Les Routes

Capítulo 1: El cambio

Un pequeño cambio origina otro similar, una serie de eventos comienza por un suceso en particular que desencadena a los demás.

 

30 de Abril, 2021

9:34 AM - Les Routes

 

A través de los parlantes de la institución suena la voz de la directora con suma seriedad en sus palabras.

 

—Se llama al alumno Connor Ceballos a dirección de inmediato.

 

Por un amplio pasillo vacío camina Connor en compañía de su mejor amigo Carlos, saltándose las clases como habitúan, escuchan el llamado de la directora. La mañana es cálida, algo muy particular dado que comenzó el otoño a mediados del mes, cada día varía su temperatura. Fuera del instituto unas cuantas hojas secas de color naranja son recogidas por el conserje, un hombre de mediana edad, no dejan de caer, cubren las pequeñas piedras que abundan en el suelo. Los árboles de tronco negro que rodean la institución aún conservan hojas que perderán inevitablemente en los próximos días, son gigantes petrificados en el tiempo. No hay una sola nube en el cielo mientras el sol resplandece sobre Odimor.

Los muchachos se observan tras el llamado. Carlos inclina hacia abajo su mirada unos centímetros, el sol se refleja sobre su cabello azul marino como un reflector, comienza a reír.

 

—¿Ahora qué hiciste? —preguntó a su amigo.

 

—No sé —deja salir un suspiro, responde con sarcasmo—, nunca hago nada.

 

—Según tú… —mira al techo negando con la cabeza y echando una leve sonrisa sabe que su amigo no tiene remedio—. Lo que sea, se escucha molesta, así que es mejor que vayas.

 

Las clases están en curso pero a los profesores ya no les importa si llegan tarde, no gastan saliva. Carlos vuelve al salón colocando sus largas manos en los bolsillos delanteros de su gastado jean gris, y camina. Sin ánimos, pero curioso por escuchar lo que tiene que decir la directora, Connor se dirige a la dirección. Cada paso que lo acerca, piensa que va a salirse con la suya otra vez, sea cual sea el motivo para esta convocatoria, ¿debería ser diferente a las otras? Desde que llegó a Odimor hace tres meses se ha metido en peleas y falta a clases. Siente que no es su mundo y los directivos no pueden comprenderlo, todos lo ven como un monstruo, alguien a quien evitar, impulsivo y rebelde, sin temor, su carácter indomable y ropas oscuras atemorizan al resto, nadie quiere meterse con él salvo personas problemáticas y egocéntricas. A diario, Connor es observado en silencio. Inhibido. Limitado. Lo juzgan, incluso muchachos que creía que eran sus amigos, y los mayores no entienden, lo que es sobrevivir en la adolescencia, en un pueblo nuevo donde no conoce a nadie y a esos nadie no les interesa conocerlo, por el contrario, lo juzgan por venir de la ciudad. Piensa, “Otro día más solo soy yo”. Toca dos veces la puerta de madera tallada a mano. Los cambios son agresivos, sean para bien o para mal, una nueva oportunidad para encontrar o trazar el camino adecuado, tal vez fracasar en ello hasta que llegue uno nuevo. Gracias a su carisma, que lo había sacado de diferentes situaciones complejas, Connor cree que será así para siempre.

 

Desde el interior se escucha la voz de la directora con tono sereno, abandonando la severidad.

 

—¡Pase!

 

En su delicado escritorio de algarrobo hace lugar de sus interminables informes mientras permanece sentada, viste un traje sastre color vino, suele usarlos en distintos colores cada día que combina con un peinado inflado, su cabello castaño llega a sus hombros y termina con las puntas hacia arriba con laca en exceso, se preocupa por su imagen. Connor procede a entrar luego de girar el picaporte, sin notar el momento en que la directora esconde con rapidez un afiche impreso con la foto de un joven y palabras en mayúscula, 'FALTA FRANCISCO'.

 

—¡Querida Olivia! ¿Quería verme? —pasa regocijante y cierra la puerta..

 

—Por favor, toma asiento —musitó la mujer que aunque tiene una edad que rondar los cuarenta, su rostro refleja más años.

 

Señala la silla delante de ella. Sosteniendo su cabeza con las yemas de los dedos y masajeando de forma constante, Olivia se siente cansada pero mantiene serenidad. El olor a libros viejos es un toque más elegante en la oficina rigurosa. Una vez que Connor se sienta, dicta la razón de la convocatoria, cambia de posición, coloca los codos encima del escritorio y entrelaza sus dedos frente a su rostro. La única luz presente es la que emite una bombilla dorada colgada del candelabro sobre sus cabezas. El silencio entre ambos es quebrantado. No hay lugar para esconderse.

 

—Esto será un poco complicado, y deja de llamarme Olivia, dime “directora”, ahora quiero que me escuches con atención, en silencio, me comprendas y luego contestes.

 

—¿Tantas veces la interrumpí para que diga eso? —sonríe levemente hacia un lado, Olivia posee una mirada tenaz—. Está bien, continúe.

 

—Bueno. Connor, la Junta Directiva Local y yo hemos hablado, y ya no vamos a tolerar tu comportamiento, siempre estás en peleas. Tenemos problemas con el instituto vecino por eso, No te das cuenta que nosotros tenemos que dar la cara para defenderte, te saltas las clases o llegas cuando quieres y contestas a todos, así que tu actitud tiene que cambiar... o te expulsaremos.




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