El tiempo nunca se detuvo. Y ahora, se acercaba la medianoche de la noche anterior a la apertura de la puerta… La noche que Leonardo pensó que se despediría de MC. Sin embargo, aquí estaba ella, descansando en sus brazos, durmiendo lánguidamente. Su sonrisa se desvaneció y sus dedos ralentizaron su recorrido por el sedoso cabello de ella; recordó lo que ella acababa de decirle…
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MC- Sí, solo soy humana. Una mortal. No viviré para siempre, de la forma en que tú lo harás. Acepto eso, y estoy de acuerdo con eso.
Su fracaso en encontrar la solución perfecta… ¿no habría resultado no ser un fracaso después de todo?
MC- Por eso mismo… Quiero pasar mi vida enteramente mortal, enteramente humana, contigo. Sé que va a ser difícil para ambos. Ese amor, por muy hermoso que sea, no resuelve todos los problemas.
Leonardo- ...¿Cara mia?
MC- Pero ambos merecemos ese amor… esta única oportunidad de estar juntos.
Hacerla feliz era todo lo que él quería. ¿Pero su propia felicidad? ¿La felicidad de ambos... juntos?
MC- Estoy lista para intentar y enfrentar esos problemas. De hecho, espero con ansias la oportunidad de volverme más fuerte a tu lado. Porque la persona que soy cuando estoy contigo es la persona que quiero ser… Completa.
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No solo sus palabras, sino su deseo resonó en su alma…era su propio deseo, después de todo. Leonardo aceptó que la vieja decisión que había tomado, su egoísta juramento, podría llegar a su fin. Que cuando él se lo contara todo, ella podría llorar por la desesperanza de todo ello… Y con el tiempo, llegaría a aceptar lo inevitable y elegiría volver a casa, donde ella podría ser feliz. Que cuando ella se marchara, él estaría allí en la puerta, despidiéndose con una sonrisa. Incluso si ver a MC marcharse fuera lo que finalmente hiciera que su corazón dejara de latir. Leonardo se había preparado para pasar la eternidad sin la persona que más amaba. Pero MC vio a través de su innecesario sacrificio. Dijo que él no tenía por qué renunciar a lo que quería —y que ella también lo quería—. Dijo que no necesitaba una vida prolongada para ser feliz, y él supo que lo decía en serio.
MC- Leo...nardo...
Leonardo- ¿Sí?
Ella no le respondió. MC solo estaba murmurando entre sueños. Él le sonrió. Era el momento de que él decidiera. Se deslizó fuera de la cama, con cuidado de no despertarla, y se vistió. Se demoró un momento más junto a la puerta para verla dormir.
Leonardo- ...Scusa, cara mia. Tal vez dejarte ir es lo correcto. Pero resulta que, después de todo, no puedo soportar estar separado de ti.
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(...Mmm...)
Desperté de un sueño profundo y envolvente.
MC- ¿Dónde…?
Me tomó un momento reconocer que estaba en la habitación de Leonardo.
(Supongo que me quedé dormida).
Me froté los ojos. Si estaban un poco rojos, no serían la única parte de mí que lo estuviera.
(...No veo a Leonardo).
Definitivamente no estaba en la cama. No parecía estar escondido en el montón de trastos que era su habitación. Rescaté mi ropa del suelo y me vestí.
(...Bueno, se lo conté todo. Todo lo que quería para mí, para él, para nosotros. Aunque no llegué a escuchar su respuesta).
Quería mantenerme positiva, pero el hecho de que se hubiera ido antes de que yo despertara no me llenaba de seguridad. Salí a buscarlo, y tal vez a tomar un poco de aire. Debía de ser tarde. Toda la mansión estaba a oscuras. La luz de la luna se derramaba por los pasillos. Mis pies me llevaron hacia el balcón… Y lo encontré ocupado.
(¿Ahí está Leonardo. Y le Comte también?)
Aún no me habían notado.
(Están hablando de algo privado. No debería espiarlos. ¡NO DEBERÍA, pero…! ...No, tal vez debería simplemente regresar.)
Era la decisión correcta, y mi corazón estaba de acuerdo. ¡Pero mi cuerpo no! ¡Mis pies no se movían! Fue entonces cuando escuché mi nombre.
Saint-Germain- ...MC te dijo eso, ¿verdad? Menos mal que esta casa finalmente tiene a alguien con sentido común.
Leonardo- Sí, ella es lista.
Estaban hablando de mí. Probablemente hablando de mi conversación con Leonardo. Ahora no podría irme aunque lo intentara. A través de mi vistazo al balcón, vi a Leonardo dar una calada a su cigarrillo. Las cenizas ardieron y cayeron, luciendo como luciérnagas.
Leonardo- Dime. ¿Recuerdas lo que me dijiste cuando ella llegó aquí por primera vez?
Saint-Germain- Me temo que lo he olvidado por completo.
Leonardo- ¿Ah, sí? ¿Tu hábito está actuando de nuevo? Ya sabes, ¿tu hábito de 'olvidar' cuando dijiste algo de lo que te quieres retractar? Te lo recordaré entonces. Justo después de que tomara a MC como compagna provissoria, dijiste, 'MC es una invitada preciada de otro tiempo. Una temporal'. 'No te pongas en una posición en la que te arrepientas de decir adiós'.
Saint-Germain- Sí, dije eso. Ahora lo recuerdo. Al igual que recuerdo tu respuesta. Dijiste, “La empujaste hacia mí porque soy la última persona en sentirse de esa manera. Así que no te preocupes por eso”. Después de un momento, añadiste: 'Soy un experto en decir adiós sin remordimientos'.
Leonardo- ...Sabía que no lo olvidarías. Eres más astuto de lo que aparentas.
Saint-Germain- No tiene sentido ocultarlo estando contigo.
Leonardo se rio entre dientes. Incluso el Conde sonrió. Rieron juntos, dos muy viejos amigos. Después de un momento, Leonardo habló de nuevo.