Acostado en su cama y arropado por sábanas cálidas, Teo escuchó la voz de su mamá, aparentemente cansada y frustrada.
Teo apartó las sábanas y se levantó de golpe. Tenía muchas ganas de verla, pero por alguna razón le costaba abrir los ojos.
-¡Ay! Mamá, ¿me puedes hacer un test de droga? No recuerdo nada de lo que pasó ayer y me duele todo el cuerpo.
Le patearé el culo a Manuel cuando lo vea, si alguien llevó drogas a la salida, tuvo que ser él.
Acababa de despertar de una horrible pesadilla en donde los perdía a todos. Pero ahora todo estaba bien. Sabía que solo fue una pesadilla.
Él solamente había salido con Samira y sus amigos y, aunque él realmente no consumía drogas, no encontró mejor manera de explicar qué carajo era lo que acababa de soñar, junto con el hecho de que sentía como si un tren le hubiese pasado por encima.
-Despertaste -dijo la voz de la que creía era su madre.
Un terror profundo azotó su corazón. Teo se esforzó más por abrir los ojos y poder ver a su mamá, para que ella lo regañara por lo que acababa de decir. Llevándose las manos a la cara, sintió una tela y sin dudarlo, la arrancó, lastimándose más por sus movimientos desesperados.
Entonces, cuando por fin recuperó la visión, se quedó petrificado al ver a una chica sentada a poca distancia; ella lo miraba en silencio con una expresión preocupada. A comparación de la última vez que Teo la vio, tenía una pluma en su mano, poseía ojeras y bajo su nariz había un atisbo de carmesí.
Fleria desvió la mirada como si no quisiera ver lo que pasaría a continuación en los ojos de Teo.
-¿Consumes drogas? -preguntó Fleria en voz baja.
Teo se lanzó hacia la cama maldiciendo en su mente; sintió un dolor intenso por ese brusco movimiento.
Casi pasó un minuto hasta que por fin habló.
-Empiezo a creer que sí, porque, si no, no encuentro otra manera de explicar cómo es que esta pesadilla no ha terminado.
Con el rostro ensombrecido por la tristeza, Fleria lo miró de reojo y tomando fuerzas, preguntó:
-¿Cómo te encuentras?
Teo se quedó mirando el techo de la habitación en silencio. Fleria pensó que no respondería hasta que, de repente, frunció el ceño.
-¿Qué pasó con el portal?
Apretando los labios, Fleria bajó la mirada a sus botas de acero y se obligó a responder a pesar de que le doliera.
-Está destruido... están destruidos.
Conflictos internos se reflejaban en su rostro.
-Las otras iglesias también tienen sus propios portales de invocación. Todos estaban conectados y lo que hiciste parece haber afectado a todos.
Una pequeña esperanza vaciló en sus ojos, pero desapareció casi al instante.
-Ya dos iglesias lo confirmaron. Lo más probable es que las otras estén igual.
Tras una pequeña pausa, soltó un suspiro desolado.
-Este mundo no recibirá más héroes... por lo menos, no hasta que se encuentre una manera de arreglar los portales.
Una sonrisa desanimada apareció en el rostro de Teo. Logró lo que quería y, aun así, eso no le brindó más que un pequeño consuelo.
Fleria lo observó con ligera sorpresa.
-¿No sigues molesto?
Teo la miró con calma y dudó antes de responder.
-Supongo que sí... pero nada de eso me devolverá a mi hogar.
Una expresión triste apareció en el rostro de Fleria. Entonces apretó los puños, temerosa de lo que tendría que hacer si Teo respondía mal a su siguiente pregunta.
-Habías dicho que nos matarías a todos. ¿Qué hay de eso?
Mientras Teo pensaba en su respuesta, el corazón de Fleria se aceleró. Ella tendría que encargarse si él seguía buscando venganza. Pero ella tampoco quería matarlo o causar su ejecución.
Cuando Teo desvió la mirada listo para responder, ella dejó de respirar.
Teo se encogió de hombros con vergüenza.
-Puede que haya exagerado al decir eso... No voy a convertirme en un asesino, ni aunque esté en un mundo de fantasía.
Fleria soltó un profundo suspiro y sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa de alivio.
Sin notar su reacción, Teo siguió con la mirada perdida en el techo. Entonces, la voz de Fleria, ahora no tan apagada, llegó a sus oídos.
-¿Sobre la droga que consumes... te refieres a alguna medicina que necesites ahorita?
Ante la tonta pregunta, Teo fue sacado de sus sombríos pensamientos y se giró hacia la chica.
-Solo era una broma, no te lo tomes en serio.
La chica asintió en señal de comprensión.
Al intentar levantarse de nuevo, Teo puso una mueca de dolor.
-Hice lo mejor que pude con mi habilidad de sanación. Muchos de tus huesos estaban rotos, así que tardarás unos dos o tres días en sanar por completo.
Teo agarró la venda que tenía en la cabeza al recordar cómo salió volando tras golpear el portal.
Entonces observó a su alrededor; estaba en un cuarto lujoso, hermosas cortinas tapabana las ventanas y había decoraciones pomposas por todos lados. En la intrincada mesa en la que Fleria estaba sentada, había un montón de papeles junto a un extraño reloj de arena y pequeña bolsa de cuero.
Entonces, esta será mi habitación por los siguientes días, no está mal. Aunque...
Volteó a mirar a Fleria con una anticipación sombría.
-Te agradezco que me hayas curado, pero no puedo dejar de preguntarme, ¿por qué estoy aquí? No es una queja, la habitación es bonita, pero, cómo decirlo, bueno, creí que despertaría en una celda o algo así.
-¿De verdad?
Dijo Fleria con una pizca de intriga y agregó:
-Me sorprende que pienses tan bien mientras estabas tan enojado.
Teo había pensado en una forma de evadir las consecuencias, incluso estando completamente enojado. Fleria se había percatado de eso cuando escuchó las historias de lo que supuestamente había pasado.
Teo asintió.
Fue fácil imaginar cómo reaccionarían todas estas personas cuando alguien destruyera una de sus reliquias más preciadas.