Era un nuevo día en el Instituto Nuri High School. El sol brillaba con intensidad, como si compartiera la emoción de los estudiantes que se preparaban para un nuevo comienzo. Mochilas nuevas, uniformes impecables y sonrisas nerviosas llenaban cada rincón del lugar.
Un año nuevo siempre traía promesas: amistades, cambios, historias por escribir.
Bueno… no para todos.
En las calles cercanas al colegio, un chico descendía a toda velocidad sobre su patineta, como si el mundo fuera una pista diseñada solo para él. El viento golpeaba su rostro mientras sonreía con pura adrenalina. Su cabello negro azabache volaba desordenado, y sus ojos brillaban con esa chispa que solo tienen quienes viven cada segundo como si fuera el último.
—¡TENGAN CUIDADO! ¡VA PASANDO JUNGKOOK! —gritó alguien desde la entrada.
Los estudiantes se apartaban rápidamente, esquivándolo como podían. Algunos gritaban; otros simplemente rodaban los ojos. Era una escena demasiado familiar.
Sin embargo, entre el caos, un chico caminaba tranquilamente con unos audífonos puestos, completamente ajeno al ruido. Su cabello azul desordenado parecía recién levantado de la cama —o recién salido de un estudio de grabación donde había pasado la noche entera—. Su expresión era fría, distante… como si nada a su alrededor le importara.
Entonces lo vio.
Y no se movió.
Jungkook abrió los ojos al darse cuenta demasiado tarde. Giró bruscamente la patineta…
Pero terminó cayendo directamente en unos arbustos, desapareciendo entre las hojas con un ruido seco que hizo que varios estudiantes se llevaran las manos a la boca.
Un segundo de silencio.
Luego, el chico emergió despeinado, con hojas en el cabello y una ramita colgando de su hombro, pero con la misma energía de siempre. Alzó la mano con una gran sonrisa, como si acabara de hacer el mejor truco de su vida.
—¡HOLA, YOONGI!
El chico de los audífonos ni siquiera reaccionó. Lo ignoró por completo y siguió caminando, como si aquel espectáculo no mereciera ni un segundo de su atención.
Jungkook lo observó con una expresión casi triste, rascándose la cabeza mientras sacudía las hojas de su uniforme.
—¿Por qué tan frío como siempre…?
Finalmente, Yoongi se quitó los audífonos con calma y lo miró de reojo. Sus ojos oscuros, con un delineado estilo pirata, le daban un aire peligroso; pero, en el fondo, había algo que delataba que no le desagradaba del todo la compañía.
—Hola, Jungkook… otra vez atropellando a la gente.
A pesar del tono seco, ambos comenzaron a caminar juntos, como si esa escena se repitiera todos los días.
Porque así era.
Mientras tanto, en un rincón apartado, cerca del edificio abandonado que quedaba justo frente al colegio, dos chicos estaban recostados contra la pared, claramente sin ninguna intención de entrar a clases.
Uno de ellos, de cabello rosado que caía con una elegancia estudiada, sostenía un bombón entre los dedos como si fuera un accesorio más de su estilo. Sus ojos café claro brillaban con una mezcla de diversión y algo más profundo, como si estuviera tramando algo.
—Oigan… deberíamos volarnos otra vez.
—¿¡OTRA VEZ!? —explotó el otro, un chico de cabello castaño oscuro, llevándose las manos a la cabeza con una expresión de puro drama—. ¡Mi mamá me quitó el televisor por perder medio año por tu culpa, Kim Namjoon!
Namjoon lo miró fijamente, con una expresión seria que casi parecía de preocupación… pero una ligera sonrisa se escapaba en sus labios pequeños y bien definidos.
—Pero es hoy o nunca —dijo, como si eso lo explicara todo.
El chico castaño puso los ojos en blanco, porque sabía que, al final, terminaría haciendo lo que Namjoon dijera. Como siempre.
En otro lado, ya dentro del instituto, el ambiente era completamente distinto.
Un chico de cabello castaño con reflejos dorados caminaba por el pasillo como si fuera el dueño absoluto del lugar. A su paso, las chicas susurraban; algunas se atrevían a gritar su nombre; otras simplemente se quedaban paralizadas.
Kim Seokjin no necesitaba hacer nada. Solo existir.
—¡Jin oppa! —gritó una, lanzándole un pequeño oso de peluche que él atrapó con una sonrisa capaz de derretir incluso a los profesores más estrictos.
A su lado, otro chico de cabello naranja teñido caminaba con una dulzura que contrastaba con el caos que lo rodeaba. Park Jimin aceptaba regalos con una sonrisa tierna, agradeciendo con una amabilidad que parecía genuina, porque lo era. Sus ojos azul claro brillaban con una luz casi celestial, y cada “gracias” que decía hacía que más corazones se rindieran a sus pies.
Un poco más atrás, un tercero caminaba en completo silencio.
Su cabello castaño claro casi brillaba bajo la luz de los ventanales, pero su atención estaba completamente en el libro que sostenía entre las manos. No levantaba la vista. No le importaban los gritos, ni las miradas, ni nada que ocurriera a su alrededor.
Kim Taehyung vivía en su propio mundo.
Pero justo cuando Jin levantaba la mano para saludar a sus admiradoras, cuando Jimin agradecía otro regalo, cuando Taehyung pasaba una página sin mirar a nadie…
Algo ocurrió. Ellos giraron la cabeza, dispuestos a entrar al salón, cuando vieron a un grupo de estudiantes buscándolos como locos. Habían perdido un juego por culpa de ellos… y ahora los estaban persiguiendo.
A los tres.
Kim Seokjin, Park Jimin y Kim Taehyung.
Cuando finalmente los encontraron, gritaron al unísono:
—¡USTEDES TRES, VENGAN AQUÍ!
Los tres se quedaron paralizados por un segundo.
Luego reaccionaron.
Y salieron corriendo.
No lo pensaron. No dudaron. Simplemente corrieron como si su vida dependiera de ello, esquivando estudiantes, girando en los pasillos, escapando entre gritos y caos.
Cuando llegaron a la salida, chocaron de frente con Min Yoongi y Jeon Jungkook.