Lessons In Love

CAPÍTULO 4 : SER VISTO

Otro día normal en el Instituto Nuri High School.

Los estudiantes ya estaban preparados. Sabían que, a la misma hora y en la misma calle, aparecían los mismos chicos.

Pero esa mañana algo era diferente.

Jungkook y Hoseok venían corriendo.

Sin patinetas.

Aquello le pareció extraño a más de uno. ¿Los chicos más energéticos del instituto, los que volaban por las calles como si el asfalto fuera suyo, caminando como simples mortales?

—¿Dónde están las patinetas? —preguntó un estudiante mientras los veía pasar.

—¿Se las robaron? —susurró otro.

La respuesta era más simple de lo que parecía.

El profesor Kang Jaehyun se las había quitado. Castigo. Las recuperarían el lunes de la semana siguiente. Mientras tanto, debían usar sus propios pies como cualquier ser humano normal.

—¡Esto es humillante! —se quejó Jungkook, trotando al lado de Hoseok, con la respiración entrecortada—. ¡La gente nos mira como si estuviéramos enfermos!

—¡Somos enfermos! —respondió Hoseok, riendo entre jadeos—. ¡Enfermos de velocidad!

—¡NO ME AYUDAS!

Los dos corrían juntos, como siempre.

Eran tres, en realidad.

Porque, a unos metros, caminando con su paso tranquilo de siempre, los seguía Yoongi. Sin patineta, sin prisa, con los audífonos puestos y esa expresión de “yo no tengo nada que ver con estos dos”.

Pero iba con ellos.

Como siempre.

En un rincón del colegio, alguien los observaba.

Kim Seokjin estaba apoyado contra la pared de la entrada principal, con su uniforme impecable, su cabello castaño con reflejos dorados brillando bajo el sol de la mañana, y una expresión que intentaba parecer casual, aunque escondía algo más.

Las chicas a su alrededor susurraban, como siempre. Algunas se acercaban, como siempre. Él sonreía, agradecía, guiñaba un ojo…

Pero sus ojos no estaban en ellas.

Sus ojos estaban en ellos.

En los tres que corrían, que reían, que se empujaban, que parecían vivir en un mundo aparte al que nadie más podía acceder.

Jin los observaba desde hacía semanas.

Desde aquel día en que los vio por primera vez: Jungkook cayendo de la patineta, Hoseok bailando en el edificio abandonado, Yoongi rapeando en un callejón con una pasión que no mostraba en ningún otro lugar.

Él conocía sus secretos.

Sabía que Jungkook cantaba cuando nadie lo escuchaba. Sabía que Hoseok ensayaba hasta el amanecer. Sabía que Yoongi escribía versos en servilletas que luego tiraba a la basura.

Y quería estar ahí.

Quería que lo vieran. Que lo invitaran. Que le dijeran: “Hey, tú también”.

Pero había un problema.

No sabía cantar. No sabía bailar. No sabía rapear.

Lo único que sabía hacer era ser Kim Seokjin: el guapo, el popular, el que sonreía y hacía suspirar a todos. El que caminaba como si el mundo fuera suyo… pero que, en realidad, se sentía más solo que nunca.

Todos los días, antes de que ellos llegaran, se colocaba en el camino. Justo en el punto donde Jungkook y Hoseok solían pasar con sus patinetas. Calculaba el ángulo, la distancia, el momento exacto.

Plan A: que chocaran con él.

Así podría decir “hola, cuídense” y comenzar una conversación.

Pero siempre fallaba.

Un día giraron antes. Otro día frenaron a tiempo. Otro día ni siquiera lo vieron, distraídos por Yoongi.

Una vez incluso llevó un pequeño cartel que decía “CUIDADO”, pero Hoseok pasó tan cerca que el cartel salió volando y Jin terminó corriendo tras él por media cuadra, con una dignidad cuestionable.

Nunca lo veían.

Era como si existiera un campo de fuerza invisible que lo mantenía fuera.

Pero ese día fue diferente.

Ese día no había patinetas.

Ese día iban corriendo.

Sin frenos. Sin precisión.

Jin se colocó en su sitio habitual. Respiró hondo. Acomodó su cabello. Ensayó su mejor sonrisa.

Hoy sí, pensó. Hoy sí me van a ver.

Los vio acercarse.

Sintió el corazón latiéndole con fuerza.

Se preparó.

Y entonces…

CHOQUE.

Jungkook impactó directamente contra él. La mochila de Iron Man salió volando. Jin cayó al suelo con una elegancia que ni siquiera el golpe logró borrar por completo.

Quedó sentado, con el uniforme manchado, el cabello desordenado… pero con los ojos brillando de esperanza.

Por fin.

Jungkook se levantó rápido, recogió su mochila y se inclinó hacia él, preocupado.

—¡Lo siento mucho! ¿Estás bien? ¡Perdón!

Jin alzó la mano, sonriendo con una sinceridad que no mostraba desde hacía semanas.

—Hola.

Jungkook lo miró.

Y luego miró hacia atrás.

—¡Jungkook! ¡Vamos! ¡Yoongi ya se adelantó! —gritó Hoseok.

Jungkook asintió. Le dio una palmada en el hombro a Jin.

—Perdón otra vez, nos vemos.

Y se fue corriendo.

Jin se quedó sentado en el suelo.

Con la mano levantada.

Con la sonrisa congelada.

Con el “hola” perdido en el aire.

Escuchó las risas alejándose.

Y él seguía ahí.

Una chica se acercó a ayudarlo. Otra le ofreció un pañuelo. Él sonrió, agradeció, hizo lo de siempre.

Pero por dentro…

algo dolía.

¿Por qué no me ven?, pensó.

Los días pasaron.

Jin lo intentó todo.

Galletas, mapas, camisetas, bailes…

Siempre lo mismo.

Ellos seguían de largo.

Hasta que un día…

decidió intentar algo distinto.

Se acercó sin trucos.

Sin máscaras.

Con una libreta en la mano.

—¿Qué haces? —preguntó Jungkook.

Jin levantó la vista.

—Escribo… intento escribir canciones.

—Enséñame —dijo Jungkook, sentándose a su lado.

—A mí también —añadió Hoseok.

Yoongi, desde atrás, habló sin mirarlos:

—No escribo… pero puedo escuchar.

Jin sintió algo cambiar.

Leyó.

Torpe. Simple. Imperfecto.

Silencio.

—Está feo —dijo Jungkook.

—Horrible —añadió Hoseok.



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En el texto hay: escolar, romance, romance drama

Editado: 08.04.2026

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