LeÓnidas I - Las últimas 300 espadas.

Capítulo 47:El origen que no puede ser tomado

El aire ya no era un escenario. No había entorno que observar ni espacio que medir. Todo se había reducido a algo más profundo… más esencial. El lugar donde nacía cada decisión.

Y ese lugar…

ya no estaba seguro.

Leónidas permanecía inmóvil. No por falta de acción, sino porque había comprendido que moverse sin claridad… ya no era una opción. Cada gesto, cada impulso, cada pensamiento que se transformara en acción… podía ser tomado, anticipado o incluso redefinido.

—El origen… —murmuró el veterano—… no puede ser externo.

Leónidas asintió lentamente.

—No.

Una pausa.

—Pero puede ser influenciado si no lo sostenemos.

El silencio cayó.

Y en ese silencio…

todo se volvió más delicado.

El joven respiró, pero esta vez no fue un acto automático. Dudó. No porque no supiera cómo hacerlo… sino porque ahora sabía que incluso ese gesto… podía ser observado antes de ocurrir.

—Esto… nos paraliza… —dijo, con la voz tensa.

Leónidas lo miró.

—No.

Una pausa.

—Nos obliga a ser conscientes antes de existir en el acto.

El impacto fue inmediato.

Pero no alivió la tensión.

La aumentó.

La forma no se movía. Pero algo en ella… había cambiado. Ya no intentaba adelantarse ni fijar el entorno. Había dejado de competir en ese plano.

—No está reaccionando… —murmuró el veterano.

Leónidas no apartó la mirada.

—No.

Una pausa.

—Está esperando a que fallemos en el origen.

El silencio se volvió absoluto.

Porque esa posibilidad…

no podía evitarse con estrategia.

—Entonces no podemos equivocarnos… —dijo uno de los hombres.

Leónidas negó lentamente.

—No.

Una pausa.

—Pero tampoco podemos dejar de decidir.

El viento no sopló.

El mundo… no intervino.

Porque ahora…

todo dependía de un punto que no podían ver… pero sí sentir.

El joven cerró los ojos.

No para escapar.

Para intentar encontrar ese lugar.

Pero en cuanto lo buscó…

ya no estaba.

—No lo encuentro… —susurró.

Leónidas lo observó.

—Porque lo estás buscando desde lo que ya eres.

El impacto fue inmediato.

—Entonces… ¿cómo…?

Leónidas dio un paso.

Pero no avanzó.

Se detuvo en el instante previo.

Y en ese instante…

no pensó.

No recordó.

No anticipó.

Simplemente… eligió.

Y entonces…

se movió.

El impacto no fue visible.

Pero la forma…

no respondió.

El silencio cayó.

Y en ese silencio…

algo se confirmó.

—Ahí… —dijo Leónidas.

El veterano lo miró.

—Eso… no lo tocó…

Leónidas asintió.

—No puede… si no existe antes de que ocurra.

El aire se volvió más claro.

No por cambio externo…

por comprensión interna.

—Entonces no tenemos que encontrar el origen… —murmuró el joven.

El silencio se tensó.

Leónidas lo miró.

—No.

Una pausa.

—Tenemos que no salir de él.

El impacto fue inmediato.

Porque esa exigencia…

no tenía descanso.

La forma se movió.

Pero esta vez…

no buscó anticipar.

No buscó fijar.

Se replegó.

Levemente.

—Está cambiando otra vez… —dijo el veterano.

Leónidas no apartó la mirada.

—Sí.

Una pausa.

—Está buscando un lugar más profundo.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—¿Más profundo que el origen? —preguntó el joven.

Leónidas no respondió de inmediato.

Porque en ese instante…

la pregunta no tenía sentido como antes.

—No hay un solo origen… —dijo finalmente.

El impacto fue inmediato.

—Entonces… —murmuró el veterano—… puede intentar llegar antes de eso…

Leónidas asintió.

—Sí.

El viento no sopló.

El espacio…

no reaccionó.

Porque lo que estaba ocurriendo…

ya no pertenecía al mundo visible.

La forma se ajustó nuevamente.

Y esta vez…

no lo hizo hacia ellos.

Lo hizo… hacia dentro.

—Eso… no está buscando alcanzarnos… —susurró el joven.

Leónidas lo comprendió.

Y en ese instante…

algo en su interior se tensó.

—No…

Una pausa.

—Está intentando convertirse en el origen.

El impacto fue absoluto.

El silencio se volvió insoportable.

Porque esa posibilidad…

no podía enfrentarse con nada que ya conocieran.

—Si logra eso… —murmuró el veterano—… entonces no habrá diferencia…

Leónidas no respondió.

Porque en ese instante…

sabía que esa frase…

no estaba completa.

—No…

El silencio se tensó.

—No habrá elección.

El viento sopló.

Pero esta vez…

no como advertencia.

Como consecuencia inevitable.

El joven dio un paso atrás.

—Entonces… ya no podremos decidir…

Leónidas lo miró.

Y en su mirada…

no había miedo.

Había… una determinación más profunda que todo lo anterior.

—Sí podremos…

Una pausa.

—Pero no desde donde estamos ahora.

El impacto fue inmediato.

El veterano frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Leónidas no respondió de inmediato.

Porque en ese instante…

lo estaba comprendiendo por completo.

No podían sostener el origen…

si seguían siendo lo que ya eran.

—Tenemos que ir más atrás… —dijo finalmente.

El silencio cayó.

Pesado.

Irreversible.

—¿Más atrás que el origen? —preguntó el joven.

Leónidas lo miró.

Y en ese instante…

su respuesta no fue una idea.

Fue… una decisión que aún no había ocurrido.

—Antes de ser quienes decidimos.

El viento se detuvo.

El espacio…

se volvió inmóvil.

Y lo más inquietante…

fue que en ese instante…

la forma dejó de moverse…

como si también…

estuviera intentando llegar allí.




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