Lejos de mi mundo

Fracturado

Teo se agarró a la barandilla, temiendo caer al suelo. Miraba hacia abajo con una respiración entrecortada.

—Net, Félix, ¿me podrían decir por qué lo hacen? ¿Por qué tienen esta tradición?

Félix respondió primero, como si tuviera la respuesta guionizada después de haberla escuchado un sinfín de veces.

—Es porque al principio cuatro héroes aparecieron y desde que vimos sus hazañas, le pedimos a las diosas cada mes que nos den héroes.

Los ojos de Teo se abrieron incrédulos.

Cada mes… invocan personas mensualmente.

Eso último fue demasiado él. Tal vez podría haber llegado a aceptar que invocaran héroes por necesidad y por alguna estúpida profecía, pero ¿sería importante una costumbre ménsula? ¿Por qué era tan seguido?, ¿qué sentido tenía eso?

Cerró los puños y clavó las uñas en su piel, esforzándose para que sus expresión no se torciera. Esos niños no tenían la culpa de nada, no quería que lo vieran así.

Como un último clavo en el ataúd, Net creyó encontrar una mejor respuesta que la de su tonto primo y dijo.

—¡Yo sé más! Escuché a mi papá decir que era pan y vino. Las personas celebran y se olvidan de sus problemas, así que si todos son felices, ¿por qué dejar de hacerlo?

Se llevó una mano a la cara, pensativa, y agregó.

—O algo así había dicho. No lo recuerdo muy bien.

Félix la miró con desaprobación.

—Mentirosa. Tío nunca diría algo así.

—Prometo que es verdad. Yo misma lo escuché justo uno de estos días, mientras él bebía con sus amigos.

Teo se llevó una mano a la cara para tapar su rostro mientras sus emociones se desbordaban. La indignación y la ira llenaban sus venas. A su mente vinieron las caras de las personas que había visto a lo largo del día, sus rostros felices y lo mucho que mencionaban a su diosa.

Estos tipos… Toda esta gente, este reino, este mundo… están todos dementes. ¿Cómo carajo convirtieron algo así en una tradición?

Miró a ambos niños con una expresión complicada. ¿Qué culpa tendrían ellos? Solo eran niños que no sabían nada. Casi por milagro logró reprimir sus emociones y dijo, repitiendo sus nombres, creyendo que eso lo ayudaría a calmarse.

—Félix, Net, ¿no existe ningún portal que mande a los héroes de vuelta a su mundo, verdad?

Confundidos, los niños dudaron por un momento. No porque no tuvieran la respuesta, sino por lo extraña que se les hizo esa pregunta. Tras un instante, ambos negaron con la cabeza.

Sin lograr disimular su rabia, la expresión de Teo se ensombreció y habló con un tono profundamente oscuro.

—¿Y por qué no han hecho uno?

Net y Félix se miraron entre sí con la esperanza de que el otro tuviera una respuesta a esa extraña pregunta. Transcurrieron unos segundos y, antes de que pudieran empezar a sentirse fracasados como guías por no tener una respuesta para el héroe, Fleria habló por ellos.

Fleria se encontraba perdida en sus pensamientos, mirando la estatua de su diosa, Erézmia. Estaba recapitulando todos los sucesos que habían ocurrido ese día, luchando con la posibilidad de que su diosa se hubiese equivocado. Prefería echarle la culpa a Teo, pero todo le resultó tan complicado.

Sus pensamientos eran un desastre cuando, de fondo, escuchó la voz de Teo con un tinte excesivamente oscuro. Dejando atrás sus conflictos, prestó atención a la conversación y alcanzó a escuchar la última pregunta de Teo.

¿Por qué no hemos hecho un portal que funcione al revés? Qué pregunta más rara…

Fleria se alejó de la orilla del balcón y, sin ninguna sensibilidad y casi en automático, respondió sin pensar en las implicaciones de lo que diría. Una reacción basada en todos sus años de vida en su mundo.

—¿Y por qué haríamos un portal así?

Con esa respuesta vio cómo los oscuros ojos de Teo se posaban sobre ella con una expresión indescriptible. En ese momento entendió que había cometido un error. Antes de que Fleria pudiera entender qué había hecho mal, Teo dio un paso al frente y la madera del balcón crujió bajo su pie.

—¿Cómo que por qué lo harían?

Su voz fue baja, contenida, vibrando como una cuerda a punto de romperse.

—¡Maldita sea! ¡Llevan siglos secuestrando personas!

Fleria intentó responder, pero antes de que pudiera siquiera pensar algo, Teo agregó con una expresión confusa.

—Puede que a la mayoría de esos idiotas no les importe, pero…

Se llevó la mano al pecho y apretó la tela de su camisa, como si intentara sostener algo que se desgarraba por dentro.

—¿Qué hay de esos padres, hermanos y amigos que perdieron a sus seres queridos? Solo ayudan a esos idiotas a cumplir su fantasía escapista. Les quitan la posibilidad de crecer y cambiar… de tener una vida en el mundo real.

Sus ojos se fracturaron y dio otro paso. Fleria retrocedió casi sin notarlo.

—¡Me quitaron mi vida!

Esas palabras dejaron caer el peso de una culpa abrumadora sobre Fleria. Un miedo que no quería reconocer empezó a crecer en su pecho.

Teo tomó un respiro tembloroso. El silencio se volvió denso, casi insoportable. Cuando volvió a hablar, su tono descendió, más bajo… más triste.

—Todo porque un montón de locos estableció el secuestro y asesinato como tradición.

Soltó una risa breve, sin humor.

—Porque se les volvió costumbre. ¿Pero qué mierda es eso? ¿Nunca han pensado en las personas a las que les arrebataron todo?

Atravesó con una mirada a Fleria y su voz explotó bruscamente.

—¡Tuvieron siglos para hacerlo y aun así tienes el descaro de preguntar por qué! ¿Por qué tendrían la mínima decencia de, por lo menos, construir un portal para que esas personas puedan volver a sus hogares?

Sus palabras fueron casi cortantes y Fleria sintió cada una de esas dagas clavándose profundamente en su piel.

No tuvo respuesta.

Mientras el silencio se alargaba, un miedo aterrador fue creciendo en el pecho de Fleria.

Entonces, con una voz más baja y cruda, Teo dijo mirandola fijamente a los ojos.



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En el texto hay: fantasia, fantasia amor y accion

Editado: 28.02.2026

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