria aún estaba procesando la deprimente realidad, Teo decidió responder.
—Así es. Mucho gusto, me llamo Teo. ¿Podrías decirme tu nombre, señorita?
La niña se aferró con más fuerza a su prima.
—M-me llamo Net… Es un placer conocerlo, señor héroe.
Teo sonrió sin poder evitarlo.
«¡Ay, pero qué tierna!».
De pronto, el niño se movió y lo fulminó con la mirada, como si estuviera viendo al culpable de sus problemas. Teo sostuvo su mirada unos segundos y luego tomó un dulce de su plato, ofreciéndolo con amabilidad.
El niño vaciló, queriendo rechazarlo pero cuestionando si debía hacerlo. Entonces, Net se lanzó hacia adelante y tomó el dulce con una carita codiciosa.
—Yo sí quiero —dijo antes de comérselo.
Esa acción trajo de vuelta a la vida a Fleria. Ella se giró hacia la pequeña con los ojos entrecerrados.
—Net, no debes comer dulces.
Net se tomó su tiempo para tragar el dulce y luego adoptó una actitud serena.
—Pero el héroe lo ofreció, hubiese sido irrespetuoso de mi parte no aceptarlo.
Tratando de ver a través de esa tierna carita, Fleria levantó una ceja.
—Pero él no te lo ofreció a ti, ¿o sí?
Net fingió toser, evitando responder.
Fleria soltó un suspiro y luego dio un golpecito al niño, el cual estaba mirando mal a Teo.
—Oye, Félix, deja de mirar así al héroe. Es extremadamente grosero.
El niño volteó a mirar a su hermana visiblemente confundido. Se supone que debía tratar bien al héroe, pero el canalla posiblemente intentaría seducir a su hermana, la cual ya estaba comprometida con el héroe legendario Elías, aunque ella aún no lo supiera. O eso pensaba él.
Teo sonrió y se apoyó en la mesa.
—Tu hermana tiene razón, chico, no deberías mirar así a la gente… En cambio, puedes insultarlos en tu mente. Solo no dejes que eso se note en tus expresiones.
Fleria puso una mueca.
—¡¿Cómo te atreves a enseñarle eso a mi hermanito?! Félix, no le hagas caso a este; ciertamente es un héroe, pero no todo lo que dice es correcto.
—¡Tienes razón, querida hermana! Este héroe es realmente grosero y poco especial. No se puede comparar en nada con Elías. Él nunca diría algo así de feo.
Involuntariamente, Fleria asintió.
Teo miró en silencio cómo el pequeño bastardo, al cual intentó ayudar, utilizó su ayuda para pisotearlo. Félix le mantuvo la mirada con una sonrisa soberbia.
Después de unos tensos segundos, Teo se llevó un dedo a la cara y le sacó la lengua, bajándose el párpado inferior. Félix quedó desconcertado mientras que Net explotó en carcajadas.
Fleria puso los ojos en blanco.
—¡Ay, por favor, qué infantil, Teo!