Lo seguí hasta ese lugar inesperado donde gobernaban los misterios de la noche. No porque él me obligara. Sino porque yo quería. Tal como quería seguirle el ritmo ahora. Pero estaba sin aliento, con el cuerpo tenso...
MC- ...L-Leonardo, por favor... ¡Es demasiado...!
Leonardo- No tengas miedo. Disfrútalo.
MC- ¡No, de verdad no puedo! ...¡No en esta cosa vieja! ¡Siento que podríamos volcarnos en cualquier segundo!
(¿Cómo terminamos aquí otra vez?)
Ah, sí. De la misma forma en que me llevaba a todas partes. Sonriendo y llamándome 'cara mia' y levantándome en sus brazos. Pero, ¿dejarme en un bote destartalado y remarnos hasta el medio de un lago? Leonardo se había superado a sí mismo esta vez.
Leonardo- Heh. Todos esos gritos me hacen pensar que realmente te gusta. ¿Supongo que debería remar más rápido?
MC- ¡¿Por qué querría que remaras más rápido?!
Leonardo- ¿Acaso acabo de escuchar 'quiero que remes más rápido'? ...Qué codiciosa, cara mia. Si así lo insistes.
MC- ¡Sé que sabes a lo que me refería... ah!
Leonardo- Tal vez quieras sujetarte fuerte.
Ignorando su risa, me lancé sobre el banco central y me sujeté como si me fuera la vida en ello.
(Remar más rápido no está ayudando a estabilizar el bote como esperaba que lo hiciera).
(¡Echo de menos los barcos grandes, seguros y modernos!)
Cerrar los ojos hacía que cada crujido y sacudida del barco sobre el agua fuera peor.
Leonardo- Parece estar lo suficientemente lejos. Cara mia, ¿todavía estás petrificada?.
(Eso depende. ¿Dejó de temblar?).
Abrí un ojo con cuidado. Leonardo había dejado de remar. Apoyaba tranquilamente un brazo en la borda.
Leonardo- Ahora no es momento de mirarme fijamente. Deberías echar un vistazo a lo que nos rodea.
Le dirigí una mirada curiosa. Señaló hacia arriba con una mano enguantada.
(¿El cielo? No puede ser tan diferente, solo porque estemos en un bote...).
Miré hacia arriba... El cielo estaba tan brillante. Cada estrella brillaba como una joya, colgando en la Vía Láctea como si fuera una red de gasa. Se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Ningún rincón quedaba sin tocar por ese resplandor etéreo. Sin luces artificiales. Sin distracciones. Incluso la mansión de le Comte estaba demasiado iluminada para ofrecer una vista como esta.
MC- Es... hermoso. ¡Hay tantas estrellas, y se ven tan claras! Nunca pude tener una vista como esta en casa; lo intenté.
Leonardo- Me alegra que te guste.
La voz reconfortante de Leonardo se desvaneció en la noche, como una canción de cuna triste y suave.
(¿Es por esto que me trajo aquí afuera?)
MC- Leo...
Leonardo- Dime, cara mia. ¿Alguna vez habías oído esta historia...?
Leonardo me detuvo, tal vez para evitar cualquiera de esas preguntas que le resultaban tan difíciles. Tomó el aspecto de un narrador comenzando un viejo cuento favorito.
Leonardo- Hace mucho tiempo, en las historias del antiguo Egipto, existía una creencia sobre las estrellas. Dicen que la razón por la que podemos verlas es por la diosa del cielo, Nut. Todo su cuerpo estaba cubierto de estrellas. Y se extendía a través de la tierra, arqueándose hacia lo alto, muy por encima de nosotros.
MC- Nunca antes había oído ese mito.
Leonardo- ¿Mito?
MC- Bueno, es solo un mito, ¿verdad? Incluso en el antiguo Egipto, sabían mucho sobre astronomía.
Leonardo- Cierto. Pero algunas personas en algún momento creyeron que esa historia era verdad. Desde tiempos inmemoriales, la gente ha estado inventando todo tipo de teorías, tratando de descifrar por qué existen las estrellas.
Las estrellas estaban en sus ojos ahora.
Leonardo- Pero intentas contarle a la gente una historia como esa ahora, y se ríen de ti. ¿Alguna vez piensas en cómo cambian las cosas con el tiempo? ...¿En cómo tal vez se supone que deben cambiar?
(¿Cómo se supone que cambien las cosas?)
Reflexioné cuidadosamente sobre sus palabras.
(Supongo que sí. Cambiamos a lo largo de toda nuestra vida. Desde el nacimiento hasta la muerte.)
MC- Sí. Creo que el cambio es inevitable... y en muchos casos, el cambio es algo bueno. Por ejemplo, incluso en mi época, todavía hay enfermedades que los médicos no pueden curar. Pero incluso si no se encuentra un remedio hoy, podría encontrarse uno mañana. Algo de esperanza en el cambio...
Leonardo me estaba mirando, perfilado por la luz, escuchando mis pensamientos.
(...Fue solo un ejemplo.)
MC- Yo misma siempre estoy buscando formas de mejorar las cosas... No quiero que todo cambie todo el tiempo, por supuesto. La estabilidad también es agradable.
Él no respondió de inmediato, pero tuve la sensación de que estaba de acuerdo conmigo. Leonardo dejó escapar un suspiro.
Leonardo- Puedes saber cómo gira el mundo y aún así no saber a dónde te va a llevar... ¿Tal vez descubras por qué las estrellas parecen colgar en el cielo? ¿O tal vez llegues a curar esas enfermedades que nadie más puede?
MC- Supongo que sí.
El suave chapoteo del agua contra nuestro bote acompañaba nuestra tranquila conversación.
Leonardo- Nadie sabe lo que depara el futuro. Cara mia....
Leonardo habló con los tonos dulces que correspondían al apodo íntimo que me tenía. Sus ojos dorados se encontraron con los míos.
Leonardo- No hay nada extraño en lo que estás pasando en este momento. Pero no te sentirás ansiosa para siempre. Las cosas se resolverán con el tiempo.