Lessons In Love

CAPÍTULO 2 : EL PASADO

Tres Años Atrás.

Hoy era un buen día para los estudiantes de la preparatoria Nuri High School. Todos estaban llegando: nuevos, antiguos, becados. Mochilas nuevas, uniformes impecables y esa mezcla de nervios y emoción que solo el primer día de clases puede traer. Algunos llegaban con sus padres; otros, solos; algunos con hermanos. Unos en carro, otros caminando, otros en autobús.

Pero, cerca de las calles que rodeaban el instituto, un chico se movía diferente.

No iba en carro.

No iba caminando.

Iba en una patineta a toda velocidad, con una maleta de Iron Man colgando de su espalda, como si fuera un superhéroe en su primera misión. Su cabello negro oscuro volaba desordenado; sus ojos brillaban con la emoción de un niño al que acaban de regalarle el mejor juguete del mundo, y sus pulmones se encargaban de anunciar su llegada.

—¡CUIDADO! ¡VA PASANDO EL IRON MAN!

Esquivaba autos, estudiantes y postes con una precisión que solo la adrenalina podía otorgar. Cada esquina era un nuevo desafío; cada segundo, una nueva oportunidad para sentirse vivo.

Pero, en un momento, a lo lejos, vio a un chico caminando tranquilamente con unos audífonos puestos a todo volumen.

El muchacho estaba tan concentrado en su música que no escuchó los gritos.

—¡CUIDADO! ¡CUIDADO!

Jungkook gritaba con todas sus fuerzas. El chico de los audífonos volteó justo cuando la patineta estaba encima.

No se movió.

Se quedó quieto, observando.

Jungkook intentó esquivarlo. Giró la patineta con un movimiento brusco, pero, en ese instante, algo falló. Perdió el control.

Y terminó cayendo directamente en unos arbustos.

El chico de los audífonos se acercó lentamente, inclinándose para ver si estaba bien. Jungkook levantó la cabeza justo cuando él se agachaba.

PUM.

Cabeza contra cabeza.

Los estudiantes alrededor soltaron risas. Algunos dudaban si ayudar; otros simplemente siguieron su camino.

Yoongi se llevó una mano a la nariz, sintiendo el dolor recorrerle el rostro.

—¡AUUU! ¡ESO DOLIÓ!

Jungkook se sujetó la cabeza con ambas manos.

—¡ASH! ¡MI CABEZA!

Ambos permanecieron unos segundos frotándose las zonas golpeadas. Y, en medio del dolor, sus miradas se encontraron.

Fue solo un instante. Un silencio extraño, como si ya se conocieran de algún lugar… aunque fuera la primera vez que se veían.

Yoongi fue el primero en romper el momento. Se levantó como si nada hubiera pasado y se ajustó los audífonos al cuello.

Pero Jungkook también se levantó rápidamente y se colocó frente a él con una sonrisa que iluminaba toda la calle.

—¡Hola! Me llamo Jeon Jungkook. Bueno… Jungkook —giró la cabeza, pensativo—. O también Kook, como galleta. O JK. O Iron Man. ¡Como prefieras!

Yoongi lo ignoró por completo y siguió caminando.

Jungkook lo siguió, sin rendirse.

Entonces Yoongi se giró. Su mirada era fría, seria, con ese delineado oscuro que le daba un aire peligroso.

—No me interesa.

Se dio la vuelta y continuó su camino.

Jungkook se quedó quieto un momento, llevándose una mano al pecho como si lo hubieran herido. Su expresión parecía la de un perro regañado.

—Aush… qué frialdad. ¿Aquí son así?

Tomó su maleta de Iron Man, recogió su patineta y la llevó caminando hacia el parqueadero. Aunque su energía seguía intacta, por dentro sentía que el día había comenzado con un pequeño fracaso.

Desde una ventana del segundo piso, alguien lo había visto todo.

Kim Taehyung apoyaba su barbilla en el marco, su cabello castaño claro casi brillando bajo la luz de la mañana. Observó al chico que salía de los arbustos, al de los audífonos que lo ignoraba… y una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

—Por qué los nuevos siempre son torpes…

Tomó su libro, volvió a su asiento y siguió leyendo como si nada hubiera pasado.

Por otro lado, en los pasillos principales, un estudiante caminaba con demasiada seguridad.

Kim Seokjin no necesitaba mirar a nadie para saber que todos lo miraban a él. Su cabello castaño con reflejos dorados, su nariz fina y sus labios bien definidos lo hacían destacar sin esfuerzo. Las chicas susurraban a su paso; algunas se atrevían a hablarle, otras simplemente se quedaban inmóviles.

—Oye —dijo una chica, acercándose con timidez—, ¿me puedes decir dónde está el salón de invitados? Estoy perdida.

Jin le dedicó una sonrisa impecable. Señaló el camino con elegancia y, antes de que ella se fuera, le guiñó un ojo.

—Gracias —respondió ella, completamente sonrojada.

Jin continuó caminando, como si el mundo girara a su alrededor.

Y entonces chocó con alguien.

Un chico de cabello rosado, elegante incluso en su forma de caer, sostenía un bombón entre los dedos como si fuera un accesorio. Kim Namjoon lo miró con sorpresa… y luego con calma.

Jin se acomodó el saco con delicadeza, como si el contacto lo hubiera ensuciado. Lo observó de arriba abajo con frialdad.

—Fíjate por dónde pasas.

Namjoon sostuvo su mirada sin parpadear. Sus ojos café claro brillaron con un leve destello de diversión.

—Patético.

Dio media vuelta y se alejó.

Jin permaneció inmóvil un segundo, tensando la mandíbula. Algo en ese chico había tocado un punto que ni él mismo entendía.

Cerca de la entrada del instituto, un chico de cabello naranja teñido era el centro de atención.

Park Jimin recibía regalos con una dulzura que derretía a cualquiera. Cartas, dulces, pequeños detalles. Él aceptaba todo con una sonrisa sincera, agradeciendo como si cada gesto fuera único.

Todos lo llamaban el “Niño Pollito”. Porque quien conocía a Jimin, conocía la ternura pura.

En ese momento, una chica se acercó con evidente nerviosismo. A su alrededor, otras susurraban y reían por lo bajo.

Jimin la miró.

Ella le ofreció un pastelito casero con manos temblorosas.



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En el texto hay: escolar, romance, romance drama

Editado: 08.04.2026

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