El resto de la noche transcurrió sin incidentes. El día siguiente amaneció brillante, con un cielo azul. No era el tipo de cielo que presagiara la triste noticia que llegó esa mañana… Jean-Paul, el viejo relojero, había fallecido. El funeral se celebró únicamente para amigos cercanos y familiares. Leonardo estaba allí, al igual que yo. Dimos nuestras condolencias…
(Tantas lágrimas y recuerdos afectuosos).
Leonardo no había mostrado ninguna emoción durante el funeral, a pesar de que parecía haber conocido muy bien a Jean-Paul. Se quedó de pie, en silencio, mientras los dolientes se marchaban uno a uno, dejándonos a los dos solos allí.
(Me pregunto cómo verá él la muerte).
No estaba segura de cómo abordar el tema, ni de si debía hacerlo. Por fin, se volvió hacia mí.
Leonardo- ¿Tienes ganas de caminar a casa, cara mia?
MC- Solo hipotéticamente, ¿qué pasa si no lo hago?
Leonardo- Entonces te llevaré cargando. Anda. Vamos.
MC- ¡Ya voy, ya voy!
Poco después, nos desviamos del camino transitado, encontrándonos en el campo, con la tierra salpicada de flores silvestres. Leonardo encontró un lugar para sentarse, sacó un cigarillo y palmeó el suelo a su lado, invitándome. Me uní a él.
Leonardo- ...Gracias por aceptar venir.
MC- En absoluto. Me alegró tener la oportunidad de presentar mis respetos.
Leonardo- ...Sí.
Mantuvo el cigarillo sin encender entre sus labios. Hablamos como solíamos hacerlo, como si el doloroso encuentro de la noche anterior hubiera sido olvidado.
Leonardo- Se veía tranquilo.
MC- Estoy de acuerdo. Parecía que estaba sonriendo.
Leonardo- Probablemente lo estaba. Jean-Paul siempre estaba sonriendo por algo… Cuida bien de eso.
Él asintió mirando el reloj de pulsera dorado que yo llevaba puesto. Seguía haciendo tictac. El mecanismo funcionaba justo como debía, mientras yo siguiera moviéndome. Recordé las palabras de Jean-Paul...
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Jean-Paul- Por supuesto, una vez que tu corazón se detenga, el reloj se detendrá también… Lo cual es para mejor. Todos tenemos nuestro tiempo, y no tiene sentido evitar eso.
En lugar de eso, necesitamos disfrutar cada momento. Cada pizca de vida que infundas en este reloj... te recompensará con tiempo.
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MC- ...Lo cuidaré muy bien. Y planeo mantener este reloj funcionando mientras esté viva.
Leonardo- A Jean-Paul le haría feliz escuchar eso.
Una breve melancolía se apoderó de mí, al pensar que no volveríamos a verlo para enseñárselo. Me pregunté si Leonardo era realmente tan optimista respecto a la muerte como parecía.
(Le Comte me dijo que Leonardo nunca convertiría a nadie en vampiro. Entiendo que hay buenas razones para no hacerlo, y estoy segura de que él tiene sus propios motivos además de esos. Pero si no intenta compartir su inmortalidad, ¿a cuánta muerte ha tenido que enfrentarse en su vida? ¿Cuántos amigos habrá perdido?)
No sabría decir por qué, tal vez fue por el funeral, pero de repente pensé en Lumière.
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Leonardo- ...Un día, estaba tomando el camino largo de regreso del trabajo cuando lo encontré. Su antiguo dueño acababa de ser enterrado. Y él estaba allí sentado, mirando la lápida. Esperé hasta que el cortejo fúnebre terminó, pero nadie lo notó ni lo reclamó. Así que le hice una oferta.
MC- ¿Qué le ofreciste? ¿Comida y refugio...?
Leonardo- No, es un secreto entre nosotros, chicos rudos. Scusa, cara mia, pero no puedo decírtelo ni siquiera a ti.
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MC- ¿Leonardo?
Leonardo- ¿Sí?
MC- Dijiste que le hiciste una oferta a Lumière. ¿Qué le ofreciste?
Leonardo- ¿Esa es tu pregunta por hoy?
Asentí. Leonardo se quedó callado por un momento.
Leonardo- ...Estaré allí para ti hasta que mueras. ¿Entonces, quieres venir conmigo? Y su cola se agitó, como si estuviera feliz con eso. Por eso me lo llevé conmigo.
MC- Es algo muy triste de ofrecer.
Leonardo- ¿Triste? Él va a morir antes que yo. No hay nada que yo ni nadie pueda hacer para evitarlo.
MC- Eso es verdad. Pero, ¿qué hay de ti? ¿Qué harás cuando Lumière fallezca? ¿Quién estará allí para ti?
(¿A cuántos funerales has tenido que asistir? ¿Cómo has podido vivir todo eso?)
Sin familia. Sin amigos durante siglos seguidos. Solo las visitas de le Comte una vez cada pocos años. ¿A quién se aferraba cuando estaba triste?
Leonardo- ¿Quién sabe? Supongo que me acostumbré, así que dejó de molestarme.
MC- Eso no es cierto.
Leonardo- ¿Cara mia...?
MC- Lo siento, pero no creo que la tristeza sea algo que la 'experiencia' te quite. No me importa si has vivido 500 años. Cuando las cosas duelen, duelen. ¿No es así?
Leonardo se quedó quieto, con el cigarrillo apagado entre los dedos.
Leonardo- ...Realmente tienes un buen corazón.
Él sonrió.
La sonrisa de un inmortal solitario conmovido por la tierna piedad de un frágil ser humano mortal.
(¿Qué podría decirle? Sentimos algo tan fuerte el uno por el otro, pero no puedo evitar sentir los siglos que nos separan… ¿Acaso hay algo que pueda romper esa barrera?)