LeÓnidas I - Las últimas 300 espadas.

Capítulo 44:El instante antes de lo irreversible

El aire no se movió. No hubo señal, ni advertencia, ni ese leve temblor que había precedido cada cambio. Todo permaneció… contenido.

Demasiado contenido.

Leónidas lo sintió de inmediato.

No como una presencia…

como una ausencia de movimiento que no correspondía al mundo.

—Eso no fue una respuesta… —murmuró el veterano.

Leónidas negó lentamente.

—No.

Una pausa.

—Fue una anticipación sin causa visible.

El silencio cayó.

Y en ese silencio…

todo se volvió más peligroso.

La forma se había ajustado.

No a ellos.

No al entorno.

A algo que aún no había sucedido.

—Eso… no puede ser… —susurró el joven.

El aire se volvió más denso.

—Puede… —respondió Leónidas—… si ya no depende del tiempo como nosotros.

El impacto fue inmediato.

Porque esa posibilidad…

rompía todo lo que conocían.

—Entonces no está reaccionando… —dijo uno de los hombres.

—No… —respondió Leónidas—… está adelantándose.

El viento no sopló.

El espacio no vibró.

Pero algo…

estaba por ocurrir.

Y aún no había ocurrido.

—Esto no es natural… —murmuró el veterano.

Leónidas lo miró.

—Nada de esto lo es ya.

El silencio se tensó.

Y en ese silencio…

algo comenzó a formarse.

No en la forma.

En ellos.

Una sensación.

Leve.

Pero creciente.

Como si algo estuviera a punto de ser decidido… antes de que ellos lo decidieran.

—¿Lo sientes? —preguntó el joven.

El veterano asintió.

—Sí…

Una pausa.

—Pero no sé qué es.

Leónidas cerró los ojos.

No para escapar.

Para… interceptar.

Y en ese instante…

no vio imágenes.

No vio conexiones.

Sintió… dirección.

Un impulso que aún no era acción.

Una decisión que aún no era consciente.

Abrió los ojos.

Y habló.

—No se muevan.

La orden no fue cuestionada.

Pero tampoco fue comprendida del todo.

—¿Por qué? —preguntó el joven.

Leónidas no apartó la mirada de la forma.

—Porque si actuamos ahora…

Una pausa.

—vamos a hacer exactamente lo que espera.

El silencio se volvió absoluto.

El impacto fue inmediato.

—Entonces… ¿nos está guiando? —murmuró el veterano.

Leónidas negó lentamente.

—No…

Una pausa.

—Está posicionándose para lo que vamos a hacer.

El aire se comprimió.

El espacio…

esperó.

La forma no se movió.

Pero algo en ella…

ya estaba listo.

—Esto no es solo anticipación… —dijo uno de los hombres—… es preparación.

Leónidas asintió.

—Sí.

El silencio cayó.

Y en ese silencio…

la tensión alcanzó un punto que no podían sostener por mucho tiempo.

—No podemos quedarnos así… —dijo el joven.

El veterano lo miró.

—Pero tampoco podemos movernos sin saber…

El viento no intervino.

El mundo no ayudó.

Porque ahora…

todo dependía de ellos.

Leónidas dio un paso.

Y en ese paso…

la forma reaccionó.

No después.

Al mismo tiempo.

—No… —susurró.

Retrocedió.

Y la forma…

ya estaba en esa posición antes de que él lo hiciera.

El impacto fue absoluto.

—No hay retraso… —dijo el veterano.

—No… —respondió Leónidas—… no hay secuencia.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—Entonces… no podemos adelantarnos… —murmuró el joven.

Leónidas lo miró.

—No.

Una pausa.

—Porque ya está ahí.

El aire se volvió irrespirable.

No por falta…

por exceso de tensión.

—Entonces… ¿qué hacemos? —preguntó uno de los hombres.

Leónidas no respondió de inmediato.

Porque en ese instante…

la respuesta no era acción.

Era… comprensión más profunda.

Cerró los ojos.

Otra vez.

Y esta vez…

no buscó lo que iba a pasar.

Buscó… lo que aún no estaba determinado.

Y entonces…

lo encontró.

Un punto.

Pequeño.

Mínimo.

Pero real.

Un instante donde la decisión… aún no estaba fijada.

Abrió los ojos.

—Ahí…

El silencio se tensó.

—¿Dónde? —preguntó el veterano.

Leónidas no señaló la forma.

No señaló el espacio.

Se señaló a sí mismo.

—Antes de elegir.

El impacto fue inmediato.

—Eso… es imposible… —murmuró el joven.

Leónidas negó lentamente.

—No.

Una pausa.

—Es lo único que aún no puede anticipar.

El viento sopló apenas.

Por primera vez…

en mucho tiempo…

no como consecuencia.

Como posibilidad.

La forma no cambió.

Pero algo en ella…

ya no estaba completamente cerrado.

—Entonces… —dijo el veterano—… tenemos un margen…

Leónidas asintió.

—Sí.

Una pausa.

—Pero es mínimo.

El silencio cayó.

Y en ese silencio…

todo se volvió más claro.

Y más peligroso.

—Si elegimos desde ahí… —murmuró el joven—…

Leónidas lo miró.

—Entonces no podrá adelantarse.

El viento se levantó.

El espacio vibró levemente.

Y en ese instante…

todo dependía de una sola cosa.

No de lo que harían.

Sino de… cuándo lo decidirían.

La forma se tensó.

No moviéndose.

Ajustándose.

Como si sintiera que algo…

estaba a punto de escapar de su alcance.

—Ahora… —susurró Leónidas.

Y en ese instante…

no actuó.

Eligió.

El impacto no fue visible.

No inmediato.

Pero real.

La forma…

no respondió.

Por primera vez.

El silencio se volvió absoluto.

Y en ese silencio…

algo se abrió.

Un punto.

Un instante donde…

la anticipación no llegaba.

El veterano lo vio.

—Eso…

Leónidas no respondió.

Porque en ese instante…

sabía lo que significaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.